Free Porn





manotobet

takbet
betcart




betboro

megapari
mahbet
betforward


1xbet
teen sex
porn
djav
best porn 2025
porn 2026
brunette banged
Ankara Escort
1xbet
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
1xbet-1xir.com
betforward
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
betforward.com.co
deneme bonusu veren bahis siteleri
deneme bonusu
casino slot siteleri/a>
Deneme bonusu veren siteler
Deneme bonusu veren siteler
Deneme bonusu veren siteler
Deneme bonusu veren siteler

Familias jornaleras: De Nayarit a Guerrero, 25 horas de música y alegría por volver a casa

Compartir:

- Advertisement -

Por Blanca Juárez

Se sentían montañas en la planicie. Eran lluvia después de la sequía, euforia por volver a casa. Risa en el audiomensaje, a veces en náhuatl, avisando que están por salir. Impaciencia y luego un suspiro porque mañana estarán en su hogar.

—No llores, bebé, ¡ya nos vamos a la Montaña! — le dice un jornalero a su hijo mientras trepa al autobús a zancadas.

El juguete del niño, de unos tres años de edad, quedó en el maletero del autobús entre costales con ropa y cobijas, trastes, escobas, pantallas de tv, bocinas de karaoke, escobas. Pero el papá intenta convencerlo de que su pena no se compara con la felicidad de volver a casa. El nene sigue llorando.

Después de casi 40 minutos acomodando la mudanza de 37 personas, el autobús parte cerca de las 9:30 de la mañana de un jueves. El trayecto durará 25 horas desde el norte de Nayarit hasta la región de la Montaña de Guerrero, de donde son originarias estas familias jornaleras migrantes.

Te puede interesar: Explotación de jornaleros agrícolas: un delito que ni se persigue ni se sanciona

Mil 150 kilómetros que la mayoría ha recorrido varias veces, varios años. Llegaron a Nayarit en noviembre de 2023, adelantando el viaje previsto para diciembre. Los daños del huracán Otis en sus milpas les obligaron a apresurar el éxodo.

Es mayo de 2024 y apenas regresan a Guerrero. Medio año después, pero un mes antes de lo pronosticado. El intenso calor dañó la producción de las empresas agrícolas y no hay más que cosechar. Los patrones enviaron a las familias jornaleras a sus casas con una menor paga.  

En 2023, la región de la Montaña de Guerrero envió al Bajío, Centro y Norte del país 12,493 jornaleros y jornaleras, según el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. En la diáspora iban 3,997 niñas y niños indígenas que tuvieron que abandonar sus estudios.

familias jornaleras, jornaleros, trabajo agrícola, pobreza, Guerrero
Jornaleros agrícolas en un campo de Nayarit. Foto: Blanca Juárez

Familias jornaleras sin tierras ni sueños

Dos días antes del regreso a la Montaña, Feliciana Gómez prende un pequeño ventilador, cuyo efecto es más psicológico que refrescante. El calor de 38° C sube a 40 dentro el cuarto de tres por cuatro metros que habita con sus dos hermanos y su papá.

Por seis meses han vivido en un albergue para familias jornaleras migrantes, uno de varios que hay en Nayarit. Algunos son propiedad de las empresas agrícolas y otros, de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Ninguno ofrece condiciones dignas. Cada familia jornalera habita un cuarto diminuto, por lo que viven en hacinamiento. Algunos están construidos con tabique y techo de concreto, pero otros son saunas con paredes y techo de láminas de zinc. Los baños son compartidos para todas las personas.

Estos complejos están a por lo menos media hora en carretera del poblado más cercano; no hay transporte público para llegar o salir y la señal telefónica es intermitente. Hace un mes, una joven entró en labor de parto y fue muy complicado trasladarla a un hospital.

Feliciana Gómez es la mayor de seis hermanos, ella terminó la secundaria. Su papá y su mamá no saben leer y escribir. Sus hermanos de 17 y 15 años no terminaron la primaria.

El 52% de las personas jornaleras ganan menos de un salario mínimo al día. En sus lugares de origen carecen de tierras o ésta son mínimas, lo que siembran es para autoconsumo, no les deja dinero.

Entonces, tienen que migrar a sembrar y cosechar la tierra de otros. Su trabajo requiere de muchos meses, por eso se llevan a sus hijas e hijos. Pero el sistema educativo no se ha adaptado a la vida nómada que deben llevar.

