Luces y sombras de la participación de AMLO en el Consejo de Seguridad de la ONU

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El día de ayer Andrés Manuel López Obrador hizo uso de lo que probablemente será la plataforma internacional más importante a la que tenga acceso durante su mandato. Con el pretexto de la inauguración de la presidencia temporal del Consejo de Seguridad que ejerce la representación mexicana ante la Organización de Naciones Unidas, el presidente López Obrador realizó una declaración que dio pie a un debate sobre el tema de desigualdad y seguridad.

Cabe resaltar que a pesar de su resistencia a participar en eventos y foros internacionales, López Obrador presentó un discurso sobrio; saliéndose sólo excepcionalmente del guión. 

A diferencia de mandatarios que han usado los micrófonos de la organización para despotricar contra el imperialismo, la inoperancia de la sociedad internacional o el servilismo de la misma organización, AMLO utilizó un tono principalmente propositivo.

Su crítica hacia la grave situación de desigualdad en el mundo y al problema que representa la corrupción (en un sentido muy general) le condujo a exponer la vinculación entre desarrollo y seguridad que es el tema hacia el que la Misión de México quiere mover, durante su presidencia, al Consejo de Seguridad.

El eje central de la declaración fue el anuncio de la propuesta que hará la representación de nuestro país ante la Asamblea General para el lanzamiento de un Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar y es aquí donde se presenta su más importante problema. 

Este Plan Mundial es una expresión burda de un intento de globalizar los programas sociales del gobierno de López Obrador basado en su percepción, errónea, de que la ONU es “lo más parecido a un gobierno mundial y que puede llegar a ser el organismo más eficaz para el combate a la corrupción y el más noble benefactor de los pobres y olvidados de la Tierra” (además del problema de la obtención y administración de los fondos que serían necesarios).

No sabemos de dónde obtuvo el señor presidente esta versión tan inocente e históricamente errada, pero será precisamente por las razones opuestas que el Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar probablemente no llegará a ser ni la letra muerta que desde hace tiempo es aquella Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados de diciembre de 1974 propuesta por el gobierno de Luis Echeverría (coincidencia que da vuelo a la imaginación de quienes insisten en calificar el gobierno obradorista como una vuelta al pasado).

Sin embargo, es importante señalar que la relevancia de la intervención de López Obrador en la sesión del Consejo de Seguridad reside en un nivel distinto. Una interpretación simplista y rústica de dicha intervención interpretaría que ese discurso debía ser pronunciado ante la Asamblea General y no ante el Consejo de Seguridad de la organización, pero el discurso parece jugar un rol distinto. 

En este punto se debe aclarar que el trabajo de la Secretaría General, la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU no siempre es tan coordinado ni sus relaciones tan tersas; esto sucede especialmente en los casos en que el Secretario General toma una postura proactiva y/o activista dentro de la organización (hay que ver cómo le fue a Butros Butros-Ghali, secretario general entre 1992 y 1996). 

Es por eso que no se puede entender el discurso de López Obrador sin poner atención al discurso ofrecido en la misma sesión por parte del actual secretario general, António Guterres, cuyo tono es muy parecido al del presidente mexicano; y esto no es porque sean comparsas entre ellos sino que la agenda personal de Guterres ha sido insistir en que la ONU debe hacer mucho más para coadyuvar con la reducción de la enorme brecha entre los que más y los que menos tienen en el mundo, ligándolo al tema de seguridad. 

El discurso de López Obrador (y la presidencia de México) sirve como cuña a Guterres para intentar alinear lo más posible el trabajo del Consejo de Seguridad al proyecto general del secretariado. 

Ese proyecto es muy claro y está expuesto en el Informe de la Secretaría General titulado Our Common Agenda publicado en septiembre pasado. En este, el Secretario General hace un llamado a la “renovación del contrato social basado en los derechos humanos” con una “protección social universal que incluya acceso a la salud y a un ingreso básico”. 

Entiéndase pues que la presentación del Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar a la Asamblea General por parte de la misión de México, mientras preside el Consejo de Seguridad, será una de esas raras probabilidades que tiene un Secretario General de alinear las tres instituciones bajo el paraguas de su proyecto. 

Y aunque la propuesta del Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar fracasara, para desilusión de López Obrador, posiblemente sirva de punto de entrada para un debate más profundo sobre el proyecto de renovación del contrato social, para beneplácito de Guterres. Ambos proyectos, sin embargo, se suman tanto al énfasis en la recuperación económica que se presentó como prioritario durante la pasada reunión del Grupo de los 20 como al imperioso llamado a lidiar con el problema del cambio climático expresado durante la COP 26, generando la sensación de que la agenda internacional está gravemente fragmentada frente a problemas que parecen, todos, de muy alta urgencia.

Otra colaboración del autor: Los bombos y platillos del Diálogo de Alto Nivel de Seguridad entre México y Estados Unidos

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