Solo al 10% del personal de salud les han hecho pruebas COVID-19

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Aurea Moreno, enfermera de 46 años, estuvo los primeros meses de la epidemia en la primera línea de batalla, atendiendo a pacientes con COVID-19 en el Hospital Regional 1o. de Octubre del ISSSTE. Hasta que en abril comenzó a sufrir fiebre y dolor de garganta. 

Entonces, Aurea pidió a sus superiores que le hicieran una prueba para confirmar si tenía COVID-19. La respuesta la sorprendió: “no hay”. Insistió por una semana para que se le aplicara el examen, pero la respuesta era la misma. Para hacérsela debía tener, además de los síntomas que ya tenía, fallas respiratorias, tos y cansancio. 

En México, sólo uno de cada 10 personas que trabajan en dependencias federales de salud se les practicaron pruebas COVID-19, de acuerdo con datos obtenidos a través de diferentes solicitudes de información al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y a la Secretaría de Marina (Semar), (la Secretaría de la Defensa Nacional no respondió). 

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La falta de pruebas ha contribuido para que México sea el país con el mayor número de muertes por COVID-19 del personal de salud en todo el mundo (1,835 al 26 de octubre de 2020), por encima de países como Estados Unidos, España y Rusia, de acuerdo con la organización Amnistía Internacional, hasta el 4 de septiembre 2020. Sin embargo, esta cifra todavía podría ser mayor.

Del total de las 1,835 defunciones confirmadas por la Secretaría de Salud entre el personal médico en México, 48% han sido de médicos; 29.4%, otro tipo de personal de la salud (asistentes, técnicos);18.3%, enfermeras; 2.1%, dentistas; y 1.9%, laboratoristas.

En total, para el cerca de 450,000 trabajadores de la salud que hay en el país, solo se les han aplicado 45,601 pruebas COVID-19, entre personal médico y de enfermería, así como a técnicos, camilleros, personal de limpieza y asistentes de la salud. 

Es crucial que haya la mayor disponibilidad posible de pruebas de detección de la infección por el COVID-19, para preservar la salud del personal y la seguridad del paciente, tal y como lo ha alertado la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Si México es uno de los países que menos pruebas COVID-19 ha aplicado en la población general, en el caso de las personas que trabajan cuidando nuestra salud es aún menor, lo cual impide que se corte la cadena de contagio desde los hospitales, nos dice el Dr. Alfonso Vallejos, epidemiólogo y Coordinador de Programas Médicos del IMSS.

“La lógica a seguir es realizar pruebas sólo al personal que tiene síntomas. Sin embargo, si se quiere cortar con esta cadena de transmisión, se tendrían que hacer pruebas permanentes, esto sería una buena estrategia de prevención, lamentablemente esto no sucede en los hospitales”, nos dice el Dr. Vallejos.

A Agustín Ciriano, enfermero de 54 años del IMSS, le aplicaron la prueba sólo después de avisarles que su hijo había dado positivo a COVID-19. En su clínica, ubicada en Durango, tampoco aplican pruebas si el personal de salud no presenta todos los síntomas del virus, aunque trabajen de cerca con pacientes con coronavirus.

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IMSS, el que menos aplica

De esas pruebas COVID-19, el IMSS y la Secretaría de Marina son las que aplica el menor número, con sólo siete por cada 100 trabajadoras y trabajadores de la salud; y en ISSSTE con 25 por cada 100, entre marzo y hasta el 15 de octubre de este año, de acuerdo con diferentes respuestas a solicitudes de información pública presentadas por Cuestione.

Cuando el personal médico se contagia implica que hay que retirar a cuatro o cinco personas de su círculo íntimo para que estén en cuarentena, por lo que los grupos de trabajo son cada vez más pequeños y tienen que hacer su trabajo quienes permanecen, de acuerdo con el Dr. José Elizalde, jefe de terapia intensiva del Hospital privado ABC, en entrevista con El País


Si aplicamos esta fórmula con el número de personal médico del IMSS, por ejemplo, implicaría que por cada uno de sus 9,904 casos positivos de COVID-19, se tuvieron que retirar cinco personas, es decir, unos 49,520 trabajadores menos en la primera línea de batalla contra el coronavirus, que además después pudieron contagiar a su círculo cercano.

Las heroínas y héroes en esta crisis sanitaria no sólo tienen que batallar para contener los contagios de COVID-19, también tienen limitaciones para ejercer su profesión, lo que les puede costar la vida.

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