Una serie de eventos afortunados

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Jamás, en serio ¡jamás! lo hubiera creído

Este es mi post número 85.

Si alguien me hubiera dicho el día que escribí el primero todo lo que vino después, jamás, en serio: ¡jamás lo hubiera creído! 

Dándole una repasada a todas, esas, mis opiniones, veo como que en estos pocos años he crecido y me he transformado. Por momentos me doy hasta ternurita y no porque lo que haya dicho ya no lo crea, sino por la persona que era cuando lo escribía… todo lo que ha pasado, lo que he vivido, lo que mis hijos, mi matrimonio, mis relaciones han crecido y como la cosa se va, naturalmente, transformando.

Me doy cuenta de que tenía miedo de todo y muy pero muy poquita fe en mí (lo cual me sigue pasando pero, creo, un poquito menos).

Estaba saliendo de mi encierro voluntario de los 10 años que tuve la fortuna de pasar encargándome, solamente, de mis dos hijos (patrocinada 100% por mi esposo, de ahí es que se haya ganado el apodo de “el Sponsor”, y una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida) y empezando una nueva chamba en un mundo distinto al que había dejado y, por si fuera poco, en una startup (yo que había chambeado solamente en empresas enormes y burocráticas) formada por puras chavas que tenían, por lo menos, 10 años menos que yo.

Decirles que me sentía como extraterrestre se queda realmente corto.

Me impactaba (y daba susto) el arrojo con el que se enfrentaban a la vida cuando yo quería ir siempre con cuidado y por los caminos habituales. Me sorprendía cómo se comprometían a cosas que no tenían ni la más puta idea de cómo iban a hacer, pero no tenían dos gramos de duda de que lo iban a lograr.

Me impresionaba su fuerza, su propósito, sus ganas de cambiar el mundo. Yo, neta, lo único que quería era hacer algo que me permitiera ganarme unos pesos y cambiar de tema durante medio día en lo que era hora de regresar a ser (mal) jugador de fut y vestir Barbies (igual de mal porque qué pinche infierno es vestir a esas monas). 

En lugar de eso, me encontré conmigo misma. 

Siempre agradeceré ese tiempo y a esas mujeres, por resetearme la mente y ponerme, abruptamente, de regreso a la vida en donde no era ni la esposa, ni la hija, ni la mamá de nadie, sino simplemente yo.

Recordé cuánto amo trabajar y sí, también cuánto ¡cuantísimo! me había olvidado de mí misma. Pero sobretodo, descubrí muchas cosas que no sabía que era capaz de hacer y tuve que, a punta de patadas en el culo, lanzarme a hacer otras que, según yo, jamás iba a poder o querer hacer.

Comencé a escribir para generar contenido para la nueva página web y cuando salí de ahí, de manera abrupta y sorpresiva (sí, me corrieron), además de estar completamente traumada porque “jamás iba a encontrar nada que me gustara tanto, ni fuera compatible con ser mamá y la vida era muy injusta y qué barbaridad pobre de mí” dejé (además del hígado destrozado) de escribir.

Nunca consideré que podría seguir haciéndolo por mi cuenta, ni mucho menos que fuera un trabajo y que lo de escribir era una opción o tenía algún tipo de futuro.

Por suerte para mí y mi poca fe en mí misma, mi gente muy cercana se encargó de zarandearme y no dejarme de insistir que tenía que seguir escribiendo, al grado que un día, al calor de las netas (y probablemente de unos tequilas) en mi azote número 448,294 millones de quejarme de que qué diablos podía hacer con mi vida y que yo lo que quería era regresar a mi “trabajo ideal” y que la vida no valía nada, mi amiga Ana Francisca decidió que lo que yo necesitaba era abrir un blog… 

Yo, para decirles toda la verdad, no sabía ni lo que era un blog

Acto seguido, abrió su computadora, se metió a wordpress.com y dio de alta una nueva cuenta (“de pagar porque si no, no vas a escribir nada”) y después de insistir sistemáticamente en que pensara en un nombre y que yo le contestara que era la peor idea del mundo mundial y que neta me dejara de estar chingando, me dijo, exasperada (y con razón) “carajo, güey, ¡qué amargeeeitorrrr..!” 

Y el resto, el resto es MI historia

Una historia de ir poniendo un pie delante del otro sin ninguna pretensión más que sobrevivir a cada nuevo reto. De pedir ayuda cuando no sé y rodearme de gente chingona que me acompaña a caminar los nuevos caminos. De prepararme. De escucharme.

De mantenerme fiel a mis principios y no perder mi esencia que es, aparentemente, el único secreto de toda esta aventura. De ser congruente. De ser valiente. De quererme matar por momentos cuando llega el maldito día, ese que pensaste que nunca iba a llegar cuando aceptaste hacer ¡eso! que ya tienes que hacer y de lo que solo quieres huir.

De permitirme explorar nuevas oportunidades y aprender a usar apps, redes y demases tecnologías que me-ca-gan, y me retan, y me desesperan, y quiero romper todo cada que no hacen lo que quiero que hagan. De poner mi cara enfrente de una cámara y aunque no me encanta, ya no me cause tanto estrés. 

De (yo que me había auto diagnosticado con pánico escénico) pararme en un escenario frente a 700 mamás (que, perdón, pero si eso no les da miedo….) y no solo no morirme de un ataque cardiaco fulminante sino aprender a disfrutarlo y convertirlo en un trabajo que me ha permitido conocer y disfrutar a gente increíblemente chingona, divertida, trabajadora.

De viajar y sentirme bienvenida probando cosas espectaculares y abrirme horizontes y, por si fuera poco, colaborar y conocer personas que he admirado, leído y venerado por años, mis senseis personales se han vuelto mis colegas y eso me parece increíblemente emocionante.

Absolutamente todo ha sido una casualidad. 

Una serie de eventos afortunados que empezaron por un evento muy desafortunado.

Sí.

Lo mejor que me ha pasado en la vida es que me corrieran de esa chamba “perfecta”, porque me hubiera quedado atrapada en mi zonita de confort forever y jamás hubiera tenido que explorar otro camino.

Mi camino.

Hoy, 4 o 5 años después (ni siquiera sé muy bien cuánto tiempo es) veo mis 85 posts y todo lo que han traído: una nueva profesión, un propósito, una fuente de ingresos.

Pero también de diversión, de oportunidades, de conocer personas y nuevos amigos, de crecimiento, de casi 100 mil seguidores (¿juaaat?).

De viajes, de medios chingones en donde he publicado, de un podcast con dos viejas ultra chingonas y que es una de mis principales fuentes de felicidad y de tener, en un momento tan terrible del mundo, la oportunidad de ayudar a pequeñas empresas a pasar este mal rato y poner mi granito de arena usando mi voz a favor de alguien más y, todo eso, siendo 100% yo, después de pasarme años pensando que tenía que ser alguien más. 

Pero sobretodo de decir sí. 

Sí a los retos.

A lo nuevo.

A lo desconocido.

A lo que no sé cómo chingados voy a hacer, pero que ya sé que encontraré la manera.

Sí.

Sí a crecer. A aprender. A compartir. A reinventarme. A emprender. 

Sí a creer un poquito más en mi.

Sí a todo.

Y sí a recordar que, sin importar todos los pasos y caminos que vengan, siempre me acuerde de poner bien los pies en el piso y no me olvide de disfrutar el camino.

Sí.

PD

Si se quieren asomar a esos 85 posts hagan click aquí: https://lamargeitor.com

Y si quieren escuchar el podcast La Burra Arisca, aquí:  

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