Arranca la sucesión presidencial y Claudia sale adelante de Marcelo

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En política ninguna victoria es para siempre ni hay derrotas definitivas. Quienes se deciden por ese extraño camino lo saben. Las y los mexicanos lo hemos vivido también. Ni Fox sacó al PRI de Los Pinos ni Ricardo Anaya está en la lona de nada. Al PRI, ya sabemos, no hay que darlo por muerto.

Lo que sí cambiaron ya son las formas y tiempos de la política nacional. El presidente Andrés Manuel López Obrador pareció dar el banderazo de salida a las y los aspirantes a la presidencia

En una mañanera, hace unos días, dijo que había muchas personas que podían hacer el relevo generacional de la llamada cuarta transformación. Y los nombró: Claudia, Marcelo, Rocío Nahle, Juan Ramón de la Fuente, Esteban Moctezuma… 

La masa presuntamente analítica de la política nacional cambió de especialidad en un santiamén. De epidemiólogos pasaron a politólogos en redes sociales y vieron en ese discurso presidencial el arranque de la sucesión presidencial, aunque aún faltan tres años para esas elecciones.

Más allá de las especulaciones y notas de supuestas reuniones de lanzamientos, lo que es un hecho es que las piezas del tablero de la política nacional se han comenzado a mover. O mejor dicho, el presidente las ha comenzado a mover.

En Palacio Nacional corre un rumor muy fuerte: el presidente le pidió a la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, que comience a subirse a los temas nacionales. La quiere ya en el ring. 

Y el nombramiento de Martí Batres -actual senador de la República, ex presidente de Morena en la Ciudad de México y conocido operador electoral- como secretario de Gobierno de la capital responde más a una lógica electoral que de gobierno. 

Martí es un operador forjado en los callejones del bejaranismo y llega al gabinete de Sheinbaum a tratar de arreglar el tiradero que le arrebató a Morena el poniente de la capital.

Enemigo cantado de Ricardo Monreal, Martí deberá frenar las ansias electorales del senador zacatecano que no está incluido en la lista de posibles sucesores de AMLO porque, simplemente, no tiene oportunidad. Su traición al morenismo y el apoyo a la oposición en la alcaldía Cuauhtémoc terminaron por enterrar sus ya de por sí bajas posibilidades.

El otro contendiente serio, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, camina por arenas movedizas. El accidente de la Línea 12 del Metro causó muchísima molestia al interior de Palacio Nacional. Algunas versiones en las oficinas más cercanas al presidente lo dan por muerto dadas las consecuencias que la caída de ese sistema de transporte tuvo en los resultados de las elecciones del 6 de junio pasado.

Acostumbrados como estamos a las formas del priismo, las y los observadores de la política nacional hemos asumido que la candidatura presidencial de Morena en 2024 la decidirá el presidente López Obrador, aunque nadie sabe con certeza qué va a ocurrir en ese partido.

Es más, para como están las cosas, ni siquiera es seguro que Mario Delgado continúe al frente de Morena.

Lo que definitivamente no se debe descartar es que el ánimo presidencial sea fundamental a la hora de definir candidaturas en 2024. Y en este momento en particular el ánimo presidencial está con la jefa de gobierno de la Ciudad de México.

La duda es: ¿aguantará Claudia los tres años de golpeteo que se le vienen? 

Otro título del autor: Ricardo Peralta, en la mira de la UIF por su actuación al frente de las aduanas

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