Trabajadoras de limpia de la CDMX sufren acoso sexual y amenazas ante el silencio de las autoridades

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Elizabeth Díaz, de 60 años, ha pasado los últimos 20 años de su vida barriendo las calles de la alcaldía Cuauhtémoc. A finales de 2020, su jefe inmediato, Ricardo Alcántara Doroteo, comenzó a discriminarla por su edad. “Usted ya ni coje ni trabaja, qué hace aquí, pinche vieja gorda”, le decía.

Alcántara exigía 300 pesos al mes a las decenas de personas de limpieza que trabajan en su área, en la Zona Rosa, a cambio de permitirles guardar su uniforme de trabajo en la bodega. Elizabeth se negó y comenzó a cambiarse en el patio de la bodega, lo que fue aprovechado por su jefe para grabarla en video mientras lo hacía y después burlarse de ella.

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Todos estos hechos fueron denunciados por Elizabeth ante la Fiscalía de Investigación Territorial de la alcaldía Cuauhtémoc, por discriminación laboral y ante la Fiscalía de Investigación de Delitos Sexuales, por acoso sexual, en noviembre del año pasado.

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Sin derechos laborales

Las 29,000 personas que trabajan en el servicio de limpieza de la CDMX son invisibles ante los ojos de las autoridades capitalinas. Y más de la mitad (15,000) trabajan como personal temporal (contratos anuales) o voluntario (sin salario fijo), sin contrato ni derechos laborales, a pesar de que existe una relación formal con horarios, responsabilidades y un jefe directo. 

Además de estas condiciones precarias, muchas de las mujeres que limpian las calles de la ciudad sufren acoso, abusos, violencia psicológica y económica, pues encima les rentan los carritos de limpieza, les cobran por tener un lugar donde barrer y hasta por utilizar las escobas, según nos narraron en entrevista.

De los 2,500 y 3,000 pesos que obtiene al mes cada una de las y los trabajadores “voluntarios” o “temporales” en propinas por barrer la calle y llevarse la basura, Lourdes tiene que pagar una cuota de 500 pesos mensuales para que la dejen trabajar y 200 pesos por utilizar un carrito

Aunque las trabajadoras de limpieza estén bajo la figura de voluntarias deberían ser reconocidas, pues tienen entre cinco y hasta 20 años de antigüedad, así que tienen que ser validados sus derechos como empleadas y empleados, nos dice Julio Miranda Valeriano, representante del directorio del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México (S.U.T.G.CDMX).

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Protección para los agresores y a ellas las remueven

Desde que denunció, Elizabeth ha vivido una pesadilla. Fue removida de su zona de trabajo en la Zona Rosa a las oficinas de la alcaldía Cuauhtémoc, por la Contraloría General de la CDMX para “protegerla”, durante las investigaciones. 

A pesar de que le prometieron investigar a Alcántara y reintegrarla a su zona de trabajo original, a seis meses de la denuncia eso no ha sucedido. Mientras tanto, Alcántara sigue en su mismo puesto. 

En estos meses, Elizabeth también ha recibido llamadas de amenazas en su contra, le dicen que desista de las denuncias o de lo contrario van a desaparecer a su hija de 23 años, quien estudia la universidad y tiene una hija de dos años. Tiene miedo. Lo único que quiere es recuperar su trabajo para darle un futuro mejor a su nieta.

Algo similar vive Lourdes Domínguez Castillo, de 57 años, quien lleva 20 años como “voluntaria” de limpieza en la alcaldía Gustavo A. Madero. En 2018 levantó una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDH-CDMX), contra Gabriel Cruz, jefe de la oficina de limpieza de la zona territorial 7 de la alcaldía, por abuso y acoso sexual.

En octubre de 2018, Gabriel Cruz, su jefe inmediato, la manoseó mientras se dirigían en un vehículo de la alcaldía a la colonia Industrial, donde trabaja. Tomó la mano de Lourdes y la puso contra su pene. “Me amenazaba con que tenía que pagarle con favores sexuales si quería seguir trabajando, pero nunca acepté”, narra Lourdes.

La CDH-CDMX recomendó en 2019 a la alcaldía Gustavo A. Madero, gobernada por Francisco Chíguil, investigar estos hechos y proteger a Lourdes. Sin embargo, lo que Lourdes recibió fueron amenazas por parte de Gabriel Cruz, quien además ordenó el año pasado que se le removiera de su zona de trabajo.

Otro caso es el de Patricia Salvador, de 46 años, quien trabaja desde hace 15 años en el servicio de limpieza de la alcaldía Azcapotzalco, sobre avenida Cuitláhuac. En mayo de 2019, Luis Campos Baca, jefe de la Oficina de Limpieza de esa zona, comenzó a hostigarla sexualmente. Le decía que se la iba a llevar a un hotel para “usarla”. 

A pesar de que Patricia también denunció estos hechos ante la CDH-CDMX, las autoridades de la alcaldía lejos de investigar y castigar al responsable, removieron a Patricia Salvador de su zona de trabajo, donde ya la conocían los vecinos y podía ganarse un dinero extra de las propinas para mantener a su familia.

La CDH-CDMX ha intentado intervenir

Historias como las de Elizabeth, Lourdes y Patricia se cuentan por decenas en las 16 alcaldías de la CDMX, de acuerdo con Julio Miranda Valeriano, representante del directorio del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México (S.U.T.G.CDMX).

Las trabajadoras de limpieza de la CDMX son olvidadas por las autoridades no sólo por la precariedad laboral en la que viven, sino también por la nula respuesta que tienen ante los actos de violaciones a sus derechos humanos que denuncian.


Manifestación de trabajadoras de limpieza en las instalaciones de la alcaldía Cuauhtémoc. Foto: Scarlett Lindero

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió la Recomendación 07/2016 en la que solicitaba a las 16 alcaldías y al gobierno capitalino, mejorar las condiciones para los trabajadores de limpieza, pues tenían limitaciones para conseguir sus instrumentos de trabajo y laboraban en condiciones poco higiénicas. Además, se exhortaba a que el gobierno capitalino reconociera la labor de las personas trabajadoras voluntarias. 

A cinco años de aquella recomendación, las condiciones laborales de las personas trabajadoras voluntarias siguen siendo precarias y no ha habido cambios a su favor en la legislación, lamenta Miranda Valeriano.

Al permitir que trabajen en condiciones indignas, inseguras e insalubres, las autoridades de la CDMX simultáneamente se benefician de la labor de los trabajadores voluntarios y desprotegen a un sector de población vulnerable en situación de marginalidad, dejándolos sin garantía de un trabajo digno. “Con ello, faltan a su responsabilidad de velar por sus derechos humanos”, de acuerdo con la CDHDF, ahora CDH-CDMX.

“Si se reconocieran sus derechos, por lo menos (las compañeras) tendrían un espacio digno donde cambiarse y tener su espacio en cada centro de trabajo, así se evitarían casos como el de Elizabeth”, dice el representante del S.U.T.G. CDMX.

“Desde hace muchos años venimos solicitando la formalización del trabajo de todas y todos los trabajadores. Lamentablemente no se nos ha escuchado y vivimos condiciones precarias, además de las cuotas que se les cobra para trabajar”, dice Miranda Valeriano.

Cuestione solicitó una entrevista con la Subdirección de Limpieza Urbana de la Secretaría de Obras y Servicios para conocer su postura sobre las trabajadoras de limpieza, sin que hasta el momento de la publicación haya obtenido respuesta.

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