Las mujeres en el futbol (y el deporte): una exclusión histórica

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“Por amor a la camiseta cumplimos nuestra meta sin ningún apoyo, soportando burlas cuando nos decían que por ser mujeres debemos estar en la cocina y no en la cancha…fuimos grandes guerreras […] algunos nos han llamado la selección olvidada, a mi me gustaría decir que somos la semilla del futbol femenil en México”, dijo la ex futbolista Alicia Vargas el día que su nombre ingresó al Salón de la Fama, donde se reconoce a las leyendas del futbol. 

Vargas, apodada “La Pelé”,  ganó un tercer lugar en el Mundial no oficial de Italia de 1970 y fue subcampeona del mundo en 1971 en otro mundial no reconocido por la FIFA que se realizó en México, dos de los mejores resultados de las selecciones femeniles mexicanas. 

“Me enorgullece saber que hoy caminamos al lado de esas pioneras que en 1970 se atrevieron a dar el primer paso en México, ahora queda en nosotras […]”, aseguró Mónica Ocampo, ex seleccionada nacional y actual jugadora de Pachuca, en el discurso con el que le dio la bienvenida a Vargas. 

“Ser mexicana y jugar futbol siempre ha despertado inquietudes de género, desde no contar con espacios ni en canchas ni en ligas para jugar […] hasta no ser remunerada por dejar en alto el nombre de su país”, dijo Mónica Ocampo sobre Alicia Vargas.

Y es que Vargas y sus compañeras marcaron una era al ocupar espacios históricamente relacionados con los hombres, con los estereotipos relacionados al género y con el acceso a los espacios. 

Por ejemplo, la  escuadra varonil mexicana debutó en los Juegos Olímpicos en 1928 y la femenil hasta 2004 (y no ha vuelto). En ese torneo, la mejor participación de los hombres fue cuando ganaron oro en Londres 2012; ellas llegaron hasta cuartos de final en su única participación en 2004 tras empatar con China 1-1, perder 2-0 ante Alemania y caer en la siguiente ronda contra Brasil 5-0. 

“Más que llegar tarde, nos permitieron entrar tarde. No es que las mujeres no quisieran participar en el deporte, no es que las mujeres no tuvieran el talento para estar en el deporte. Llegamos a tiempo pero no nos dejaron entrar”, dijo Claudia Pedraza Bucio, especialista en género y deporte, en entrevista para Cuestione y Apuntes de Rabona

Pedraza Bucio explicó que las mujeres tuvieron acceso a los espacios cuando ya estaban las reglas de juego, como aprendió de una analogía retomada de Lurdes Barbosa: “Es como si llegaras a jugar ‘Turista’ cuando los demás llevan diez vueltas, no solamente tienen menos dinero, experiencia, sino que ya se agandallaron todas las propiedades y quieren que juegues igual que ellos”. 

Ese tipo de distinciones deportivas (no solo en el futbol) continúan hasta la fecha. El porcentaje de mujeres mexicanas de 18 años o más que no realizan un deporte o ejercicio físico en su tiempo libre (inactivas físicamente) es 62%, mientras que el de ellos es de 53%.

En la siguiente gráfica te mostramos la diferencia entre sexos, pero añadimos rangos de edad. Así entendemos que la brecha deportiva más grande está en las personas de entre 18 y 24 años, con una diferencia entre sexos de 15 puntos porcentuales:

Desigualdad y discriminación contra las mujeres en el futbol

“La exclusión de espacios es parte de todo el desarrollo social y de la cultura machista. Sin embargo, tiene además de lo estructural una exclusión y discriminación que obedece a lo simbólico porque el deporte es un espacio para `los más grandes, para los más altos, más fuertes´ y todo se piensa en masculino”, mencionó Pedraza, Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. 

