Invisibilizadas: el desafío de las niñas Indígenas y Afromexicanas en México

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Por Sandra Morales

Las niñas indígenas y afromexicanas enfrentan un problema importante de marginación y falta de atención a sus necesidades específicas. En México viven diversos desafíos que a menudo están relacionados con la discriminación, la pobreza y la falta de acceso a oportunidades educativas y de salud.

Pero a pesar de que las vemos poco y hablamos menos de ellas, las Estadísticas del INEGI nos recuerdan que son parte de nuestro país. Los datos establecen que en México el 2% de la población infantil se autodescribe como indígena o afrodescendiente, representando a 427 mil personas, de las cuales el 49% son niñas, y la mayor presencia de ellas la tienen los estados de Guerrero, Estado de México, Oaxaca y Veracruz.

En 2022 el Congreso de la Unión declaró el 21 de noviembre de cada año como el “Día Nacional de la Niña Indígena y Afromexicana” con el objetivo de reconocer y concientizar sobre los derechos de este grupo poblacional vulnerable y poco visibilizado, además de tomar acciones en contra de la discriminación que sufren diariamente.

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Los principales problemas a los que se enfrentan estas niñas y que se pretende poner especial atención y énfasis con la declaración de este día son en educación, salud y temas de discriminación por raza o etnia.

A pesar de los esfuerzos realizados en México para mejorar el acceso a la educación, las niñas indígenas y afromexicanas a menudo enfrentan barreras para obtener una educación de calidad. Factores como la distancia a las escuelas, la falta de instalaciones adecuadas y la discriminación cultural pueden contribuir a altas tasas de deserción escolar. 

En el CENSO de Población y Vivienda 2020, INEGI arrojó que la población de 15 años y más, hablante de lengua indígena, registró un nivel de escolaridad promedio equivalente solo a primaria completa. Esto quiere decir que se deben mejorar las oportunidades y acceso a educación en los demás niveles educativos dentro de estas comunidades.

En cuestiones de salud, las comunidades indígenas y afromexicanas tienen un acceso limitado a estos servicios. México es signatario de la Convención sobre los Derechos del Niño, donde el artículo 24 reconoce el derecho de niñas, niños y adolescentes al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud.

Aún así, hay rezago en este servicio, principalmente en cuanto a salud sexual y reproductiva se trata. De acuerdo a datos del Censo 2020, había 3 mil mujeres afrodescendientes de entre 12 y 17 años que ya son madres. Esto corresponde al 2.7% del total de las mujeres afrodescendientes en este rango de edad.

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La discriminación basada en la identidad étnica o racial afecta negativamente a las niñas indígenas y afromexicanas en varios aspectos de la vida, desde la educación hasta el empleo. 

Pero ¿por qué deben importarnos las niñas indígenas y afrodescendientes?

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos explica en el Programa de Formación en Derechos Humanos de pueblos, comunidades indígenas y afromexicanas, que las mujeres indígenas han sido parte muy importante en las luchas de sus pueblos, de igual forma son conocidas como portadoras de la cultura y juegan un papel fundamental en sus familias y sus comunidades, tanto en el ámbito nacional como internacional. Es entonces que garantizar sus derechos y reconocerlas desde la infancia, es parte crucial de su empoderamiento como niñas y pertenecientes a una etnia.

Es importante reconocer y valorar la diversidad cultural de México, incluidas las diversas culturas indígenas y afrodescendientes. Promover y preservar la identidad cultural de estas comunidades es esencial para fortalecer el tejido social y empoderar a las niñas en el contexto de sus propias tradiciones. Involucrar a las comunidades indígenas y afromexicanas en la toma de decisiones y en la formulación de políticas es clave para abordar sus necesidades específicas de manera efectiva. La participación activa de estas comunidades puede contribuir a soluciones más inclusivas y sostenibles. La promoción de la igualdad de género y la atención a las necesidades específicas de estos grupos son pasos cruciales para construir una sociedad más justa e inclusiva.

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