La vida después del COVID-19

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En estas semanas todos hemos escuchado las distintas declaraciones en referencia a la crisis sanitaria y económica; comentarios de líderes de opinión, amigos o específicamente de los jefes de Estado alrededor del mundo tratando de levantarnos el ánimo: “Saldremos fortalecidos”, “Somos herederos de culturas milenarias que han superado pestes”, “Strong and united we will prevail”.

¿Será cierto?

¿Será cierto para la viuda de un paciente contagiado de COVID-19 que bajo los criterios de selección de la guía de bioética no fue elegido a ser asistido por falta de una cama con respirador? ¿Será cierto para la niña que sobrevivió su nacimiento mientras la mamá no lo logró? ¿Será cierto para los millones de personas alrededor del mundo que estarán cargando una caja con sus pertenencias, cabizbajos y con la incertidumbre en todo el cuerpo, al haber sido despedidos y no saber qué hacer?

¿Será cierto para la esposa que fue golpeada o denigrada frente a sus hijos durante el encierro? ¿O para muchas enfermeras que fueron amenazadas y golpeadas como lo informa la Secretaría de Gobernación? ¿O quizás para los doctores o los parientes del personal del centro de salud que todos los días regresaron al trabajo, sin el equipo necesario, con el riesgo de ser contagiados y al final, si murieron?

¿Será cierto que saldrá más fuerte la doctora que vio morir a sus pacientes o el niño que dijo adiós a su papá en la entrada de un hospital para volverlo a “ver” el día del entierro?

Y es que no deja de rebotarme la misma pregunta dentro de la cabeza: ¿Saldremos fortalecidos? ¿Saldrán fortalecidas las familias que preparan la mudanza porque el banco embargó su casa al no poder pagar la hipoteca? ¿O será que las culturas milenarias pueden genéticamente ayudar a los empresarios que defendieron la nómina, pagaron impuestos, aguantaron lo más que pudieron, pero al final se quedaron sin empresa?

Es importante mencionar que no me refiero a las empresas más grandes de México, ni a las que se hablan en los medios, ni a las que tienen pleito casado con el Presidente y dirigen las cúpulas empresariales. No, me refiero a las miles de MiPyMeS que tampoco entran en los parámetros de los programas de apoyo del gobierno y que dan millones de empleos, me refiero a ese grupo fundamental de toda economía y a que hoy, muchas, están en la cuerda floja.

Y es que el riesgo está latente, el riesgo de que en muchos casos salir fortalecido se trate “de la desaparición de los más débiles”, como lo explica el presidente de la editorial GallimardAntoine Gallimard, que hoy se enfrenta al emporio de Amazon.

Por otra parte está el riesgo de entender que salir fortalecidos se basa en la resiliencia del pueblo mexicano a las constantes adversidades y que al estar “jodidos” estamos acostumbrados a sobrevivir y no esperar que se tenga ni una cama con ventilador porque por generaciones la muerte a falta de servicios de salud ha sido algo común y corriente, como lo es en la mayor parte de la sociedad, esa población a la que no le hemos dado las herramientas para salir del pozo en el que sobreviven ni hemos incluido en nuestro aparente crecimiento.

Pero en toda tormenta “a río revuelto, ganancia de pescadores“. Porque en otros casos salir fortalecidos será ver cómo muchos hijos de políticos, supuestamente “emprendedores” venden respiradores con sobreprecio aprovechando la emergencia. O como cuando tratan de pasar una nueva iniciativa de ley para no tener que depender del Congreso en el manejo de los recursos.

O cuando los cárteles de la droga regalan despensas para fortalecer su presencia benefactora en la sociedad mientras los homicidios no bajan. Sí, a veces puede ser que salgas fortalecido cuando un evento desafortunado te cae “como anillo al dedo” o cuando lo usas para fines electorales y para crecer tu extensión de poder.

Es muy difícil determinar cómo estaremos después de una tragedia de esta magnitud. Durante la Primera Guerra Mundial a miles de soldados tuvieron que amputarles alguna parte de su cuerpo para sobrevivir, la medicina respondió como nunca con el desarrollo de prótesis gracias a esta masacre, pero el soldado, en verdad, ¿volvió a sentir su pierna?

No cabe duda que debemos intentar reinventarnos, buscar ser la luz de la tormenta que no crece pisoteando a los otros; intentar ser ese donante de plasma que salva una vida con sus anticuerpos, o ser ese paciente asintomático que de forma silenciosa y sin saber que estaba contagiado se queda en casa y salva vidas.

Ser parte de ese grupo de personas que se organiza para ayudar a “ayudar”, como en www.ayudarcovid19.org.mx, o los que en su sala arman despensas para regalar a los que lo necesitan. Ser esa maestra que venció los tabúes tecnológicos e impartió clases a distancia. Ser el que sigue trabajando porque no queda de otra y lucha por salir adelante de forma honesta. Ser el empresario que busca redistribuir de mejor forma los ingresos. Ser esa clase política que entiende el bien común sin resentimientos.

Entonces: ¿Si saldremos fortalecidos?

No lo sé, lo dudo mucho, lo que sabemos es que no vamos a ser los mismos, la sociedad no va a ser la misma, la forma en la que nos acercaremos a la vida será distinta. Muchos de los hábitos que se tenían antes de esta crisis desaparecerán o se modificarán y otros habrán de reinventarse.

Se cuestionarán nuestras jerarquías y nuestras fronteras ideológicas, sociales, políticas y económicas. También dependerá de la forma en la que trasmitamos esta experiencia a nuestros hijos, en la solidaridad, en aprender a compartir el conocimiento, en ver más allá del flujo del capital y en ese sentimiento de empatía con los otros.

Como lo dijo Vaclav Havel, ex presidente de la antigua Checoslovaquia: “No soy optimista porque no estoy seguro de que todo saldrá bien. Tampoco soy pesimista porque no estoy seguro de que todo saldrá mal. Sólo llevo la esperanza en el corazón”.

No dejemos de latir.

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