Bye, bye Rush

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Rush Limbaugh murió de cáncer a los 70 años el 17 de febrero de 2021. Era la voz más potente del conservadurismo ramplón y violento que hacía coro y eco con Donald Trump. Igual de ácido y corrosivo que Trump en sus comentarios hacia las causas centristas o liberales de la sociedad estadounidenses, Limbaugh era seguido por millones de oyentes en su programa de radio. Era el Trump de la radio. Era una voz que convocaba a millones de ciudadanos a seguir el ejemplo y la convocatoria del ex presidente. Juntos, eran una mancuerna de bilis, odio y éxito.

El 20 de enero Trump dejó la presidencia y el 17 de febrero murió Rush Limbaugh. Aparentemente debiera ser el fin de una era de voces estridentes, racistas y provocadoras de la extrema derecha estadounidense.

Pero aparentemente no es así. Trump está a la ofensiva y al parecer los neoconservadores están preparando al siguiente Rush Limbaugh para que tome su lugar. La estridencia, el insulto, la burla y sorna, que eran la característica de la dupla Trump-Limbaugh perdurará en la era dos de Trump.

El ex presidente acaba de insultar de pies a cabeza al senador Mitch McConnell, el líder de los republicanos y su viejo aliado en el Senado estadounidense. Dijo que con líderes como él los republicanos iban a perder la próximas elecciones. Fue una declaración de guerra. Claro: McConnell acaba de ganar su reelección por otros 6 años, lo cual le asegura una longevidad política que no necesariamente tiene Trump.

Rush Limbaugh inventó el calificativo de “feminazis” refiriéndose a las feministas, adjetivo adoptado por mujeres de la 4T mexicana cuando se refieren a las feministas de nuestro país que no controlan o que critican las políticas de AMLO. Así de influyente era el mundo “Limbaugh”.

En realidad, Rush era el antecedente que le abrió las puertas a Trump de la política violenta, agresiva y socialmente polarizante. Incluso, desde los tiempos de Ronald Reagan, cuando era presidente de Estados Unidos, alababa a Limbaugh y lo alentaba a seguir adelante con su “misión”. Era, también, un promotor del Tea Party que surgió junto con la presidencia de Barack Obama y lo combatió desde la derecha blanca rabiosa que no aceptaba que pudiera haber un inquilino negro en la Casa Blanca. Cuando Donald Trump ganó, la razón de ser del Tea Party desapareció y apareció, en escena, el movimiento MAGA (Make America Great Again) que retomó la frase de Reagan y se consolidó con el ala potente del conservadurismo reaccionario estadounidense. Surgió un populismo de derecha consolidado en Estados Unidos.

Rush Limbaugh promovió el discurso del fraude electoral de Trump y convocó a sus seguidores a acudir al llamado del entonces presidente el 6 de enero que terminó, como sabemos, en la toma insurrecta del Capitolio. La estima entre Trump y Limbaugh era pública. El día después de anunciar que tenía cáncer, hace justamente un año, Trump le condecoró con la Medalla Presidencial de la Libertad durante su discurso anual ante la sesión conjunta del Congreso de los Estados Unidos.

La tercera boda de Limbaugh fue oficiada por un ministro de la Suprema Corte de Justicia de su país y Elton John cantó en su cuarta boda. Logró mezclar la farándula con su frenesí como vocero principal del rushismo-trumpismo.

Trump puede ya no ser presidente y Rush Limbaugh está muerto, pero su cantaleta de odio, polarización y populismo está más presente que nunca en la vida de Estados Unidos.

Hay cosas que nunca pasan de moda.

ricadopascoe@hotmail.com

@rpascoep

Te invitamos a leer otra colaboración del autor: ¡Combustóleo al ataque!


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