¿Piensa AMLO que la corrupción de su hermano es “de la buena”?

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El videoescándalo del hermano de López Obrador nos regaló una joya del relativismo moral: hay corrupción mala y hay corrupción buena. Te explicamos por qué eso es una mentira.

Apenas terminaba el presidente López Obrador de disfrutar el videoescándalo de panistas con bolsas de dinero, cuando le llegó uno muy cercano a casa. Su hermano, Pío, fue captado recibiendo miles de pesos en sobres de manos de la persona que acababa de ser nombrada como encargada de evitar la corrupción en la distribución de medicinas, David León.

León de inmediato reconoció el acto, pero alegó que fue hace varios años, y declinó a su cargo en el gobierno por el momento. Pío desapareció de la escena, y su hermano, el presidente, dijo que no sabía que eso estaba sucediendo, pero que en todo caso fueron donaciones del pueblo que tenían una buena causa: llevarlo al poder. 

A partir de ese momento el avispero se agitó y los seguidores de AMLO se entregaron al relativismo moral: nos aseguraron –otra vez– que no son iguales, que fue por el bien de México, que fue poquito dinero, que era producto de humildes colectas y, para concluir, que el fin justifica los medios. Y que como el grupo que hoy gobierna son “los buenos” de la historia, no importa que hayan hecho alguna cosa mala, porque su objetivo es transformar al país. 

En esencia, nos dijeron que hay corrupción mala y corrupción buena, todo depende de tus intenciones.

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Para estas personas, el plumaje del presidente es impermeable y no se mancha con los actos cuestionables de su entorno. Pero hay que decirlo con claridad: entregar dinero a un partido político sin declararlo es ilegal. No importa ni cuánto es, ni de dónde viene, ni para qué lo van a usar. Lo que hicieron Pío y David es un delito.

Y aunque sea menos dinero, es igual de ilegal que los Amigos de Fox, que el Pemexgate o que el dinero que vino de Odebrecht para financiar campañas. David León no ha demostrado de dónde lo sacó, y podemos dudar que juntó millones de pesos pidiendo cooperaciones entre sus amigos. Tenemos claro, además, que no era simplemente por una buena causa: era un acuerdo político entre López Obrador y su jefe, el entonces gobernador de Chiapas y hoy senador del Partido Verde, Manuel Velasco.

El video, igual que el de los panistas, el de Bejarano, el del Niño Verde pidiendo millones y muchos otros, son solo la punta del iceberg. Solo alcanzamos a ver un poco de todo el manejo de recursos irregulares en campañas y en operación política.

Sobra decir que en todos los partidos sucede, y es exactamente igual de grave. 

Pero representa un problema especial para López Obrador: él es quién ha construido toda su carrera política sobre la piedra de la honestidad. Cuando llevas años pregonando de tu superioridad moral, de tu valiente honradez y de tu impoluto plumaje, eres especialmente vulnerable a las grietas de la corrupción

Como sea, el dinero sucio en las campañas es un mal sistémico en México, y se han hecho muchos esfuerzos para combatirlo, en particular desde la izquierda. Es por eso que se creó el financiamiento público y se regularon las donaciones de particulares. Pero nunca es suficiente, porque hacer política en México es simplemente demasiado caro.

No hay una bala de plata que acabe con el dinero irregular, pero sí hay posibles caminos para limitarlo. Uno, es una regulación que motive a las donaciones transparentes, como sucede en otros países. También, se debe dotar a las autoridades electorales de mejores elementos de fiscalización y castigo eficaz a quienes cometen las faltas.

Uno de los principales ejes del dinero sucio en las campañas es la necesidad de comprar votos y movilizar electores para ganar en los distritos. Esto, al ser ilegal, demanda dinero que no se pueda rastrear. Una forma de combatirlo podría ser el voto obligatorio.

Esta figura existe en varios países de Latinoamérica, y podría ser bueno para México. Nuestro índice de abstencionismo es muy alto, de un 40%, en promedio. Tener la obligación de votar tiene un efecto negativo en la compra de votos: al haber mucha más gente que asiste a las urnas, los votos que se puedan coaccionar tienen menos efecto. 

Hay que aclarar que el voto obligatorio no forza a nadie a votar por alguien en particular; incluso, los votos nulos mandan un mensaje político más poderoso que la abstención. Tampoco es una solución perfecta ni ideal. Es simplemente un posible camino para que quien resulte electo tenga mejor representatividad, al tiempo que desmotiva las malas prácticas al hacerlas inútiles.

Como sea, lo que es urgente es que se tomen medidas para sacar al dinero ilegal de nuestros procesos electorales. De lo contrario, corremos un alto riesgo de desacreditar por completo nuestra débil y frágil democracia.


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