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Extradición de “Los Chapitos” a EU no detendrá la violencia, pero es una útil estrategia electoral

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Ovidio, Jesús Alfredo, Archivaldo y Joaquín son “Los Chapitos” y la DEA los señala como objetivos prioritarios. Es decir, que al momento de su detención en México, el gobierno de Estados Unidos solicitará su extradición para que paguen condenas en cárceles norteamericanas. Una vieja estrategia política que poco efecto tiene sobre el control de drogas, advierten especialistas. 

“Los Chapitos” acumulan coincidencias peligrosas. Son hijos del narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán, líderes del Cártel de Sinaloa y son extraditables en medio de un ambiente electoral por las elecciones presidenciales que se disputarán en Estados Unidos el próximo año.

Para José Wall, un ex agente federal del gobierno de Estados Unidos, la extradición de capos no hace la diferencia en materia de reducción del flujo y consumo de drogas. Lo considera más bien “un show montado por las autoridades” para un público que quiere creer que es una buena estrategia de justicia pero en realidad no afecta el movimiento de la droga. 

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“Para hacer una diferencia sustancial se tendría que detener a la mayoría de los operadores del grupo delictivo y mantenerlos en prisión por años”, explica en entrevista a Cuestione.

La semana pasada la DEA solicitó la inmediata extradición de 16 integrantes del Cártel de Sinaloa entre ellos los cuatro hijos de Guzmán Loera.  

Las autoridades de los Estados Unidos quieren desmantelar y condenar a quienes consideran como los responsables de haber generado una crisis de salud pública a través del tráfico de fentanilo y “Los Chapitos” están en esa lista.

Para el periodista Alejandro Almazán, autor de El más buscado, Chicas Kalashnikov y Otras Crónicas, Entre perros y otros libros más, la solicitud de extradición de la DEA a los cuatro hijos de Joaquín Guzmán es una estrategia electoral y de presión de la DEA hacia México.

“La extradición lleva muchos años en México y se ha usado más políticamente que por un sentido de justicia. Si de justicia se tratara, los capos tendrían que ser juzgados en su país, ahí cometieron más crímenes. Pero esta idea de los gringos de ser el Capitán América ha cambiado el sentido de la justicia, solo se hace justicia en Estados Unidos”, explica Almazán. 

“El discurso de la seguridad siempre funciona con los gringos. Creo, de refilón, que la DEA aprovecha estos momentos de diplomacia fracturada para ver qué consigue porque después de que el gobierno mexicano los echara, la DEA está furiosa”, dice el periodista.

Durante su comparecencia en la Cámara de Representantes, Anne Milgram,  directora de la Administración de Control de Drogas, dijo que pedirá a México la “inmediata” extradición de Ovidio Guzmán y la detención de sus hermanos como parte de una operación para desmantelar la mayor red de tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. 

El fentanilo ha cobrado la vida de un millón de personas en EU entre 1999 y el 2023, de acuerdo con la Comisión para el Combate de Tráfico de Opioides Sintéticos y estos decesos por sobredosis se consideran hoy como una pandemia. Los responsables, según la DEA, tienen el apellido Guzmán y varios están libres en México. 

La misma Comisión para el Combate de Tráfico de Opioides Sintéticos ha señalado a México como la principal fuente de fentanilo y sus derivados. 

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Hace cuatro años la DEA descubrió que el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco, utilizaban al menos trece rutas para llevar fentanilo hacia los EU desde los puertos de Manzanillo, en Colima, y Lázaro Cárdenas, en Michoacán, con precursores provenientes de China, Hong Kong y Singapur.

Hoy en palabras de Anne Milgram, “nuestra más alta prioridad es obtener que esos 16 mexicanos sean traídos a los Estados Unidos a enfrentar a la justicia en una corte criminal”.

La larga historia de los extraditables

Joaquín “El Chapo” Guzmán nunca quiso ir a una cárcel en Estados Unidos. Es más, su extradición finalmente fue aceptada en el año 2016, pero se había retrasado debido a la solicitud una serie de amparos para frenar del proceso, como documentó el New York Times.

La extradición de Loera se llevó a cabo en medio de la polémica entre el gobierno de México y el de EU. El gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto había dicho que el narcotraficante debía cumplir condenas en su país, y que no sería extraditado hasta “unos 300 o 400 años después”, advirtió Jesús Murillo Karam, entonces Procurador General de la República. 

Finalmente, el Chapo fue extraditado y hoy está en la prisión ADX Florence en Colorado, la más segura de EU, procesado por delitos de narcotráfico, asociación delictuosa, lavado de dinero y homicidio. 

Pero la extradición de Guzmán Loera no cambió la realidad del narcotráfico en México, incluso a seis años de distancia de su traslado a los EU, hay alrededor de seis cárteles operando en territorio nacional, de acuerdo con las filtraciones de Guacamaya Leaks.

Pero no es la primera vez que la DEA pide extraditar a líderes del narcotráfico en América Latina. El día que Pablo Escobar, el capo de la mafia colombiana, supo que Estados Unidos y Colombia hacían sus primeras negociaciones para extraditar narcotraficantes entre 1984 y 1986, la violencia en Colombia creció. Escobar “confrontó al Estado y demostró que la violencia extrema puede obligar a los gobiernos a negociar”, se lee en Insight Crime.

