¿No que prohibido prohibir?

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No son pocas las veces que el presidente de México ha dicho que en su gobierno está prohibido prohibir. Pero hay funcionarios que parece que se empeñan en simplemente no hacerle caso a su jefe. 

Tal es el caso de Hugo López-Gatell, el subsecretario de Salud que tiene una cruzada personal en contra de productos de consumo que pueden afectar la salud de las personas que los consumen.

Por eso ahora vemos los inútiles etiquetados en distintos productos que supuestamente intentan advertir a las personas sobre el elevado contenido de grasas, azúcares o sodio o todo lo demás combinado. 

La más reciente de las cruzadas del subsecretario ha prohibido la venta de cigarrillos que se usan con aparatos electrónicos que calientan el tabaco en lugar de quemarlo, como ocurre con los cigarrillos tradicionales.

Esta prohibición que ya ha sacado del mercado la marca de cigarrillos que se vendían casi exclusivamente en la Ciudad de México es consecuencia de la prohibición de vapeadores y cigarrillos electrónicos que entró recientemente en vigor. 

Antes de hablar de lo ridículo de la medida en particular, es importante recordar el efecto que han tenido las prohibiciones en la historia de la humanidad.

Por ejemplo, durante más de mil años, los sacerdotes de la iglesia católica se casaron, tuvieron familia, hijos e hijas. Pero en los concilios de Letrán y en el de Trento, entre 1123 y 1139, la jerarquía católica prohibió a los curas casarse y tener relaciones sexuales. 

¿Qué pasó entonces? Que los curas católicos siguieron teniendo familia, hijos, hijas y relaciones sexuales (hasta con menores de edad) a escondidas. 

Otro ejemplo: el opio. Como sabemos, el opio es una sustancia que se extrae de una planta conocida como “adormidera o amapola”. Y no es casual el nombre. El opio sirve lo mismo para producir morfina que heroína. Era legal consumirla y venderla hasta finales del siglo XIX. Tan legal que el imperio británico inundó China de opio y luego provocó una guerra cuyas repercusiones vemos hasta nuestros días en la disputa de China por la isla de Hong Kong. 

Estados Unidos fue de los primeros países en prohibir su consumo a finales del siglo XIX, decíamos. México lo hizo por ahí de 1919. ¿Qué se consiguió? 

Bueno, pues según la ONU, México es uno de los tres países que más opio producen en el mundo junto a Myanmar y Afganistán. Es decir, el opio se sigue produciendo, sintetizando, distribuyendo, vendiendo y consumiendo de manera legal -en forma de Vicodin, por ejemplo- e ilegal en todo el mundo.

Pero la prohibición más famosa de la historia es la del alcohol a inicio del Siglo XX en Estados Unidos. En una ola puritana, el gobierno de EU prohibió la venta de bebidas alcohólicas entre 1920 y 1933. ¿Qué ocurrió? La mafia ocurrió. Familias, sobre todo de origen italiano, se enriquecieron produciendo, contrabandeando y vendiendo alcohol de manera clandestina. 

Ahora sí, podemos regresar a la prohibición del gobierno que prohíbe prohibir. Los vapeadores, cigarrillos electrónicos y estos aparatos que queman tabaco pueden o no ser alternativas saludables para las personas consumidoras, pero eso no justifica que se prohiba su venta. 

Porque, una vez más, el gobierno se convierte en una especie de papá o mamá que decide lo que es bueno o lo que es malo para sus hijitos menores de edad, la ciudadanía. 

¿No debería el gobierno encargarse de que los vapeadores estén regulados y representen el menor daño posible para las personas? ¿Por qué prohibir un producto que, en esencia, es casi lo mismo, pero con menos humo, que los cigarrillos normales?

Y lo más importante: ¿estas prohibiciones van a terminar con el consumo de esos productos?

La experiencia histórica dice que lo único que acaba de hacer el gobierno es crear un mercado clandestino sin regulación y aún más peligroso para las personas que busquen consumir tabaco o cualquier producto parecido en forma de vapeador o cigarrillo electrónico, con lo que, además, se dan un tiro en el pie de la recaudación que no está precisamente sano.

Prohibido prohibir, dice el presidente. ¿Y luego?

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Y mientras a la ciudadanía se le disminuyen sus libertades desde el poder, en distintas zonas del país hay quien hace lo que se le da la gana. 

Un ejemplo claro es la empresa Gas Natural del Noreste, a la que la Comisión Reguladora de Energía y la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y de Protección al Medio Ambiente (ASEA) le prohibieron seguir construyendo un sistema de gasoductos que van de Cancún a Playa del Carmen.

Pero a la empresa no le importó y de acuerdo con medios locales y resoluciones judiciales, continúa impunemente con los trabajos de construcción. Alguien en el gobierno está trabajando de más y alguien prefiere mirar para otro lado.

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