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Palabras del sexo

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Los vocablos del sexo están bajo fuego, detrás de los barrotes de la censura de lo políticamente correcto, como si esas partes no existieran en nuestro cuerpo, como si su sola mención despertara instintos extraños y nos empujara al libertinaje y la perdición. Las palabras del sexo están bajo fuego, como si al calcinarlas se eliminara el riesgo de incendiarnos con el placer que nos provocan.

Hace poco me invitaron a una transmisión en vivo por YouTube. Era un canal de recomendaciones de libros con un formato divertido, ligero, amable; me convocó un lector de mi obra y siempre me provoca una gran alegría ser considerada como alguien que tiene algo interesante por compartir. La mañana de la noche de la transmisión subieron a Instagram el post con la imagen de la entrevista. El primer párrafo muy bien; el segundo hizo que llegara a mí una sensación incómoda. Decía así:

“Advertencia: actividad dirigida exclusivamente para audiencias mayores de 18 años. Puede tener contenido sobre violencia extrema, adicciones, sexualidad explícita y/o lenguaje soez”. 

Mi primer pensamiento fue como casi todos mis primeros pensamientos en estos casos, con algo de humor negro. No pude evitar imaginarme vestida con pantalones y chamarra de cuero (de cuero, cuero, no de esas imitaciones tan de moda), tacones de aguja de 18 centímetros con plataformas de 10 (de profesional, como alguna vez me dijeron), los ojos delineados con sombras muy oscuras, labios pintados de rojo, el pelo recogido en una cola de caballo desde la mollera hasta media espalda y un AK-47 humeante entre las manos, recién disparado hacia varios hombres vestidos de esmoquin tirados en el suelo con los ojos abiertos en gesto de asombro.

Mi segundo pensamiento fue sarcástico, al leer esa advertencia era yo una señora de 43 años con un vestido negro de botones al frente, la cara lavada y los dedos sobre las teclas de una computadora donde escribía una carta para la niña de 13 años que fui porque quería felicitarla por haber conseguido vivir en su propio cuento de hadas; eso sí, con múltiples príncipes de todos los colores (sus favoritos, los negros y los violeta, los azules le resultan demasiado emocionalmente distantes y los amarillos irracionalmente optimistas) y que aprovechaba el tiempo de la mañana para trabajar antes de recoger a sus dos hijos de la escuela

Mi tercer pensamiento fue indignación. A fin de cuentas hice la entrevista, la gocé, la atesoro y comuniqué mis inquietudes a mis anfitriones, quienes los tomaron con apertura y amabilidad.

Otra muestra de la censura es TikTok, esa red social tan popular que ha sido muy poco amable conmigo: me ha bajado una cantidad considerable de videos con imágenes sugerentes y palabras muy cuidadas con el objetivo de evadir a los censores de la moral sin que hasta ahora entienda yo bien cuál es la solución (no, la solución no es eliminar mi cuenta y hacer como que la red social más importante del momento es inexistente).

¿Decir “vagina” es lenguaje soez? ¿Narrar relaciones sexuales consensuadas entre adultos es violencia extrema? ¿Que mis personajes beban vino es fomentar las adicciones? No lo creo. Lo de indicar que algo es para mayores de edad me parece de lo más atinado, yo misma, como ya mencioné, soy mamá de dos adolescentes y claro que me interesa cuidar los contenidos a su alcance. Blanquear los mensajes como si el sexo, el erotismo y el deseo no existieran sí me parece absurdo.

Ojalá desde niños nos enseñaran que la vulva se llama vulva y no “conchita”, que el pene se llama pene y no “pilín”; esto quizás haría que “te molesta porque le gustas” se llamaría “acoso” y “tu tío es cariñoso contigo porque te quiere” se llamaría “abuso”.

Lenguaje soez es el que se usa para justificar la violencia, la violación, el asesinato, el abuso, el acoso, el crimen, el silencio. Violencia extrema es todo lo terrible que sucede en el anonimato y la seguridad que le da a los perpetradores saber que saldrán impunes gracias a las personas “buenas” que prefieren ignorar sus crímenes en contra de la humanidad, como si al hacer caso omiso de ellos estuvieran protegidas del peligro.

Por eso hoy quiero invitarte a apropiarte de las palabras que definen las partes de tu cuerpo, las que definen el placer que experimentas al transitar por la vida y gozar de momentos de tristeza o deleite; a fin de cuentas son lo que deja en evidencia el paso de la vida por tu piel.

Así que repite conmigo: pene, vagina, vulva, escroto, pechos, coger, follar, gemidos, pezones, orgasmo, semen, masturbarse, nalgas, testículos, sexo. 

Y ojalá este texto no resulte, también, víctima de censura. 

Más de la autora: Penes o piolines

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