En un acto de desesperación, Escobar ofrecía -a cambio de frenar la extradición- la ubicación de sus laboratorios, las rutas de tráfico de cocaína hacia Estados Unidos, las flotas aéreas, su entrega y la de sus socios, contó Fabio Castillo en el libro “Los jinetes de la cocaína”

Pero no conseguía detener la decisión del gobierno por extraditarlo a EU y de ahí se le atribuye una de las frases más célebres que hoy hace parte de narcocorridos y series de la televisión colombiana: “Prefiero una tumba en Colombia que una celda en los Estados Unidos”. 

Para el periodista Alejandro Almazán, Pablo Escobar era un loco nacionalista. “Desde ahí entiendo su dicho”. Pero los capos mexicanos, dice Almazán, “son unos tipos neoliberales que prefieren cinco años como reyes, que 50 como güeyes”. 

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El paso siguiente de Escobar en noviembre de 1986 fue por las malas. Creó un grupo de terror al que llamó Los Extraditables, integrado por narcotraficantes que tenían orden de extradición en EU. Su objetivo: quitar del camino a todo aquél que apoyara la extradición de colombianos al exterior, incluyendo las decisiones tomadas desde el Congreso.

Durante cinco años, Los Extraditables se organizaron y enviaron unos cincuenta mensajes escritos a los medios de comunicación colombianos para exigirle al gobierno erradicar la extradición y reivindicar su autoría en secuestros, atentados, asesinatos, amenazas. 

“Esas sentencias de muerte, que muchas veces se cumplieron, las hicieron casi siempre contra políticos, periodistas, magistrados y defensores en su momento de la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos”, se lee en la última carta que enviaría el grupo delictivo publicada en el diario El Tiempo, de Bogotá, Colombia bajo el título: “Fin del terror”.

“Escobar mató a lo loco, usó bombas y al final terminó con el pueblo odiándolo y muerto, con el gobierno de EU aferrado a terminar con él”, explica Wall, ex agente federal de los Estados Unidos que participó en el seguimiento a grupos del crimen organizado. 

¿Habrá más violencia en México con la solicitud de extradición de ‘Los Chapitos’?

La mañana del viernes 6 de enero de 2023 en Sinaloa todo fue oscuridad. Olía a pólvora y humo en las calles sinaloenses. En las carreteras comenzaron a aparecer camiones incendiados.

En el aeropuerto internacional de Culiacán pasaba también algo atípico desde el jueves, la noche anterior. Once grupos de la delincuencia organizada habían bloqueado los accesos con armas largas y cortas.  Dispararon también contra un avión de Aeroméxico que iniciaba las maniobras para su despegue.

“¿Por qué? ¿Por qué, mamá?”, se escuchó preguntar a un niño entre llantos en un video grabado en el interior de un avión donde los pasajeros se protegen tumbados en el suelo, reportó la BBC desde su corresponsal en México.

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“Por seguridad de todos los pasajeros, el aeropuerto se encontrará cerrado de las 08:30 horas hasta las 22:00 horas, cualquier duda sobre tu vuelo comunícate con tu aerolínea, evita acudir al aeropuerto. Te recomendamos seguir fuentes oficiales”, se anunció en Twitter desde la cuenta oficial del aeropuerto de Culiacán.

Fue parte de la ola de violencia que estremeció a esa ciudad el 5 de enero de este año cuando capturaron a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo Guzmán, hoy pedido en extradición. La violencia dejó un saldo de al menos 29 muertos: 10 militares y 19 presuntos criminales. Además, 35 personas resultaron heridas y 21 fueron detenidas.

Almazán le explicó a Cuestione que “Los Chapitos” ya son violentos y que no necesitan que pidan sus cabezas en EU para seguir esas prácticas. 

Alejandro sabe que el narcotráfico es un negocio y que “ninguna extradición lo va a detener”. “Mientras exista un adicto, habrá tráfico ilegal de drogas. Y si caen ‘Los Chapitos’, vendrá la nueva generación, eso nos dice la historia” .

La respuesta al narcotráfico podría estar en el libro Capitalismo Gore, de la filósofa y feminista tijuanense Sayak Valencia, recomienda Almazán. En él queda claro que el problema del narco no solo es la violencia sino el modelo económico que lo sostiene: el neoliberalismo. En resumen, “se quiere combatir un problema estructural con maquillaje justiciero”, puntualiza el periodista y hace una analogía entre Pablo Escobar y ‘Los Chapitos’.

Mientras Pablo Escobar bailaba salsa, estos morros de ahora subsidian a Peso Pluma y a Natael Cano. Nunca antes un cártel había hecho política con los corridos. Los chapitos lo han hecho, pero eso no es nacionalismo, es neoliberalismo puro”.

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Para finalizar, Alejandro Almazán dice que no cree que la extradición repercuta en un aumento de la violencia en México. Sin embargo, José Wall, ex agente federal estadunidense le dice a Cuestione que “nada, ni la violencia, ni las amenazas o americanos muertos, causa que el gobierno de Estados Unidos se detenga cuando se decide a cumplir con un objetivo”. 

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