La existencia de las familias jornaleras es una constante lucha por sobrevivir. Así, su visión del futuro se limita a cómo resolverán el día siguiente.

familias jornaleras, albergues jornaleros, pobreza, Guerrero
Toallas y cobijas y mantas que sirven de cama se secan al sol en el albergue para familias jornaleras. Foto: Blanca Juárez.

Te recomendamos: Cambios en el programa para jornaleros migrantes en EU promete mejores condiciones de trabajo

El tatuaje secreto

—Cuando estoy en mi pueblo, ya que acabamos el quehacer, mi mamá y yo nos sentamos a platicar. Ya quiero verla.

Es de noche y Feliciana Gómez terminó el quehacer, pero no tiene a su mamá, ni fuerzas para platicar.

Como todos los días, se levantó a las 4 de la mañana, hizo tortillas y empacó el lonche para ella, sus hermanos y su papá. Luego, se fueron al corte de tomate. Al regresar, ella volvió a hacer tortillas y les dio de comer. Lavó su ropa, la de sus hermanos y la de su papá. Después, hizo la comida para el día siguiente.

—Ya merito la voy a ver.

Este año, la madre optó por quedarse en la Montaña para evitar exponer a su hija de un año a la migración jornalera y para que sus otras hijas terminen la primaria. Hará mucha falta el ingreso económico que dejó de aportar.

Feliciana Gómez vive en una melancolía tan suave, que la gente llega a desear acompañarla a ese mundo. Pero entonces, ella sale con una sonrisa para despistar.  

—¡Cuando lleguemos, le voy a enseñar esto que me hice ayer!

Mira para ambos lados para asegurarse de no ser observada, sonríe y muestra un tatuaje en el hombro. Es una rosa. Tiene 19 años, pero le pidió permiso a su mamá para grabarse la piel. Su papá no lo sabe.

—¿Quién te lo hizo?

—Un muchacho de aquí.

“De aquí” quiere decir otro jornalero que vive en el albergue.

El soundtrak de la explotación laboral

De Nayarit a Jalisco, la banda sonora es del Grupo Bryndis. “Qué sólo estoy aquí/ Y me hace tanto daño”. El chofer del autobús es también el DJ de una fiesta que durará 25 horas.

A mediodía, el conductor para en un restaurante sobre la carretera Tepic-Guadalajara. Almuerza rápido y espera paciente a que las familias coman con calma. Sabe, sin comunicarlo, que no volverá a detenerse para tomar alimentos, aunque falten 23 horas de camino. Arranca el autobús. Grupo Bryndis vuelve a sonar.

Lauro Díaz se pone sus audífonos y se acurruca como puede en el duro asiento. Tiene 16 años, llegó a Nayarit con dos perforaciones en las orejas y regresa con otras dos y un par de tatuajes. El jornalero tatuador tuvo mucho trabajo esta temporada.

Antier, en el corte de tomate cherry, Lauro Díaz escuchaba a Santa Grifa, una banda de rap tamaulipeca. “Ya no estoy morro, ya perdí la inocencia/ Ahora dicen que soy sólo un dolor de cabeza”.

Cada surco tenía un ritmo. En el que trabajaba don Benicio Alonso, de 64 años de edad, se oía el corrido Laurita Garza, de Los Invasores de Nuevo León. Más allá, un adolescente escuchaba —y anhelaba— La vida loca, un trap del grupo CAIZ. La ensalada a la que lleguen esos tomates sabrán a desamor y descontrol.

En 2022, empresas agrícolas lograron que el Congreso de la Unión disminuyera la edad mínima para trabajar en el campo, de 18 a 16 años.

Pero la prohibición se mantiene para labores de corte o siembra y la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) alista la Norma Oficial Mexicana (NOM) 038 que refrendara ese veto.

Las empresas, al servirse de la fuerza de trabajo de adolescentes como Lauro Díaz, violan el artículo 176 de la Ley Federal del Trabajo.

familias jornaleras, pobreza, jornaleros, adolescentes jornaleros, trabajo infantil
Una adolescente jornalera trabaja en un campo agrícola de Nayarit. Foto: Blanca Juárez

Mira este texto: Planta de fertilizantes en Sinaloa impulsará al campo mexicano y ayudará al abasto alimentario 

El corrido del Viaje a casa

—¡Baño, chofer!

