Afganistán: una retirada mal ejecutada y peor comunicada

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El domingo 15 de agosto de 2021 fuimos testigos de la evacuación de la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica situada en Kabul, la capital de Afganistán, ante la caída de dicha ciudad a manos de las fuerzas talibanes. En este episodio fue simbólica la imagen de un helicóptero rescatando desde la azotea a las personas que en ese momento se encontraban dentro de la sede de la misión diplomática.

Estas imágenes nos remitieron casi como un déjà vu a lo sucedido en Saigón en 1975, cuando las fuerzas del Vietcong tomaron la que hasta ese momento había sido la capital de Vietnam del Sur y con ello, la presencia yanqui llegaba a su fin luego de una guerra de más de 10 años que dejó millones de muertos, entre los que se contabilizan más de 58 mil soldados estadounidenses caídos en combate.

De la misma manera que aquél mes de abril del año 75 del Siglo XX, las escenas de este domingo en Kabul nos mostraban acontecimientos con un epílogo en versión Siglo XXI que pareció remasterizar a los mismos protagonistas: una embajada, un helicóptero, un grupo combatiente asumiendo el control real de una ciudad capital y una turba desesperada tratando de huir del caos amenazante.

Lo sucedido en Afganistán tendrá repercusiones que van desde la composición sociológica de la vida en ese país y por supuesto la reconfiguración del ejercicio real del poder político local, hasta la disputa por el poder a nivel global. Pasará también por las crisis humanitarias y migratorias que impactan en un primer momento a Europa, sin dejar de lado las repercusiones en Washington D.C. en el escenario político de cara al proceso del año próximo, en que habrá elecciones legislativas.

Pero para comprender en su justa dimensión los sucesos de los últimos meses en Afganistán, es importante remitirnos a algunos datos básicos necesarios que nos permitan alejarnos del maniqueísmo que prolifera y que atribuye a la actual administración estadounidense encabezada por Joe Biden -quien será una víctima más de este conflicto- la responsabilidad por lo que calificó la prensa dominical como “la caída de Kabul”.

En la historia reciente de Afganistán debemos remitirnos a finales del año 1979, cuando el país fue invadido por las fuerzas de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) con lo que inició una ocupación militar que fue combatida por fuerzas islámicas conocidas como “muyahidines”, que podríamos considerar la génesis de los talibanes.

Iniciada la década de los 80´s los estrategas del Pentágono y la administración del entonces presidente Ronald Reagan, coincidieron en que era la oportunidad de dar a la URSS “su propio Vietnam”, con lo que inició un programa de apoyo con recursos y asesores para armar y entrenar a quienes opusieron resistencia al invasor soviético, es decir, los muyahidines.

Finalmente el Kremlin tuvo que admitir que las cosas no iban nada bien, que no estaban ni cerca de doblegar la resistencia afgana y ordenó la retirada en el año de 1989, en lo que fue considerada una humillación a una potencia militar por parte de fuerzas que recurrieron a la conocida guerra de guerrillas para minar al Ejército rojo.

Transcurrieron los años noventa sin que Afganistán fuera noticia internacional, hasta que mediante el uso de aviones comerciales como misiles y en una operación en donde figuraron personajes saudíes, el día 11 de septiembre de 2001 fueron atacadas las célebres torres gemelas en Nueva York, así como el Pentágono, a pocos kilómetros de la Casa Blanca, del Capitolio y de la Suprema Corte de Justicia, sedes de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, respectivamente, en hechos que cobraron la vida a casi 3 mil personas.

La autoría intelectual del ataque del 11/S fue atribuida a Osama Bin Laden, quien formó parte de la resistencia muyahidín durante la ocupación soviética en los años 80´s -por lo que en su momento recibió entrenamiento y asistencia militar por parte de los Estados Unidos-, por lo que al ubicarse este personaje en Afganistán, de inmediato ese país se convirtió en el objetivo de la declarada “guerra contra el terror” anunciada así por parte del presidente número 43 de los Estados Unidos: George W. Bush.

Con este antecedente, el esfuerzo de guerra norteamericano se concentró en la búsqueda de Bin Laden y en el derrocamiento del régimen talibán a quienes veían como patrocinador y probablemente coorganizador de los atentados terroristas.