Y es que los vínculos y significados que las personas establecen con los lugares que habitan , es decir, la apropiación de los espacios, es diferente y se puede notar más claramente en tres momentos de la vida de las mujeres, de acuerdo con la investigadora. Primero, en la adolescencia, con los cambios corporales (e incluso por casos de acoso que las adolescentes pueden sufrir por la transformación de sus cuerpos); al terminar sus estudios porque para las mujeres la escuela representa un lugar de acceso al deporte; o por formar una familia y a causa de los estereotipos de género, encomendarlas en actividades de doble y triple jornada. 

Lo anterior aleja a las mujeres de hacer deporte porque, como lo señala el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las razones principales del abandono de la práctica deportiva en las mujeres son falta de dinero, cansancio por el trabajo, problemas de salud y falta de tiempo. Mientras que para los hombres está en primer lugar el cansancio en el trabajo, seguido de problemas de salud, falta de tiempo y de dinero. 

“Lo que se está afectando a una mujer, no es solamente el entorno que la rodea, que puede ser familiar o laboral y que, al final, lo que hace es alejar a las mujeres de la práctica deportiva”, mencionó Claudia Pedraza. 

Para reducir las brechas se requieren políticas públicas con perspectiva de género “que permitan una distribución igual de recursos, espacios seguros y una redistribución de las tareas domésticas”, dijo Pedraza, porque para las mujeres la práctica deportiva tiene varias vertientes.Por una parte está la desigualdad de salarios entre hombres y mujeres. De acuerdo con el Segundo Informe del Observatorio de Trabajo Digno de la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, las mujeres tendrían que trabajar cinco días más para que les paguen lo mismo. 

También existen otras diferencias relacionadas con los estereotipos de género y de cómo las mujeres habitan el espacio público. Por ejemplo, si tiene responsabilidades por el cuidado de terceros, debe de pensar con quién dejarlos o si sale tarde de su jornada laboral debe de pensar en ir a un espacio seguro a ejercitarse. De acuerdo con ONU Mujeres, las mujeres y temen de ser objeto de comentarios sexuales, manoseos y otras formas de violencia sexual en el espacio público que incluso pueden llegar hasta violaciones y feminicidios: 

“Esta realidad reduce la libertad de movimiento de las mujeres y las niñas y su capacidad de participar en la escuela, el trabajo y la vida pública. Limita su acceso a los servicios esenciales y el disfrute de oportunidades culturales y de ocio. Asimismo, repercute negativamente en su salud y bienestar”. 

Reconocer para avanzar

“Aún queda mucho por recorrer en el camino hacia una verdadera equidad de género, es imposible avanzar sin reconocer lo que nuestras compañeras de lucha han hecho antes”, recordó Mónica Ocampo, el día del reconocimiento a Alicia Vargas. 

El objetivo es que las futbolistas tengan un salario digno para vivir, cosa por la que no tienen que luchar los jugadores, cuyos sueldos pueden llegar a ser de 19 millones 603 mil pesos anuales, como es el caso de André Pierre Gignac según el medio digital Goal. El francés es el mejor pagado de la Liga, sus ganancias están por encima de las de Guillermo Ochoa, Eduardo Vargas o Nicolás Castillo. 

El jugador de Tigres obtiene ese salario porque hay esquema de explotación que impide ganar a todos lo mismo por su trabajo y en donde existe una sobrevaloración del futbolista, quien incluso carece de derechos laborales, como afirmó la Doctora en Ciencias Políticas y Sociales. 

Claudia Pedraza considera indispensable cuestionar los recursos que reciben los futbolistas y promover que las mujeres tengan ingresos que les permitan vivir de manera digna del balompié:

“Son el resultado de una distribución desigual a la cadena de producción del espectáculo deportivo…”, de reciente creación en el caso del futbol femenil profesional en México. La lucha de las mujeres debería de centrarse en obtener ingresos que les permitan vivir de manera digna del balompié. 

La subcampeona del mundo, Vargas, celebró que ya exista la liga profesional femenil mexicana: “Después de 49 años se empieza a hacer justicia al fútbol femenil profesional, esperemos que esto vaya en aumento”. 

Por: Shelma Cerrillo y Nayeli Valencia

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