El autobús no tiene sanitario, un jornalero le pide que se detenga porque su esposa necesita orinar. La solicitud se vuelve masiva. Veinte minutos después, el chofer por fin encuentra una gasolinera con baños.

Hay varios niños y niñas pequeñas durmiendo tendidas en el pasillo del autobús. Un joven jornalero ayuda a levantarles y les entrega a sus mamás para que puedan bajar al baño. Cuando todos regresan al autobús son casi las 5 de la tarde.

La ruta más rápida para llegar a la Montaña es mantenerse por la carretera federal 15 D, que viene desde la frontera con Estados Unidos, en Nogales, Sonora.

Pero eso implica recorrer el interior de Michoacán, una de las entidades que siguen manteniendo altos niveles de inseguridad debido al crimen organizado. De enero a abril de 2024, fue la quinta entidad con más homicidios dolosos: 488.

Al llegar al entronque con la carretera La Piedad-Sahuayo, el conductor toma esa vía para avanzar por las orillas de Michoacán. Pronto estarán en Guanajuato, el estado con más homicidios, en el mismo periodo tuvo 839, y la entidad con más fosas clandestinas halladas entre 2020 y 2022: 187.

Esa ruta le suma poco más de una hora al trayecto a Guerrero, la entidad que ocupó el séptimo  lugar de más homicidios dolosos de enero a abril, con 442. Un estado que es además de los más empobrecidos. Y, después del “Triángulo dorado” de Sinaloa, Chihuahua y Durango, Guerrero y Nayarit son los otros estados con más cultivos de amapola.

La noche ha caído y para el chofer hay que dejar las caras largas, la fiesta apenas comienza. Ahora suena C Armó, de Los Dareyes de la Sierra y Larry Hernández, un corrido tumbado con mezcla de hip-hop. “Criado en la calle nacido bandido/Ya no me fijo en el brillo/ Tengo varios dolaritos/Se están cruzando los kilos”.

Es osado, porque ya en Guanajuato pone La última sombra, de Gerardo Ortíz. “Mi jefe el Padrino/ Con Juancho y Nachito Guzmán, el Chapito/ También la familia es parte del equipo”.

Pero como toda fiesta, se llega a José José. “Cuando vayas conmigo, no mires a nadie/Que tú sabes que yo no consiento un desaire”. Vicente Velázquez abraza a su esposa, Francisca Jiménez. Ella se recarga en el pecho huesudo de su delgado esposo.

Ambos tienen 55 años de edad y llevan más de tres décadas de matrimonio. Es la primera vez que van a trabajar a esa empresa en Nayarit y no les gustó.

“En Sinaloa, y en otros lados donde hemos ido, nos pagan todo lo que cortamos. Aquí nos quitan los tomatitos que miran que no son bonitos y nos los descuentan. Como van para Estados Unidos, les mandan lo mejor”.

familias jornaleras, Guerrero, explotación laboral, pobreza
Tras más de 25 horas de viaje, las familias jornaleras han llegado de Nayarit a la Montaña de Guerrero. Foto: Blanca Juárez.

La travesía comienza de nuevo

Casi a las 11 de la mañana del viernes el camión llega a su destino final. Pero a las familias les esperan entre una y dos horas más de viaje hasta sus comunidades.  Están en Tlapa de Comonfort, el principal municipio de la Montaña de Guerrero. En total son 19 municipios, uno de ellos es Cochoapa el Grande, de donde es originario Javier Modesto Moreno, un niño jornalero de tres años de edad desaparecido desde los surcos agrícolas de Guanajuato el 15 de mayo de 2024.

Cochoapa es el segundo municipio más pobre del país, por detrás de San Simón Zahuatlán, en Chiapas. En esas localidades, el 99.4% y el 99.6% de sus poblaciones viven en pobreza económica, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Pero en realidad en esos rangos está todo el estado de Guerrero. En 2018, el 93% de su población vivía en situación de pobreza o con vulnerabilidad por carencias o ingresos.

El camión se estaciona a pie de carretera y los hombres se apresuran a abrir el maletero. Van repartiendo los pesados costales, enormes maletas y enseres que se llevaron para vivir seis meses a más de 1,000 kilómetros de casa.

