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La historia de Sara: no solo venció al cáncer, sino también al sistema que le había fallado

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Después de su última radioterapia y con una sonrisa que le abarcaba todo el rostro, Sara Montenegro, de 61 años, tocó la campanita en la recepción de la clínica donde la atendían para deshacerse, por segunda vez, del cáncer que amenazaba su vida.

Fue una noticia que le hizo descansar el corazón a sus cuatro hijos y siete nietos que la acompañaron durante un proceso que fue muy duro y, sobre todo, costoso. Para este momento Sara ya tiene de nuevo el cabello largo, iluminado por grises que brillan con la luz de las lámparas de la clínica. 

Para poder atenderse la segunda vez que regresó la enfermedad, Sara tuvo que empeñar su casa por alrededor de $260,000 pesos, ya que en en la clínica que le correspondía como derechohabiente del IMSS, la número 20 del Hospital General Regional de Tijuana, Baja California, le negaron las 33 radioterapias que necesitaba, porque el equipo para realizarlas no estaba activo.

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Ésto a pesar de que en agosto de 2023 -casi un mes antes de que le detectaron el segundo cáncer a Sara, esta vez en el colon- la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, el director general del IMSS, Zoé Robledo, un grupo de funcionarios e incluso médicos, anunciaron entre fanfarrias que el equipo de acelerador lineal de baja frecuencia que se requiere para las radioterapias para pacientes con cáncer ya estaba funcionando.

“Desde junio de este año (2023) se han dado más de 900 sesiones, están dando de 40, 45 sesiones al día. Y también nos acompaña la gobernadora a la otra parte del hospital donde este año también echaremos a andar el acelerador lineal de alta frecuencia con el tomógrafo simulador”, dijo Robledo en aquel evento que quedó plasmado en video en la cuenta de Youtube de la gobernadora. 

Equipo especializado y nuevo sin poner en funcionamiento en una clínica de Baja California. La fotografía la tomó Sara en una de sus visitas médicas.


“Éstos son para atención de cáncer, es lo más avanzado, lo más sofisticado. Y lo más importante, que tenemos al personal del Seguro Social, médicas, médicos, radiólogos que nos acompañan, médicos, enfermeras, que hacen que ésto sirva para los derechohabientes, pero lo más importante, queremos integrar el sistema para que también sea para los que no tienen seguridad social ahora de la Secretaría de Salud, pronto del IMSS-Bienestar”, agregó.

La lucha de Sara

Sara nació en Ciudad de México, pero desde muy chica sus padres la llevaron a vivir a Baja California. Radica en Tecate y a finales de sus 20 empezó a trabajar en el IMSS como asistente médico en una clínica de Tijuana que está a unos 40 kilómetros de la casa donde vive. Por casi ocho años viajó una hora de ida y vuelta para ir al trabajo.

“Siempre me gustó mi trabajo, siempre lo disfruté y traté de ser buena trabajadora, creo que no todos somos perfectos, pero me siento satisfecha con mi labor. Me pude haber cambiado a otra categoría, pero siempre me ha gustado el contacto con las personas”, nos contó Sara con optimismo.

Luego de mucho batallar, Sara obtuvo su plaza y pudo empezar a trabajar en Tecate, más cerca de su hogar. “No me quejo de la vida porque no me ha ido mal, hasta ahorita con esto que pasé. Pero hay cosas peores que no tienen remedio, ¿verdad?”, reflexionó.

Cuando todos estábamos aterrados por la pandemia por la COVID- 19 y la contingencia sanitaria nos mantenía encerrados en nuestras casas, a Sara le diagnosticaron cáncer de mama. Ésto fue en 2020, en medio de un pánico global que hizo que atención médica en casi todos las instituciones de salud se cerraran sólo para atender los casos de la enfermedad que desató la pandemia de la que no sabíamos si íbamos a salir algún día.

Le dieron el diagnóstico de cáncer de mama en abril de 2020, en plena pandemia, “todo se paró, no atendían nada que no fuera COVID-19”, nos dijo Sara. 

“Cuando me diagnosticaron fue porque yo me sentí una bolita y fui con el doctor. Me dijo ‘mira pues te tienes que hacer una mastografía y un ultrasonido, pero a ver ahorita si te lo hacen porque está todo cerrado, no hay atención. Me hice mis estudios en particular y me salió que sí, que tenía cáncer. No me podían atender en Seguro Social”.

“Como trabajadores nos ofrecen seguros particulares y yo tenía para el cáncer, eso fue lo que me ayudó en ese tiempo. Me ‘encharqué’ también en esa ocasión en el banco porque en lo que me llegaba la resolución del pago del seguro, yo no quería esperarme por el miedo y cuando trabajas en un hospital te da más miedo porque ya sabes”, nos contó.

