Geoingeniería: una propuesta para frenar el calentamiento global con muchos riesgos

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La información más reciente de la ONU demuestra que la temperatura del planeta va a en aumento y no hay nada que las personas puedan hacer para arreglarlo. Sin embargo, hay propuestas, como la de la geoingeniería, que pueden mitigar un poco el calentamiento.

La geoingeniería consiste en la manipulación de la atmósfera y el océano mediante el uso de tecnología. 

Los seres humanos han contaminado y alterado por años los climas del planeta Tierra, ¿qué pasaría si se cambiara con el propósito de mejorarla? Con la geoingeniería existen beneficios y proyecciones positivas, pero también una serie de riesgos a considerar. 

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¿Una posible solución al calentamiento global?

La geoingeniería podría ser una herramienta para prevenir que la temperatura aumente todavía más. No es una idea nueva. En 1965, el Comité Asesor de Ciencias del entonces presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, sugirió que podría ser una respuesta para que el planeta dejara de calentarse.

La Fundación Heinrich Böll, una organización internacional que fomenta políticas ecológicas, define la geoingeniería como un conjunto de técnicas para intervenir en los sistemas (como la atmósfera y los océanos) para desacelerar el cambio climático. 

Para cumplir con aquel propósito, la geoingeniería, como bien lo expone el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), propone dos caminos principales: la retención de dióxido de carbono de la atmósfera o la regulación de la radiación solar. 

Como aquí lo explicamos, el dióxido de carbono (CO2) es un gas atmosférico que, en grandes cantidades, resulta perjudicial para el planeta porque no deja escapar el calor de la Tierra. Contenerlo implicaría reducir el CO2 en el aire y, con ello, prevenir que la temperatura aumente. 

Los árboles ya hacen este trabajo de forma natural, pero los métodos artificiales de la geoingeniería podrían ayudarlos. Sin embargo, estos son rudimentarios y caros, según el reporte del IPCC.

En cuanto a la gestión de la radiación solar, las propuestas se han enfocado, principalmente, en desviar la luz del sol, aunque también ocurre de manera natural. 

Por ejemplo, la erupción de 1991 del volcán Pinatubo en Filipinas generó 20 millones de toneladas de dióxido de sulfuro, lo cual ayudó a que la luz solar no pasara a la Tierra. Jeff Goodell, experto en temas sobre medio ambiente, explica que eso ayudó a que la temperatura en esa zona del planeta disminuyera 0.5ºC durante un par de años. 

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Una de las propuestas actuales es el proyecto SCoPEx de la Universidad de Harvard. El objetivo es lanzar a la atmósfera carbonato de calcio para reflejar parte de la luz del Sol.

¿Por qué apostar por la geoingeniería?

Este artículo de la revista Technology Review del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés) menciona que las simulaciones que han hecho los estudios de geoingeniería sugieren una disminución de la temperatura global y del nivel del mar.

La poca evidencia con la que se cuenta sugiere resultados positivos. En 2009, un equipo de científicos rusos rociaron partículas de aerosol desde un helicóptero y, como establecen, lograron reducir la cantidad de luz que llegaba a la superficie terrestre. 

El lado “oscuro” de la geoingeniería

Bárbara Unmüssig, directora de Heinrich Böll, explica que la geoingeniería gana cada vez más popularidad entre países altamente contaminantes (como Estados Unidos y Alemania) porque representa una solución tecnológica al cambio climático, pero sin modificar sus economías basadas en la quema combustibles fósiles (misma que produce CO2). 

Según la directora de la organización, la geoingeniería crea la ilusión de que hay caminos rápidos para retrasar el calentamiento global sin enfrentar las causas que lo originan, como, justamente, el aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. 

Entre las principales preocupaciones sobre la implementación de la geoingeniería, se expone en este reporte de Heinrich Böll, es el efecto político que puede tener. Es decir, el hecho de que algunos países se puedan encargar más que otros de modificar la temperatura global (sin siquiera atender realmente el origen del problema) generaría un desequilibrio más agudo en el poder entre países. 

De acuerdo con Bárbara Unmüssig, antes de pensar en cómo sería la implementación responsable de estas medidas, habría que regularlas bajo principios estrictos de precaución y exigir que también se atiendan las causas del cambio climático. 

Existen formas de enfriar el planeta, pero también es cierto que los seres humanos llevan años calentándolo.

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