La noche triste de la derecha chilena

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México, obsesionado con sus elecciones próximas y sus conflictos internos, ignoró casi por completo el evento histórico que sucedió este fin de semana en Chile. Sin embargo, es importante entender qué pasó en el país sudamericano y recordar que siempre podemos aprender lecciones de otros países.

Chile llevó a cabo las elecciones para elegir a la Convención Constituyente (la palabra “Asamblea” era demasiado chavista) que redactará la nueva Constitución del país. La elección se realizó tras una inédita movilización popular a finales de 2018 – “estallido social” le llamaron – que puso al gobierno del derechista Sebastián Piñera contra las cuerdas y obligó a la rancia élite política de ese país a aceptar la urgencia de cambiar su carta magna.

Todo empezó por el precio del Metro, cuando un grupo de chicas adolescentes se negaron a pagarlo. Y el gobierno siguió el manual de todo lo que puedes hacer mal en una protesta social: primero ignorarla, luego condenarla, luego reprimirla con ferocidad. Las violaciones a los derechos humanos se cuentan por miles, y lo único que lograron fue encender más la ira y frustración de las personas de Chile.

Al final, con toques de queda, muertos, heridos y una aprobación de un dígito, el gobierno y el establishment cedieron, aceptando que se convocara a un plebiscito para decidir si se construía un nuevo pacto social, dejando atrás la Constitución redactada entre cuatro paredes por Augusto Pinochet y su círculo de hierro.

Llegó la pandemia y la elección se tuvo que posponer. Finalmente se realizó el 25 de octubre, y el resultado fue abrumador: casi el 80% de la población votó por una Convención Constituyente. Los sectores progresistas lucharon por que tuviera representación indígena y que hubiera paridad entre hombres y mujeres. La resistencia de la derecha y gran parte de la agotada Concertación – la histórica alianza de la Democracia Cristiana con el Partido Socialista y otros – fue inútil, porque también era indefendible. 

La derecha, aglutinada en el pacto Chile Vamos, invirtió en sus candidaturas, postulando a muchas personas que estuvieron explícitamente en contra de una nueva Constitución. Destaca Marcela Cubillos, una vieja representante del pinochetismo, que llamó a votar contra la Convención porque le parecía que los constituyentes eran “muy caros”. Apenas se supo el resultado, anunció que ella postularía a uno de esos cargos con sueldos excesivos.

Las listas se nutrieron de cientos de candidatos y candidatas independientes, personas que jamás han ocupado un cargo público. Los bloques históricos se aglutinaron. La derecha en Chile Vamos y en lo que allá se entiende como “centro izquierda”, la Concertación se unió en  la lista “Apruebo”. 

La nueva izquierda chilena, más joven y osada, creó su propia lista, Apruebo Dignidad, en alianza con el también envejecido Partido Comunista. Pero en su mayoría, las candidaturas eran ajenas a los partidos.

Llegó la votación. Por primera vez sería en dos días – sábado y domingo – en lugar de uno solo, como se acostumbra. Además de elegir constituyentes, el votante eligió alcaldes y gobernadores; estos últimos, también por primera vez – hasta ahora, todos los intendentes eran impuestos por la presidencia, un país centralista.

La tensión corrió todo el fin de semana. La izquierda y las fuerzas progresistas veían con horror las casillas vacías. La gente casi no fue a votar el sábado, que cerró con menos del 30% de participación. Hervían las redes sociales con llamados a votar, reprochando que la movilización había sido un primer paso pero ahora venía lo más importante.

El domingo más personas fueron a votar, pero aún sin gran afluencia. “Es que hacía mucho frío” se leía en los mensajes públicos. 

Al final, los resultados empezaron a darse a conocer. A pesar de la falta de participación – un millón menos de personas que en el plebiscito – la nueva brújula política de Chile se reveló.

Chile Vamos, la derecha, logró 37 escaños de 155; esto es grave para su sector, ya que no tiene el tercio de votos necesarios para vetar lo que no le parezca en la nueva Constitución. La lista Apruebo, de la Concertación, solo alcanzó 25 puestos, y la alianza Apruebo Dignidad – Frente Amplio más PC – logró 28. Los independientes lograron 48 lugares, contra todo pronóstico. De igual forma, 17 puestos quedaron en manos de pueblos originarios.

Así, se crea una nueva forma de política en Chile: la horizontalidad. Los viejos políticos tendrán que dialogar con toda una nueva especie para ellos: la sociedad civil, que incluye indígenas, mujeres, LGBT+ y líderes comunitarios.

Además, la derecha chilena fue avasallada en las alcaldías y gubernaturas. Su candidata a gobernar la Zona Metropolitana de Santiago quedó en cuarto lugar. 

Una verdadera noche triste para la derecha, que ahora entra en fase de conflicto interno repartiendo culpas y acusaciones sobre los motivos del fracaso.

¿Saldrá Chile de esta aventura con una mejor Constitución? Difícil que sea peor: es la carta magna más neoliberal del continente. Es justo decir que el estallido social no fue ningún accidente.

Falta tiempo y habrá que ver el nivel de debate con el que se lleva a cabo la redacción de la nueva Constitución, pero será una en la que al menos estará presente la voz de una sociedad diversa y compleja. 

No va a ser fácil – nunca lo es – pero será al menos un ejercicio democrático. Uno que a Chile, y a toda Latinoamérica, le hace mucha falta.

Otra colaboración del autor: Las historias detrás de la tragedia

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