Las auditorías crueles

Compartir:

La corrupción es como las cucarachas: si ves una en tu cocina, es probable que tengas miles detrás de tu estufa. Acabar con estos bichos no es fácil, y por eso es indispensable tener instrumentos para detectarlos y erradicarlos. Quizá no podremos nunca acabar por completo con ellos, pero podemos reducir su presencia al mínimo y limitar el daño que hacen.

Esta semana, uno de estos instrumentos ha sido puesto a prueba. Se trata de la Auditoría Superior de la Federación que fue creada desde 1999 y fortalecida después para que pudiera cumplir con dos misiones clave: supervisar la forma en que se realiza el gasto público y empujar una buena gestión del gobierno. Es un órgano crucial en la rendición de cuentas, un ejercicio fundamental en cualquier democracia.

Pero en estos días ha recibido una presión inédita. Tras la presentación de un lapidario informe que da cuenta de unos 67 miles de millones de pesos cuyo ejercicio está en duda, este órgano del gobierno ha sido cuestionado, precisamente, por el gobierno.

La encrucijada en la que ha sido puesta la ASF es grave y vale la pena darnos unos minutos para explicar qué es lo que hace, lo que ha hecho en gobiernos anteriores, y por qué debe asegurarse de ser una institución en la que podamos seguir confiando.

Esto es importante también porque, una vez más, el presidente ha usado su conferencia de prensa para atacar a una dependencia de la que no tiene claro cuál es su función, como ha pasado una y otra vez cuando algún organismo da malas noticias.

La ASF hace lo siguiente: audita a distintas dependencias y proyectos del gobierno, revisa sus cuentas, gastos y operaciones, y al final emite un reporte en el cual señala posibles irregularidades o malos manejos del erario. No es un ente que acuse corrupción directamente, sino que detecta indicios de malas prácticas y pide que se expliquen o corrijan. En los casos más extremos, puede promover sanciones ante la Secretaría de la Función Pública, el Servicio de Administración Tributaria o las autoridades ministeriales.

No es juez, ni decide si hay culpables. Solo detecta posibles irregularidades y las denuncia. Sin embargo, en el ambiente político actual, esa es una actividad de alto riesgo.

Porque ante el gobierno para el cual la lucha contra la corrupción es la principal bandera, lo que dijo la ASF es terrible: hay muchísimo dinero que pudo haber sido desviado ilegalmente.

Dos temas dominaron la conversación. Uno, el sobrecosto de cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional, y dos, la falta de cooperación de la Secretaría de Función Pública, aquella cuya responsabilidad es justamente cuidar que no haya corrupción.

López Obrador y la secretaria Irma Eréndira Sandoval salieron a rechazar el informe de la Auditoría. Eso nunca había pasado. Y lo que menos había pasado, es que la misma Auditoría saliera a pedir disculpas y desmentirse a sí misma… el mismo día. ¿Errores o presiones políticas? Hoy, es imposible saberlo con certeza.

Uno de los principales ataques que recibió la ASF es que hoy es muy crítica, pero antes era complaciente. Cualquiera que se tome la molestia de averiguar puede darse cuenta que no era así.

Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, la ASF denunció miles de millones de pesos desviados o mal ejecutados, así como malas prácticas. Nunca fue condenada por quienes hoy gobiernan, sino que más bien se pidió que tuviera más fuerza para ejercer su labor. Es gracias a la Auditoría Superior que sabemos de la Estafa Maestra, o como documentamos en Cuestione, de las fallas y desvíos en el Tren Interurbano México-Toluca.

Al igual que el INAI, ha sido un organismo crucial para visibilizar la corrupción de antes y de ahora. Pero el manejo comunicacional del gobierno fue exitoso en algo: logró reducir miles de cuestionamientos a solo dos: el NAIM e Irma Eréndira. 

Sin embargo, revisando el reporte, podemos ver que hay decenas de programas y proyectos con problemas, muchos de ellos emblemáticos: el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, Jóvenes Construyendo el Futuro… Hasta en el gasto en políticas de prevención de violencia de género del CONAVIM encontraron irregularidades. 

Son tantas observaciones y de tantas instituciones, que si no revelan corrupción muestran otra cosa igual de grave: un absoluto desorden administrativo en el gobierno, y esto incluye a muchos de los estatales. Nos habla de incompetencia, negligencia e ineptitud en el gasto de nuestros impuestos.

Más que atacar a las instituciones y denunciar las eternas campañas perversas de conservadores imaginarios, el gobierno podría hacer otra cosa: explicar las fallas, solventarlas y demostrarnos que realmente las cosas han cambiado. Pero hasta ahora, todo se reduce a un “confíen en mí, somos diferentes”.

Pues no. La diferencia no se demuestra con discursos y descalificaciones. La diferencia se demuestra con hechos, datos y acciones. 

Justo eso que este gobierno está muy lejos de lograr.

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

Recibe las noticias más relevantes de México cada mañana, inicia tu día informado.