Republicanos vs. Demócratas: la crisis de identidad partidaria en EU, parte uno

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La jornada electoral del próximo 3 de noviembre marcará de manera trascendente el futuro político de los Estados Unidos de América, en el corto y mediano plazo. 

La contienda en este caso podría superar el plano de la rivalidad política y tender hacia la redefinición ideológica de los partidos políticos. Pero ¿quiénes son los Republicanos y quiénes los Demócratas? Ofrezco aquí un análisis mínimo de los perfiles de ambos partidos en dos entregas.

El partido Republicano es también conocido (autonombrado) como el Grand Old Party (GOP) precisamente por extender sus anclajes históricos (más ideológica que factualmente) hasta la defensa patriota de la Unión por parte de Abraham Lincoln y la lucha en contra de la institución del esclavismo preponderante en el Sur. 

Durante finales del siglo XIX y principios del XX los Republicanos representaron el motor “modernizador” y “corporativista” de la política interior y exterior de los Estados Unidos

La presidencia del Demócrata Franklin Delano Roosevelt, y su política de reconstrucción económica tras la crisis de 1929 llamada Big Deal, acabó por definir el perfil económico y político del partido Republicano como uno que llamaba a defender la autonomía de los estados y del libre mercado ante el activismo (intervencionismo) económico del gobierno federal.

Más tarde, tras la proclamación de las Civil Rights Act y Voting Rights Act para garantizar los derechos políticos y sociales de los ciudadanos negros –especialmente en el Sur– a mediados de los años 60s, la élite política “blanca” del Sur se terminó por convertir en una importante base electoral del partido Republicano; y la resolución de la Suprema Corte de los Estados Unidos en el caso de Roe v. Wade acabó por alinear a los conservadores sociales bajo la égida de los republicanos. 

Finalmente, la presidencia de Ronald Reagan definió el carácter neoliberal de un partido Republicano que aboga por la disciplina fiscal y la desregulación como base del crecimiento económico.

De manera muy general, entonces, quienes se denominan Republicanos son socialmente conservadores y económicamente liberales; consideran fundamental la preservación de los valores y los roles sociales tradicionales (especialmente de corte cristiano), insisten en que la libertad reside en su capacidad de defenderse en contra del incremento y abuso de poder por parte del gobierno central (por eso su simpatía por el derecho a poseer y portar armas y la organización de milicias) y, consecuentemente, detestan el establecimiento y cobro de impuestos federales, los cuales, les parece, simplemente sostienen una enorme burocracia nacional y patrocinan la corrupción en Washington D.C.

Durante los últimos 20 años el partido Republicano ha sufrido una crisis de identidad debido a que en su interior se han formado asociaciones y agrupaciones que han desafiado a la cúpula. 

Entre estas se destacan por su radicalidad las asociaciones Freedom Works y el National Tea Party que desde el interior del partido han propugnado por una agenda fiscal ultraconservadora; los evangelistas (entre otras denominaciones) que patrocinan una agenda social del mismo estilo, y una serie de grupos y milicias articulados alrededor de una retórica que dice defender la “verdadera América”, blanca y cristiana

Es precisamente la desarticulación entre la cúpula del partido y estas facciones lo que en 2016 permitió el ascenso de Donald Trump a la candidatura y a la presidencia del país

También es esta misma desarticulación la que está al centro de la campaña de reelección del presidente. Aún más, precisamente esta desarticulación es la que, de no dar inicio a un nuevo perfil político integral del partido Republicano, terminará por seguir hundiendo al partido o lo forzará a su próxima realineación.

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