Rebelión democrática o miseria

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La celebración del segundo año de la victoria electoral de Morena fue un evento agridulce. Si bien se diseñó el discurso presidencial como una “confesión-sin-serlo”, en nada ayudó el desafortunado tuit de la esposa de López Obrador que se convirtió en trending-topic, mostrando una falta absoluta de empatía de la dama ante un problema social relevante, revelando una enajenación reminiscente del “no tengo cash” de Zedillo o del “y yo, ¿por qué?” de Fox.

El presidente se auto-calificó como el más “atacado en un siglo”. Olvidó reconocer que es el presidente que más ha calumniado sistemáticamente a feministas, niños, doctores, periodistas, ecologistas, indígenas, jueces, empresarios, líderes de partidos, legisladores de la oposición, órganos autónomos, el INE, y un largo etcétera. No quiso explicar que su estrategia frente a la oposición es polarizar, no dialogar, para dividir al país en dos: los que están con él y los que no comparten sus puntos de vista.

Reiteró sus amenazas al INE, afirmando que será guardián de la limpieza electoral. Asegura que todas las elecciones anteriores fueron fraudulentas y que ahora todo cambiará. Pretende controlar el INE o apoderarse de él vía nuevos Consejeros, o simplemente cortar su financiamiento para que no pueda cumplir con su encomienda constitucional. Teme al INE y lo quiere destruir. Si estuviera cierto de sus votos no se preocuparía tanto. Mientras acusa fraude, él prepara el fraude más grande en la historia del país para ganar en junio del 2021.

Aunque dijo que la economía va a crecer, es evidente que prevé una brutal recesión. Esa es la confesión implícita contenida en el discurso. Y dio cifras -las suyas, las convenientes- para disfrazar lo que realmente viene el próximo año en materia de bienestar.

Y lo que viene es mucho sufrimiento. Afirmó que hoy “sus” apoyos llegan a 17 millones de hogares, pero que para finales del 2020 llegarán a 25 millones del total de 32 millones de hogares en el país. Es decir, el presidente prometió dar apoyos y subsidios al 70% de los hogares de México. Mencionó a su catastro de beneficiarios a trabajadores del Estado, maestros, médicos, enfermeras, soldados, policías, oficinistas, administradores, técnicos, obreros y empleados de Pemex y la CFE, además de otras empresas públicas, y a todas las comunidades indígenas de México. Al presidente se le llenó la boca con la frase: “Desde los más pobres hasta la clase media”.

Lo que en verdad nos revela ésta “generosidad” del Estado mexicano es una realidad lacerante: no habrá empleos ni más salarios ante la recesión que viene, y el 70% del país caerá en la miseria económica. Esos apoyos no son para celebrarse: son reflejo fiel del fracaso del modelo económico que ofrece López Obrador. La oferta implícita en la “generosidad” del Estado es llevar el país al precipicio y aventarlo sin miramientos. 

La gran confesión contenida en el discurso es que viene una crisis brutal, total, sexenal y la única opción que da el Estado es regalar dinero hasta que se acabe, que será, según cálculos de bancos, calificadoras y organismos internacionales, más o menos en marzo del próximo año. Es decir, ni siquiera va a llegar este modelo de regalar dinero hasta las elecciones en junio. 

La opción de relajar las relaciones entre sectores de la sociedad, conciliar intereses y ponerse a trabajar con el empresariado para rescatar la economía no está en su libreta. Como lo declaró: para este diciembre su modelo será legalmente irreversible. La polarización será la forma natural de vida en México, mientras el 70% de la población vivirá merced a las despensas estatales, sin empleos y sin futuro. El camino del líder lleva al país a la tierra de la hambruna, las enfermedades y las calamidades.

Ni el T-MEC ni la Unión Europea podrán salvar a México de su irremediable declinación hacia un Estado famélico copado por el crimen organizado. Sólo la sociedad podrá salvarse y salvarnos del futuro apocalíptico que ofrece el presidente en su discurso. La rebelión democrática de la sociedad contra el rumbo que toma López Obrador se hace cada día más fuerte e imprescindible.

ricardopascoe@hotmail.com

@rpascoep

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