Desapariciones y violencia desbordada: la peligrosa realidad de Jalisco

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Roxana, Flor, Beatriz y Gloria, todas entre los 14 y 16 años de edad, salieron el 13 de mayo de un albergue donde se refugiaban en Tlajomulco, Jalisco. Desde entonces, dos ya fueron localizadas y de las demás no se sabe nada.

Sus nombres se suman a la lista de casi 4,000 personas desaparecidas en lo que va del gobierno de Enrique Alfaro (tomó posesión en diciembre de 2018), lo que ha puesto a Jalisco a la cabeza de los estados con el mayor número de personas desaparecidas en ese periodo, de acuerdo con el último corte actualizado por la Secretaría de Gobernación.

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“Las desapariciones están ligadas a la operación criminal que, precisamente para no tratar de llamar tanto la atención, en lugar de cometer simples asesinatos lo que hacen es desaparecer los cuerpos para que no haya posibilidad de reconocerlos”, nos dice Víctor Sánchez, especialista en seguridad e investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC).

Jalisco se ha convertido en un foco rojo de violencia en los últimos tres años, la cual alcanzó hasta al ex gobernador de esta entidad, Aristóteles Sandoval, asesinado a balazos en diciembre del año pasado en Puerto Vallarta. 

El origen de la violencia en Jalisco

“Jalisco es una fosa”, dijeron algunos sus habitantes que salieron a manifestarse tras el asesinato de los hermanos Ana Karen, José Luis y Luis Ángel, hartos de la violencia que se vive en el estado.

Esta violencia ha desatado masacres como la de Tonalá, donde fueron asesinadas 11 personas en marzo de este año, los homicidios de Ana Karen González, José Luis y Luis Ángel que fueron sacados de su casa en mayo de este año o el frecuente hallazgo de restos humanos y fosas clandestinas. 

Para entender el origen de la violencia que se vive en Jalisco es necesario remontarse a 2010, cuando surgió el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), liderado por Nemesio Oseguera, alias El Mencho, quien ha tenido que disputar el control de la entidad con otros cárteles, como el de Sinaloa y las distintas divisiones del mismo CJNG, nos dice Víctor Sánchez.

La presencia criminal del CJNG en la entidad ha hecho que se registre un aumento importante de homicidios dolosos, al pasar de 2.5 asesinatos por cada 100,000 habitantes en 2015, a 5.86 en marzo de este año, de acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

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Abandono del Estado

“El crimen organizado no existe sin la complicidad de las estructuras estatales”, dice Erubiel Tirado, especialista de seguridad y académico de la Universidad Iberoamericana. Es común que en las entidades donde hay mayor número de desapariciones, también están relacionados con los principales corredores de violencia por la disputa del territorio entre grupos criminales: “es una correlación directa”, nos dice el experto.

Las principal causa del recrudecimiento de esta violencia es el abandono de las autoridades federales y locales en la estrategia de seguridad, pues han ido desapareciendo estrategias, como el Programa de Fortalecimiento para la Seguridad (Fortaseg), que robustecía a las policías municipales con capacitación y mejores condiciones laborales. Esta se utilizaba para evitar que fueran coludidas por el crimen organizado.

El gobernador Enrique Alfaro responsabiliza al gobierno federal por el abandono que vive su estado; “la lucha contra el crimen organizado es responsabilidad del Gobierno federal por disposición constitucional”, tuiteó en sus redes sociales.

El CJNG se ha logrado filtrar en las fuerzas de seguridad estatales. Aunado a eso, el gobierno federal ha quitado apoyos de fortalecimiento de las policías municipales. Mientras que las autoridades locales permiten la impunidad.Todo esto es un caldo de cultivo que alimenta el círculo de violencia”, nos dice Sánchez.

Bajo la mirada de las autoridades, el CJNG ha alcanzado un dominio tan amplio en el territorio que ya no tienen incentivos para limitarse y cometen “muchos” abusos, nos explica el especialista.

La responsabilidad es de ambos gobiernos (federal y local), los cuales deben ejecutar estrategias de seguridad coordinadas para reducir la violencia, coinciden los expertos, por lo que es “absurdo” culpar sólo al gobierno federal del abandono institucional.

Asesinatos contra mujeres también han ido a la alza

Los asesinatos violentos contra mujeres en Jalisco también han ido en aumento en los últimos años. Mientras que en 2015 la tasa de homicidios dolosos y feminicidios era de 3.3 por cada 100,000 mujeres, para 2018 alcanzó su máximo pico con 6.8. Y aunque en 2020 volvió a descender a 6.4, esto también es un reflejo de la violencia que se vive en el estado, según los datos del SESNSP.

Jalisco vive uno de los peores episodios de violencia en su historia, sin que los gobiernos federal o local asuman su responsabilidad y comiencen a trabajar coordinadamente para controlar las cifras de asesinatos, desapariciones y masacres de la entidad, lo cual alimenta la cadena de impunidad para que el crimen organizado siga cometiendo actos cada vez más atroces.


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