Conflicto palestino israelí en 2021: una escalada de tensiones con un nuevo rostro

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Por: Mariana Guevara Carranco

El conflicto palestino-israelí es una de las conflagraciones más complejas del escenario internacional, tanto por su entramado político-social como por su duración y el impacto directo que tiene hacia los civiles, principalmente, el pueblo palestino.

Mayo de 2021 ha sido el momento de desbordamiento de tensiones acumuladas desde meses anteriores, particulares factores internos de Israel y Palestina, así como circunstancias externas que se sumaron hasta que la violencia se desató.

Haciendo un recuento breve, las ya difíciles condiciones de vida de los palestinos en los territorios ocupados por parte de los controles, restricciones y asedio territorial por parte del gobierno de Benjamin Netanyahu, se vieron empeoradas por una circunstancia que afectó a nivel mundial: la pandemia por COVID-19. 

En  enero de 2021, Amnistía Internacional señaló el incumplimiento de Israel como potencia ocupante para proporcionar de manera equitativa las vacunas contra el COVID-19, argumentando que los planes de vacunación eran discriminatorios para la población palestina de la Franja de Gaza y Cisjordania.

Asimismo, esta situación agudizó la crisis de la ya asfixiada economía palestina, que encendió pequeños focos rojos de atención de la comunidad internacional ante la escasez de insumos de la canasta básica y en materia de salud.

No obstante, la escalada de las tensiones observadas en mayo de 2021 tiene su origen en una serie de acciones restrictivas por parte del gobierno israelí. Por una parte, durante el mes sagrado del Ramadán, la irrupción en la mezquita de Al-Quds provocando destrozos y restringiendo el acceso. Simbólica, política y socialmente, estas acciones son una afrenta grave para la comunidad musulmana, aumentando considerablemente la molestia social.

Otro punto fundamental para entender el contexto del conflicto actual es lo ocurrido en el barrio de Sheij Jarrah en Jerusalén oriental, en donde familias palestinas fueron desalojadas como parte de las acciones sistemáticas de despojo de Israel con el fin de continuar apoderándose de espacios de Jerusalén. Es importante mencionar que en la parte Este de la ciudad se encuentran los principales sitios religiosos para musulmanes, judíos y cristianos y se ha enfrentado a un constante arribo de colonos israelíes con apoyo del gobierno.

Este nuevo desacuerdo contribuyó a enardecer aún más la molestia por parte de palestinos y empoderó a grupos israelíes de extrema derecha; se presentaron manifestaciones brutalmente reprimidas por parte de las fuerzas de Israel y comenzaron a presentarse encuentros violentos entre israelíes y palestinos por la disputa de pertenecia del barrio de Sheij Jarrah.

La postura del gobierno de Netanyahu se mantuvo aún más inflexible y la represión y restricciones se agudizaron; por ejemplo, la UNICEF informó que se le restringió el acceso a ambulancias para poder atender a niños heridos tras los primeros enfrentamientos.

Por otra parte, para poder entender el trasfondo de este momento, es necesario también conocer los complejos procesos internos para Israel y Palestina. La administración de Benjamin Netanyahu se encuentra debilitada políticamente debido de las acusaciones e investigaciones por corrupción, por lo que tuvo que ceder a las presiones de las alas más conservadoras y radicales de la extrema derecha israelí con el fin de mantener el apoyo de estas facciones en su pugna interna.

En el caso palestino, a mediados de mayo se pretendían llevar a cabo elecciones por primera vez en más de diez años. Pero el gobierno de Mahmoud Abbas del partido Fatah se encuentra debilitado y se pronosticaba que no ganarían estas elecciones, empoderando posiblemente a Hamas.

Los conflictos bilaterales, el hartazgo social por parte de Palestina y los procesos internos detonaron en un enfrentamiento abiertamente bélico. El 10 de mayo Hamas lanzó un ataque con cohetes hacia Israel, si bien este último cuenta con un sofisticado (y exitoso) sistema de defensa antimisiles llamado Iron Dome, la estrategia de Hamas fue enviar masivamente cohetes los cuales, en su mayoría, fueron interceptados por el sistema de defensa; unos pocos lograron traspasarlo.

La respuesta de Israel ha sido desmedida: bombardeos masivos aparentemente en espacios donde identifica la ubicación de líderes estratégicos de Hamas. Hace unos días bombardeó el domicilio de Yahya Sinwar, jefe del buró político de este grupo. El grave problema de la estrategia del gobierno de Netanyahu es el extenso daño colateral infringido hacia civiles palestinos inocentes.

Según el Ministerio de Salud Palestino, al 19 de mayo se contabilizaron 227 muertos, incluidos 64 niños, así como 1620 personas heridas.

La estrategia de castigo colectivo de Israel ha llenado de indignación a la sociedad internacional con manifestaciones alrededor del mundo en apoyo al pueblo palestino. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, condenó la última oleada de violencia e instó a las partes a un cese al fuego ante el creciente aumento de víctimas civiles, principalmente palestinas.

Pese a contar con el apoyo de algunos Estados derivado de la categorización de Hamas como un grupo terrorista, las acciones de Israel por parte del gobierno de Netanyahu han sido fuertemente criticadas y cuestionadas. Con todo, ha declarado que los ataques no cesarán y continuarán con toda su fuerza. 

Si bien han ocurrido escaladas de violencia similares en otros años, la viralización de las acciones de represión, los estragos de los ataques y la personalización de las víctimas a través de las redes sociales mediante la visibilización, han propiciado un flujo masivo de información que ha decantado a la opinión internacional a censurar enérgicamente las acciones del gobierno de Israel, calificandolas como desmesuradas e inhumanas.

El 15 de mayo Israel bombardeó un edificio en la Franja de Gaza que albergaba las oficinas del medio de comunicación Al Jazeera y Associated Press; ha instado a plataformas como Tik Tok a bajar videos testimoniales de los estragos de los bombardeos y su cuerpo diplomático alrededor del mundo ha intentado obtener el apoyo de los gobiernos a sus acciones calificándolas de legítima defensa.

Los únicos ganadores, hasta el momento, estan a nivel de grupos políticos. Un Benjamin Netanyahu respaldado por la extrema derecha israelí ante una respuesta muy dura frente a Palestina, y un Hamas posicionado como el poder fáctico en la Franja de Gaza, que poco a poco buscará posicionarse también en Cisjordania.

La apuesta del pueblo palestino en estos momentos puede ser la opinión pública, el apoyo internacional y la presión que se pueda ejercer desde el exterior a Israel. El justificar sus acciones en el marco del combate al terrorismo únicamente traerá pérdidas catastróficas a civiles inocentes.

Es sumamente difícil encontrar las acciones de Israel como válidas, teniendo en cuenta los antecedentes históricos del conflicto de despojo, represión e intimidación sistemática. Se ha sumado ahora la visibilización de los rostros de familias despojadas de sus hogares, de niños pequeños rescatados de los escombros o muertos por un bombardeo al edificio donde habitaban con sus familias.

El rostro sonriente de jóvenes palestinos arrestados por participar en las diferentes manifestaciones, algunos golpeados o maltratados, nos indica que hay una nueva generación que busca hacerle frente a un gigante militar en uno de los conflictos asimétricos más complejos de la realidad internacional: una generación que opta por la visibilización no sólo de la tragedia, sino también de la dignidad y la resistencia.

Artículista invitada de Global Thought

@GlobalThoughtMx

Mariana Carranco: @mariannepucca

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