De las benditas a las malditas redes sociales: ¿en qué han cambiado?

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En 2011, las redes sociales, y en especial Twitter, fueron herramientas valiosas de la ciudadanía egipcia para lograr que los ojos del mundo pusieran atención a la falta de libertades, el autoritarismo y la censura que les imponía Hosni Mubarak.

Twitter ayudó a los activistas egipcios a comunicarse entre sí, a pesar del sistema opresivo, para poder registrar las injusticias y movilizarse hacia plazas públicas. 

Eso hizo que Mubarak viera a las redes sociales como una amenaza para su régimen pero, según escribió la periodista Zeynep Tufecki, cometió el gran error de cortar el servicio de internet y los celulares.

Mubarak no entendió que “en el siglo XXI lo que importa es el flujo de atención, no de información”, escribió Tufecki, quien viajó por medio oriente y el norte de África para registrar el impacto de las redes sociales en la “Primavera Árabe”, que es como se le conoce a los movimientos sociales que provocaron la caída de líderes autoritarios de la región.

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La atención global hacia Egipto sirvió de presión para que Mubarak fuera removido del cargo. Esto también ocurrió en Túnez y provocó estallidos sociales en otros países de la región que buscaban acabar con décadas de opresión.

Según escribió Tufecki para la revista del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), el papel de las redes sociales en estos países con falta de libertades, fue acabar con la “ignorancia pluralista”.

Es decir, las redes sociales llegaron para ponerle fin a “la creencia de que uno está solo en sus puntos de vista cuando en realidad todos han sido silenciados colectivamente (…) personas que antes estaban aisladas en su inconformidad, encontraron y se fortalecieron unas a otras”.

¿Entonces qué pasó? ¿Cómo fue que Twitter pasó de ser una herramienta democrática a una fuente de desinformación?

Twitter, Facebook y los malditos políticos

La expulsión de Hosni Mubarak de Egipto fue la primera parte de la historia. 

Lo que ocurrió después fue que el dictador fue sustituido por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto

Una de las primeras acciones de este gobierno militar fue abrir una página de Facebook y la convirtió en el medio exclusivo para publicar sus comunicados.

“El poder siempre aprende y las herramientas poderosas siempre caen en sus manos. Esta es una dura lección de historia, pero sólida”, reflexiona Tufecki en su artículo de 2018, llamado Cómo las redes sociales nos llevaron de la plaza Tahrir a Donald Trump.

Y agrega que “las tecnologías digitales pasaron de ser aclamadas como herramientas de libertad y cambio, a ser culpadas por los disturbios en las democracias occidentales, por permitir una mayor polarización, aumentar el autoritarismo y entrometerse en las elecciones”.

Platicamos con Leopoldo Maldonado, director regional en México y Centroamérica de Artículo 19, una organización independiente que promueve y defiende la libertad de expresión y el acceso a la información, quien nos explicó que apropiarse de los canales de la gente es un elemento esencial de los grupos de poder.

“Cualquier herramienta de comunicación poderosa, como lo sigue siendo la radio o la televisión, o los propios medios impresos, siguen siendo utilizados por grupos de poder”, dijo el experto. 

Por lo tanto, era natural que, tanto gobiernos como grupos de poder, estuvieran interesados en influir en una herramienta con un nivel de penetración cada vez más importante, ya que en esta última década pasamos de conectarnos a internet de vez en cuando a estar conectados todo el día.

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El uso de datos 

La utilización de las redes sociales ha llegado a niveles extremos como “la recopilación de datos de los usuarios, que a la postre hemos visto que pueden ser utilizados por terceros de una forma perversa”, dijo Maldonado.

En este sentido, la periodista Zeynep Tufecki menciona en su artículo del MIT al microtargeting, el cual es el envío de mensajes bien específicos para cada tipo de votante, el cual se obtiene a partir de la recopilación de sus datos.

Según Tufecki, este microtargeting fue elogiado en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2008, pues parece haber sido una de las causas que permitieron que alguien como Barack Obama se brincara a la clase política para convertirse en presidente.

Sin embargo, el microtargeting significó “un cambio de una política pública y colectiva a una más privada, dispersa, en la que los actores políticos recopilaron cada vez más datos personales para descubrir cómo presionar los botones correctos, persona por persona”.

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¿Twitter tiene remedio?

Para Leopoldo Maldonado “toda herramienta de comunicación tiene sus claroscuros, pero no por eso vamos a imponer o buscar que los gobiernos interpongan restricciones excesivas”.

El experto coincide en que las redes sociales tienen una gran responsabilidad hoy en día sobre lo que se comunica a la ciudadanía.

“Pueden incluso afectar procesos políticos y sociales. Está documentado el caso de Facebook en las elecciones de Estados Unidos en 2016”, dijo Maldonado, cuando se analizaron datos personales para enviar diferentes tipos de mensajes a cierto tipo de personas, al grado de plantar noticias falsas.

Sin embargo, Maldonado opina que la desinformación no nos debe llevar a que Twitter se vuelva un mecanismo automatizado de censura, ya que no hay un algoritmo que garantice que los todos discursos removidos de internet realmente hayan sido noticias falsas

En cambio, el experto opina que lo que tenemos que exigir es que las plataformas digitales transparenten los criterios bajo los cuales borran ciertos contenidos o añaden ciertas anotaciones y que brinden a los usuarios la posibilidad de apelar.

“En México, la mayoría de los solicitantes de remoción de contenido son instituciones públicas, de nivel estatal. Esto evidentemente trae como telón de fondo otro tipo de interés”, señaló Maldonado.

Es decir, el riesgo ahora es que, en pos de evitar que se propague la desinformación, los gobiernos y los grupos de poder utilicen esta herramienta para censurar causas. 

Pero, en el fondo de todo el asunto, según Maldonado, más que buscarle un remedio a Twitter,  “necesitamos más y mejores prácticas periodísticas, para contrastar y verificar lo que se publica en redes sociales. Esto es fundamental para una democracia”.

Y añadió que, ante la proliferación de noticias falsas, “el buen periodismo está más vigente que nunca”. 

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