Dos camionetas de redilas se aproximan. Son “las pasajeras”, el único medio de transporte a sus comunidades. Rápidamente las dos se llenan de costales y maletas. Hay poco espacio para todas las familias jornaleras, pero se hacen caber ocho personas en cada una. El resto, 21, tendrán que esperar a que lleguen otras o a que éstas vuelvan.

Feliciana Gómez va sentada en la cabina de una de las pasajeras. Mira por la ventanilla las montañas secas y deforestadas, pero sobrevivientes a millones de años y daños. Pese al abandono, se siguen alzando majestuosas. Ha llegado a su hogar.

La camioneta deja la carretera y se adentra por un camino de terracería. Al rato se asoma un caserío a las faldas de varios cerros. Baja al pueblo, cruza el esqueleto de un río y se detiene afuera de una casa de losa inacabada, sin aplanado y con pocos muebles.

familias jornaleras, Guerrero, explotación laboral, pobreza
El pueblo espera con ansia que las familia jornaleras lo vuelvan a habitar. Foto: Blanca Juárez

De la fresca oscuridad de la vivienda sale una mujer joven con ojos pequeños y un abrazo enorme para recibir a Feliciana. Mamá e hija se estrechan.

—Ya llegaste.

—Ya, mami.

Hablan bajito. Irinea González recibe a su hija, a sus otros dos hijos y esposo con tamales rojos que tienen el picor exacto. También hay frijoles y chicharrón de puerco.

Otras familias llegan a abrir sus casas. Por seis meses estuvieron cerradas, resguardadas con apenas un candado; pero, sobre todo, con la mirada vigilante de vecinas y vecinos que se quedaron

Algunas familias jornaleras regresaron hace dos semanas de Sinaloa, Baja California, Chihuahua, Durango, Zacatecas, Sonora, Jalisco y algunas otras entidades. Pero faltan muchas más. La comunidad poco a poco va llenándose de más olores a comida recién hecha y de risas de niñas y niños que dejaron sus ecos en los campos del norte como abono a la tierra. 

Ahora fertilizarán las milpas de sus familias, de las pocas familias jornaleras que tienen una parcela propia. El pueblo es pequeño, pero hay casas de dos o tres pisos construidas por las remesas enviadas desde Estados Unidos o del norte del país. Los comercios son unas cuantas tiendas de abarrotes o papelerías. Realmente no hay oportunidades laborales ni de generación de ingreso suficiente.

Algunas personas buscarán irse de nuevo a otro campo. Otras se quedarán a las fiestas patronales que ya comienzan. Por ejemplo, en dos semanas habrá dos bailes y muchas familias ya se preparan para asistir. Hay que aprovechar los momentos de goce. 

El silencio en la comunidad migrante va llenándose poco a poco con pláticas y música. “Cuando salgo a los campos me acuerdo/ De un amor que yo tuve en un tiempo/ Hoy me acuerdo y me da sentimiento/ Sentimiento por ese ingrato amor/”. Una vieja canción, Cuando Salgo a los Campos, en una versión del Dueto Bertin y Lalo sale de una casa. 

En una calle que se distingue entre las otras porque está pavimentada, pasa una mujer con sus tres hijos. Va llorando porque a uno de ellos, jugando con su hermano, se le rompió un diente y le quedó un pedazo de raíz que resistió al golpe. Lo llevó al centro de salud, que atiende temas muy básicos, pero les enviaron a Tlapa, a un consultorio dental privado. Pero ya son las 4 de la tarde y no hay transporte público que entre o salga de la comunidad. El niño sangra de la boca y está asustado. 

—Su esposo ya no le manda dinero y ya no está con ella. Por eso está más preocupada, porque ahora todo lo hará sola —comenta una vecina. 

La comida en el hogar que Irinea González mantuvo mientras la mitad de su familia trabajaba en Nayarit está lista. Sirve los platos, mientras Feliciana les entrega a sus hermanas los regalos que les trajo. Todo el camino vino abrazándolos, viendo como si fueran ellas.

Se sientan a comer. Feliciana Gómez le pregunta a su mamá si recibió el último depósito de dinero que le envió y aprovecha para decirle que quiere irse a Guanajuato, al corte de tomate. Parece que un camión saldrá a mediados de junio.

—Luego vemos, come, mija.

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

Recibe las noticias más relevantes de México cada mañana, inicia tu día informado.