¿Más o mejores partidos?

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En democracia, los ciudadanos se organizan en partidos políticos y presentan candidatos y plataformas electorales, y es el voto mayoritario el criterio para decidir quién ejercerá el poder por un periodo acotado, sin rebasar lo que expresamente le permitan las funciones, facultades y atribuciones legales de su cargo. 

Así, los partidos políticos son un engrane fundamental de la maquinaria democrática, de manera que si este engrane tiene disfunciones afectará negativamente el rendimiento y la calidad de la democracia. 

¿Qué número de partidos es, entonces, adecuado para el correcto funcionamiento de la democracia? No hay una respuesta universal, válida para todos los casos, ya que dicho número dependerá, entre otros factores, de la complejidad y diversidad políticas y sociales prevalecientes así como del grado en que el sistema de partidos logre representar a las mismas.

Hay países que han funcionado básicamente bien con tan solo dos partidos; no obstante, existen sociedades muy heterogéneas y diversas en las que sin duda sería insuficiente un par de partidos. Por supuesto, tampoco es conveniente la proliferación incontrolada de partidos políticos pues llevaría a la atomización del sistema de partidos y a una fragmentación política difícil de procesar para la toma de decisiones. 

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Para lograr sistemas de partidos que expresen la pluralidad política de una sociedad compleja y, a la vez, evitar un número excesivo de partidos poco representativos, en los sistemas electorales existen mecanismos como el registro de partidos políticos y el umbral electoral.

El registro es otorgado por la autoridad electoral a aquellos partidos que demuestren ser suficientemente representativos e inscribir su acción y sus propósitos dentro de los márgenes de la legalidad. Por su parte, el umbral electoral consiste en un determinado porcentaje de la votación que los partidos registrados deben alcanzar como mínimo, para poder mantener el registro. Si el porcentaje del umbral crece, sólo los partidos verdaderamente representativos —cuando menos en términos electorales— lograrán la votación exigida y, en consecuencia, conservarán su registro.

En efecto, mientras el registro de los partidos políticos es la puerta de entrada, que siempre hay que tener abierta porque corresponde a un derecho ciudadano, el umbral electoral equivale a la puerta de salida, que también debe estar abierta para ser cruzada por los partidos poco representativos. Regulando el “tamaño” de ambas puertas se puede controlar el número de partidos registrados y, hasta cierto punto, que se trate de partidos representativos, con respaldo electoral.    

A los siete partidos políticos que en México tienen registro ahora tenemos que sumar otro que, aunque no tan nuevo, en días pasados obtuvo su registro. Así, si el Tribunal Electoral no dispone otra cosa, en las elecciones de 2021 los ciudadanos tendremos en la boleta electoral ocho opciones partidistas o bien el número de coaliciones que logren formar entre ellas.

Llama la atención que de las 106 organizaciones que inicialmente manifestaron al  INE su intención de participar en el proceso para obtener su registro como partidos políticos, finalmente sólo una lo logró. Por otra parte, las encuestas siguen reportando una importante y ya tradicional desafección ciudadana hacia los partidos políticos, pues amplias franjas de electores no encuentran por quién votar a pesar de que en la boleta se presenten varias opciones. 

Para estos ciudadanos la disyuntiva es abstenerse o votar por el candidato que consideren “el menos malo”, pero ninguna de las alternativas les resulta grata. El debate sobre el voto nulo en pasadas elecciones da testimonio de que la oferta partidista ha sido insatisfactoria para sectores importantes de la sociedad.  

Esta situación ha motivado opiniones en el sentido de que es conveniente reducir los requisitos a las organizaciones que aspiran a obtener su registro como partidos políticos, con lo que se  “oxigenaría” al actual sistema de partidos. La idea subyacente es que si aumenta el número de partidos registrados también aumentará la representatividad del sistema de partidos. 

Sin embargo, esta ecuación no necesariamente es cierta, pues debe tomarse en cuenta que hay partidos que a pesar de lograr el registro, no significan una mejoría en la oferta política que el sistema de partidos pone ante los electores como posibilidad de ser representados. La abundancia, diversidad y colorido de la oferta no siempre está asociada a la mejor calidad del producto, como puede apreciarse mediante una somera revisión del perfil de las siete organizaciones que llegaron a la última fase del proceso para obtener el registro, incluida la única a la que lamentablemente le fue otorgado. 

Pueden o no ser disminuidos o flexibilizados los requisitos para que los partidos obtengan el registro electoral y se puede incrementar o reducir el número de partidos registrados, no obstante, lo que de manera autocrítica debería preocupar a los partidos, con o sin registro, es mejorar su representatividad política y social y así  evitar que se amplíe la brecha que los separa de los ciudadanos.

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