La patria petrolera a la deriva

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La compra del 100% de las acciones de la refinería Deer Park, en Texas, Estados Unidos por parte del gobierno mexicano en 600 millones de dólares a la empresa petrolera holandesa Shell ha provocado una ola de comentarios a favor y en contra.

El presidente obviamente festejó la adquisición, pagado al contado, diciendo que “el petróleo es el mejor negocio del mundo”. También expresó la intencionalidad política detrás de la compra: “Lo más importante es que en 2023 seremos autosuficientes en gasolinas y diésel: no habrá aumentos en los precios de los combustibles”. Faltó decir que producir más y más petróleo es hacer patria.

La mañanera del miércoles 26 de mayo fue una fiesta, llena de alabanzas por parte de los funcionarios presentes hacia el presidente por su “voluntad y decisión política” para llevar a cabo la adquisición. Parecía ser un éxito total, además de representar una ganga para México.

En el mismo día y a la misma hora en que México festejaba la compra de Deer Park, en la Corte Internacional de La Haya se le instruía a la misma empresa petrolera holandesa Shell que, por mandato de ley, deberá inmediatamente iniciar la reducción de su producción de gasolinas provenientes de fuentes fósiles, y que transite como empresa hacia la generación de energías renovables. En un plazo de cinco años deberá reducir su producción de energías con recursos fósiles en casi el 50%. La decisión implica exigirle a Shell que sea parte de una nueva revolución tecnológica que llevará al mundo hacia la ruta del uso de energías renovables en todo el quehacer humano.

La decisión de la Corte fue celebrada por organizaciones ambientales en todo el mundo, excepto en México, donde guardan un extraño y ominoso silencio. Al parecer, los ambientalistas mexicanos no quieren incomodar al gobierno en su ruta de la generación de energía con fuentes exclusivamente fósiles.

La Corte también instruyó a Shell deshacerse de sus plantas que no atienden las normas internacionales de protección al medio ambiente. De ahí la decisión de vender Deer Park, entre otras varias refinerías en Estados Unidos, por considerarlas de tecnología atrasada que requerirán de enormes inversiones para su modernización para poder cumplir con los ordenamientos ambientales que está imponiendo el gobierno de Biden. La refinería de Deer Park tiene más de 100 años de antigüedad.

Coincidentemente el mismo día (26 de mayo) el consejo de administración de la petrolera ExxonMobil expulsó a dos de sus directivos que se oponían a iniciar la transición hacia energías renovables y la reducción en su producción de petróleo.

La visión, desde el exterior, es que México compró una refinería que tiene muchos pasivos (deudas por pagar) y sus activos se definen como “fierros viejos”. Desde esa óptica, el verdadero ganón de la transacción fue Shell, que se deshizo de una refinería vieja con muchos problemas en su operación y da la apariencia de estar cumpliendo con el mandato de la Corte de La Haya. Y se embolsó 600 millones de dólares en efectivo. Nada mal por un día de trabajo.

Ahora México tendrá que aplicar las reglas legales ambientales y laborales de Estados Unidos. Para lograrlo tendrá que hacer una enorme inversión en la renovación tecnológica de la refinería. Nada de decisiones presidenciales inapelables ni de decisiones políticas por encima de la ley. Allá se aplica la máxima juarista en serio: la ley a secas.

El comparativo entre el precio de Deer Park (600 millones de dólares) y Dos Bocas (10 mil millones de dólares y contando) es, por supuesto, escandaloso, considerando que van a producir la misma cantidad de barriles diarios. Habla de incompetencia en extremo, adulterada por demagogia. Pero incluso más allá de eso, revela que estamos en manos de gobernantes que no tienen idea de qué hacer con un país en crisis, y recurren a expedientes gastados, probados y fracasados del pasado para tratar de dar la impresión de que hay una mano dirigiendo el timón nacional.

Pero este caso, en toda su desnudez e ignorancia, es prueba de que el timón está suelto y el país va a la deriva.

@rpascoep

Otra colaboración del autor: 23 días y contando

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