El 15 de mayo de 2020, a Sara le realizaron una mastectomía radical del seno derecho, en un momento en el que no solo era imposible ser atendida en el IMSS, sino hasta con particulares. Afortunadamente encontró la manera de atenderse y ella cree que, por benevolencia, ni siquiera le cobraron el costo total de la cirugía.

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Sara necesitaba un tratamiento de ocho quimioterapias y otras 17 sesiones con un medicamento que se llama Trastuzumab.

“Yo pude pagar cuatro quimioterapias que me salieron en ese tiempo, cada una entre $25,000 pesos y la última me salió como en $40,000 pesos, porque también estaba escaso el medicamento”, nos explicó Sara.

Sara durante el tratamiento contra el cáncer.


Con ayuda de sus amigos y de su familia, Sara logró terminar su tratamiento que implicaba también comprar un medicamento (Exemestano) que le costaba alrededor de $4,000 pesos mensuales y que tuvo que comprarlo de su propio bolsillo al menos en tres ocasiones.

El cáncer regresa

Dos años después el cáncer regresó, esta vez en el recto. Sara, viuda desde hace 10 años, se preocupó porque el diagnóstico indicó que sería una enfermedad aún más agresiva que la que superó en 2021. 

“Ese mismo día que me dieron el diagnóstico yo hablé al Seguro Social, a la delegación en Mexicali. Yo ya sabía que no estaban funcionando bien los equipos de radioterapia porque pues yo trabajé ahí. Y aparte, tenía conocidos que habían estado yendo y no les habían dado terapias. Una paciente que ya murió, que la conocí con el cáncer de mama, esa paciente murió por lo mismo, porque nunca les dieron sus quimio”, acusó Sara.

El 14 de septiembre de 2023 consiguió cita médica con un oncólogo particular después de realizarse los estudios que requería. Sara necesitaba que se le dieran las sesiones de quimioterapia junto con las radioterapia para que el tratamiento fuera realmente efectivo. Pero en la clínica del IMSS donde le corresponde ser atendida, el equipo para radioterapias no funcionaba.

Ella preguntó si tenía algún efecto solamente tomar las quimioterapias para curarse, le explicaron que en realidad no. Tenía que ser un tratamiento en conjunto. Nos contó que no iba a esperar a que se echara a andar el equipo que ella necesitaba para tratarse, así que aceptó la oferta de un conocido de empeñarle su casa, por alrededor de $260,000 pesos para poder pagar el tratamiento en una clínica privada.

Eso hizo y salió bien. Sin embargo, aún necesitaba recuperar su casa.

Las redes sociales

Sara nos dijo algo importante: gracias a su conocimiento por haber trabajado tantos años en el sector salud, al apoyo de su familia y amigos, pudo librar de nuevo esta batalla, pero sabe que hay personas que casi no cuentan con dinero para ir a la consulta.

Entonces, en una forma de presión y de denuncia, empezó a publicar en redes sociales su caso, arrobando a todos quienes podrían tener alguna responsabilidad en garantizar la atención médica de pacientes con cáncer en México: al IMSS, a Zoé Robledo, a autoridades locales, estatales y hasta al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Y la ayuda llegó, pero por parte de la sociedad civil. Por medio de redes sociales Sara fue contactada por Miriam Espinosa quien la canalizó con la abogada Andrea Rocha que defiende a pacientes que han padecido desabasto de medicamentos en México. Ellas la orientaron de forma gratuita para lograr que el Estado le reembolsara el dinero que tuvo que invertir para tratarse y recuperó el dinero para pagar la deuda que adquirió al empeñar su hogar.

“Te juro por Diosito que te van a ayudar y que vas a recuperar tu casa”, le dijeron. Y así fue. Luego de un trámite que Sara llevó a cabo acompañada de las abogadas, el gobierno de México le regresó lo que había invertido en un tratamiento que debía ser garantizado por el Seguro Social y recuperó la propiedad de su casa.

Sara durante el tratamiento contra el cáncer y su familia.

Hoy Sara está viva y fuera de peligro. Su historia nos demuestra dos cosas: la primera es que luchar contra el cáncer es una batalla difícil de ganar solos; la segunda es que no podemos quedarnos callados ante la violación de nuestros derechos. 

La victoria de Sara contra el cáncer se la atribuímos a ella, a su optimismo, su familia y a sus ganas de seguir, pero además nos demuestra que aunque nos nieguen el acceso a lo que tenemos derecho, no podemos dejar de luchar. Solo así se hace justicia.

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