El año que terminó

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Comienza 2022. Iniciamos el año con ilusiones, temores e incertidumbres. En gran medida, porque el 2021 resultó mucho más complejo y con más sorpresas de lo que nos habíamos imaginado.

—Empezó con un mal presagio: el asalto al Capitolio en Estados Unidos cuándo se ratificaba el triunfo de Joe Biden ante Donald Trump. La escena, nunca antes vista, puso en riesgo todo el sistema democrático estadounidense e impactó al mundo. Nos demostró, una vez más, el alcance de los discursos violentos de nuestros líderes y lo permeable que es la gente a ellos.

—Poco después, empezó la segunda ola de COVID-19 en muchos países, México entre ellos. El discurso triunfalista de Hugo López-Gatell pronto se volvió absurdo. 

Para la última semana de enero ya estábamos promediando más de 15 mil casos nuevos al día, y aún las vacunas se veían lejanas. Llegaron finalmente, de forma desordenada en un principio, pero para entonces nuestro país ya estaba en el top 5 de países con más excesos de muertes.

De todos modos se volvieron a abrir todas las actividades. La que más tardó, inexplicablemente, fue el retorno de los niños a las escuelas, cuando madres y padres ya suplicaban por el regreso a clases.

—Para el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Palacio Nacional decidió blindarse, en lo que es la expresión más gráfica de su interés en los problemas de ellas. El muro que se levantó fue intervenido por las feministas, pero el símbolo perdurará.

—Un evento que sin duda marcó a 2021 fue la caída de la línea 12 del Metro, el 3 de mayo. Con 26 muertos, más de 100 lesionados y una ciudad de luto, Claudia Sheinbaum hizo lo que mejor hace: evadir sus responsabilidades. Ni quién la construyó -Marcelo Ebrard- ni quién la administró por seis años -Miguel Ángel Manera- ni a quién se le cayó, asumieron alguna culpa. Sheinbaum incluso mantuvo a su directora general del Metro, Florencia Serranía, por semanas en el cargo. Los culpables terminaron siendo mandos medios y menores.

Mientras eso pasaba acá, en Nicaragua el presidente Daniel Ortega mandaba a prisión a muchos opositores, incluyendo siete candidatos a la presidencia, para desmoronar a su competencia y lograr ganar la reelección. Y se salió con la suya.

—Julio nos trajo noticias importantes de otros países: asesinaron al presidente de Haití, Jovenel Moïse, en lo que parecía algo sacado de una película. Sicarios entraron a su casa y lo balearon, justo en medio de una profunda crisis política en ese país. Es una nación que ha sufrido como pocas, y esto solo ayudó a empeorar su situación.

—Ese mismo mes el pueblo cubano se levantó a protestar contra un régimen que les priva de sus libertades y les tiene en la miseria. El gobierno les reprimió con fuerza, ante el silencio de muchas naciones latinoamericanas, México incluido. Unos meses después el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, vendría a nuestro país a celebrar la independencia. Fue recibido con todos los honores.

—Para estas fechas, la cepa Ómicron del coronavirus fue detectada y empezó a levantar alarmas en muchos países, que volvieron a tomar medidas. Acá no fue el caso. López-Gatell, que logró pasar en muy poco tiempo de héroe a farsante, lo desestimó, como ha hecho toda la pandemia.

—Este año los feminicidios siguieron siendo un problema grave. Si bien el gobierno asegura que han bajado, organizaciones de la sociedad civil aseguran que se están manipulando las cifras.

—En noviembre hubo elecciones intermedias en Argentina y Venezuela. En la primera, el oficialismo sufrió una importante derrota. En la segunda nación, se reafirmó el control electoral del chavismo, en gran parte por una oposición fragmentada y sin propuesta. Un llamado de atención a México.

—Diciembre nos trajo un evento inédito: un ataque de narcotraficantes al penal de Tula, en el cual lograron, con explosiones y balaceras incluidas, liberar a un capo. El caso debió impactarnos, pero parece que ya nada nos impresiona en México. 

—Y por supuesto, está el caso del triunfo de Gabriel Boric en Chile, un logro histórico en ese país desde el triunfo de Salvador Allende. Veremos cómo le va, pero el momento es transformador.

Así, terminamos el año. Los homicidios se siguen contando por los miles, pero el gobierno presume que han bajado ligeramente. La violencia intrafamiliar se ha disparado y no hay políticas para contenerla. Sigue el desabasto de medicinas. La inflación está en niveles no vistos en décadas. El COVID-19 persiste, aunque quizá ya vemos la luz al final del túnel.

Como sea, por estas historias y muchas más, 2021 será otro año para recordar. 

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