Lo paradójico de las cosas es que a menos de un mes de que se conmemoran 20 años de los ataques que vinieron a cambiar el mundo en términos de equilibrio de poderes globales, de aproximaciones teóricas, de estrategia contrainsurgente y antiterrorista, los Estados Unidos cumplen también casi 20 años de una ocupación que les deja casi como iniciaron: con el régimen talibán controlando el país, con lo cual los votantes estadounidenses se preguntan ¿y todo para qué?

Desde un inicio las voces comunes atribuyeron al presidente Biden lo que califican de una derrota humillante pero hay que resaltar algunos matices, ya que desde la administración de Barak Obama, allá en 2014, ya se vislumbraba la retirada gradual de tropas para dejar que fueran los mismos afganos quienes se hicieran cargo.

Posteriormente, durante el año 2018, ya con Donald Trump en la Casa Blanca, se iniciaron negociaciones con los talibanes encabezadas por el entonces Secretario de Estado Mike Pompeo, que finalmente llegaron a acuerdos firmados en 2020 en la ciudad de Doha, en Qatar, para el retiro total de Estados Unidos a terminarse en mayo de este año, sin embargo hubo demoras en el cronograma y de mayo para acá las cosas se aceleraron de manera vertiginosa.

Quizá la derrota más fuerte es la simbólica, ya que siempre recordaremos las declaraciones de Joe Biden, quien apenas el 8 de julio de 2021, es decir, hace alrededor de 7 semanas, ante el rápido avance talibán hacia la capital afgana, desestimó la posibilidad de que fuera necesaria una evacuación de emergencia de su embajada debido a que el gobierno de Ashraf Ghani -dijo- de sostener la gobernabilidad y estabilidad y, a pregunta expresa de paralelismos entre la situación en Afganistán y en Vietnam en 1975 subrayó: “El talibán no es el ejército norvietnamita”, declaración que pesará y seguramente será recordada -sobre todo- el año que viene durante el proceso electoral del Poder Legislativo.

Ante ello la administración Biden intentó un control de daños argumentando que el objetivo en Afganistán nunca fue un cambio de régimen ni la instauración de un gobierno democrático, sino simplemente la búsqueda de los terroristas que atacaron a la nación norteamericana por primera vez en su historia en su territorio continental. No obstante lo anterior, hay numerosa evidencia de declaraciones de los presidentes Bush y Obama, en donde de manera un tanto optimista -si no es que fanfarrona- anuncian la llegada de los valores occidentales a la tierra afgana.

Al final, los Estados Unidos se retiran con un saldo de alrededor de 2 mil 500 militares muertos en ese teatro de operaciones y con una sangría presupuestaria que parece que únicamente favoreció a empresas contratistas militares y fabricantes de equipo bélico y armamento, como: Boeing, Raytheon, Lockheed Martin, General Dynamics y Northrop Grumman.

El liderazgo del otrora hegemón queda afectado ante la innegable derrota militar y simbólica en el país que históricamente ha sido tumba de imperios y en el que en la historia reciente, dos potencias militares: la ex URSS y Estados Unidos, encontraron ahí a sus sepultureros.

Pero si ello no fuera suficiente, los aliados cuestionan seriamente las capacidades de quien actualmente habita el 1600 de Pennsylvania Avenue, en Washington D.C, ya que mediante dos titulares: Joe Biden no es apto para ser Presidente de los Estados Unidos, así como: Mientras Afganistán caía: el ejército estadounidense se centraba en ser “diverso e inclusivo” y luchar contra la “furia blanca”, la agencia informativa Noticias de Israel refleja una dura crítica al respecto.

Se ha llegado incluso a la burla, como ha sido el caso de la agencia noticiosa oficial del gobierno de China, Xinhua, que el día 17 de agosto publicó en Twitter: “Primero en invadir, primero en huir”, texto acompañado de una imagen en la que se recrea la evacuación de la embajada en Kabul mediante el empleo de un helicóptero desde el cual se exclama “American first!” mientras que en la planta baja del edificio se ven muchas manos levantadas con la leyenda “SOS” pintadas, en una imagen que alude a la solicitud de auxilio con la también exclamación “Please”.

Es aún pronto para evaluar las repercusiones que estos hechos tendrán pero se puede adelantar, sin lugar a dudas, que la partida de los Estados Unidos de la zona son una buena noticia para Rusia y desde luego para países que tienen frontera con Afganistán como: Pakistán y por supuesto para China e Irán.

Víctor Saavedra, articulista invitado de Global Thought

Twitter: @GeopoliticusVic

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