“El Estado soy yo”

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Según una versión de la historia, el rey de Francia y España (1638-1715), Louis XIV, habría emitido la frase “El Estado soy yo”, al desesperarse viendo que la corte de París no se ponía de acuerdo en aprobar los edictos que el monarca le habría enviado.

A pesar de carecer de certeza histórica en cuanto a la frase en sí misma, sin duda el reinado de Louis XIV encarnaba el apogeo del “absolutismo monárquico” en cuanto que el rey encarnaba todos los poderes y capacidades de decisión del Estado.

No tenía que consultar sus decisiones con nadie; pero ese mundillo de “don nadies” que lo rodeaba tenía que aplicar sus decisiones, estuviesen o no de acuerdo con ellas y sus consecuencias.

Fast forward a la actualidad mexicana. Es increíble observar ese ejército complaciente de “don nadies” que rodean a López Obrador y que ha aceptado cancelar su pensamiento crítico para allanarse a los planteamientos que avanzan con inusitada rapidez de convertir al Presidente en “El Estado”. Al hacerlo por supuesto que todos abandonan su voluntad propia, su visión crítica y el pensamiento universal.

Artistas que votaron por él, actores y actrices desviviéndose en su defensa, intelectuales teorizando sobre sus virtudes, periodistas anunciando el nuevo alba, científicos viendo una nueva era de ilustración, militantes de izquierda inventando justificaciones, empresarios saboreando nuevos horizontes, escritores haciendo exégesis del nuevo México, lesbianas brincando de alegría, gays pensando en el advenimiento de nuevas libertades, campesinos pensando en más trabajo productivo, políticos haciendo anuncios gloriosos.

Y todos estaban equivocados. Principalmente ese gran “parlamentario” histórico Porfirio Muñoz Ledo que, al colocarle la banda presidencial, anunció, como una revelación del Mesías, que México tenía a un “Iluminado” como Presidente. De lo petulante a lo ridículo.

Ahora todos se retuercen en sus dichos, viendo como avanza el autócrata en su pretensión milenaria de convertirse en Virrey. ¿Pensaron que era democrático cambiarse de Los Pinos a residir en Palacio Nacional? ¡Claro que no! Era mudarse de una casa presidencial republicana a un palacio monárquico. Quienes compraron ese cuento, en su mayoría gente educada y con cierto criterio, mostraron ser poco educados y carentes de criterio.

La andanada de medidas legislativas que López Obrador está impulsando frenéticamente en estas últimas semanas antes de las elecciones, pretenden servir de dique de contención a las exigencias democráticas que, como un gran coro, crece y crece todos los días en todas las clases sociales. Pretende consolidarse como el Estado, único y personal, para reinar los últimos tres años por componendas con el Ministro Presidente de la SCJN, el Presidente Magistrado del TEPJF quien vive amenazado con “cooperas o cárcel” por la Casa Presidencial, a causa de su corrupción y robos y la escasa mayoría morenista en el Senado.

El proyecto de López Obrador es perpetuarse en el poder mucho más allá del 2024, gobernando de la mano de las Fuerzas Armadas. Quien no lo ve es porque no quiere verlo o porque es ciego.

Sus vasallos-funcionarios, intelectuales, científicos, el mundo cultural, miembros de la diversidad, periodistas, “izquierdistas”, empresarios, campesinos-están condenados a abyectamente bajar la cabeza y callar, sin protestar. Así lo hacen hoy y así lo harán más adelante. Están condenados a la sumisión.

Trágico fin de un proyecto y un país.

A menos de que surja, de lo más profundo de la mexicanidad, el grito ensordecedor: No estamos de acuerdo con la tiranía que pretende imponer López Obrador, esa tiranía del impostor que finge ser el Mesías, el Salvador. Creemos en la democracia, las libertades, la pluralidad y la tolerancia, además de las instituciones que controlen los desvaríos de los locos (y locas) que llegan al poder y que creen que tienen un mandato para deshacer el país entre sus dedos.        

Esto es lo que se va a decidir el 6 de junio próximo. “El Estado soy yo” o la sociedad somos todos. No hay de otra.

Otra colaboración del autor: ¿Respetará AMLO el proceso electoral?

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