Abrir las escuelas, ¿la única buena idea de Trump que nadie está escuchando?

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Estados Unidos, como muchos otros países, incluyendo México, mantiene las escuelas cerradas ante la propagación de la COVID-19.

Sin embargo, en ambos países los bares y restaurantes permanecen abiertos. Algunos países han reabierto sus centros de educación públicos con estrictas medidas de bioseguridad, como lo documentamos en esta nota. Sin embargo, algunas son aperturas parciales y otras cerraron ante la segunda ola de contagios masivos. 

Es por ello que el periodista ganador del premio Pulitzer, Nicholas Kristof se cuestiona en su último artículo en The New York Times, ¿cuáles son nuestras prioridades?

“He enseñado en la misma escuela de bajos ingresos en los últimos 25 años y de verdad, puedo dar fe de que la educación a distancia le está fallando a nuestros hijos”, es el testimonio de la maestra de inglés LaShondra Taylor en Florida, que recoge el periodista en su texto de opinión.

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El motivo de esto, es que algunos estudiantes no tienen computadora ni wifi, además de la sobrecarga de trabajo que presentan en sus hogares, o de tener que ser parte de la manutención de las familias, luego de los recortes de empleos que han ocurrido tanto en México como en Estados Unidos.

Los estudiantes están luchando

Para el periodista, cerrar escuelas debería de ser el último recurso que Estados Unidos (y el mundo) deberían utilizar.

Si bien, todo lo relacionado con la pandemia se ha politizado, la discusión sobre la reapertura de las escuelas fue más polémica después de que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump se pronunció a favor, provocando que los demócratas de inmediato dijeran “no”, a la medida, de acuerdo con Kristof.

Lo malo de haber dado a conocer esta posición en mayo de 2020, fue que el pronunciamiento se dio en medio de sus intentos por minimizar las consecuencias de la pandemia. Sin embargo, no estaba equivocado.

“Tanto en Europa como en los Estados Unidos, las escuelas no se han relacionado con una transmisión sustancial, y no se ha demostrado que las y los maestros y las familias tengan un riesgo adicional. Mientras tanto, ha aumentado la evidencia del costo humano del cierre de escuelas”, explica Kristof.

El reto de la falta de conectividad no es exclusivo de Estados Unidos. Cuestione ha documentado cómo la pandemia de la COVID-19 amplió la brecha digital existente en México. 

“El cierre de escuelas magnifica estas desigualdades, ya que muchas escuelas privadas permanecen abiertas y los padres adinerados pueden ayudar a que los niños a adaptarse al aprendizaje remoto. Al mismo tiempo, los niños de bajos ingresos se quedan aún más atrás”, agrega el periodista en NYT.

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En específico, Estados Unidos enfrenta dos problemas más: el de la dependencia a los opiáceos que padece su población y que el periodista describe también como “la otra pandemia”, que provoca que uno de cada ocho niños vivan en un “hogar caótico” y para los que asistir a la escuela se convierte en una especie de salvación.

Y el segundo, que México también padece, es la pobreza en la que viven las y los estudiantes. “Los estudiantes están luchando”, explica Austin Beutner, superintendente del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles.

Otro de los datos que da el periodista es que los estudiantes que desertan, tienen vidas más cortas.

“Así que mientras el virus mata, también lo hacen los cierres de escuelas”, detalla.

Esta afirmación tiene su sustento en el estudio realizado por JAMA Network, que habla de años de vida perdidos producto de la deserción escolar, una letalidad mayor que la que pudiera presentar debido a la reapertura de las escuelas.

Finalmente, Nicholas Kristof invita a seguir el ejemplo de Europa: cerremos bares, abramos escuelas. 

¿Y si en México comenzamos a hacer lo mismo?

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