Cuba, la nueva Numancia

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El pueblo de Cuba representa a la nueva Numancia, dijo el presidente López Obrador cuándo le entregó la Orden del Águila Azteca a Miguel Díaz-Canel, gobernante de ese país caribeño.

Lo hizo la semana pasada, alabando la resistencia de Cuba ante el bloqueo de los Estados Unidos que ya cumple 60 años de haberse establecido y llamando a defender los derechos humanos.

Hay varios puntos que atender en este evento, pero primero: ¿qué era Numancia y por qué es la analogía que usa el Presidente? 

Numancia era un pueblo en lo que hoy es Castilla y León, en España, que resistió con fiereza los intentos del Imperio Romano por ser conquistados.

Durante 20 años enfrentaron al ejército romano, hasta que en el 133 antes de Cristo, tras un largo sitio de 13 meses, su gente moría de hambre y enfermedades. La mayor parte de esta población, sabiendo que no podían derrotar a Roma, optó por suicidarse.

Son un ejemplo de un pueblo que se negó a rendirse ante un intento de colonización, y por eso han creado una leyenda de “primero morir que ser sometidos”. Es una visión romántica del sufrimiento de ese pueblo, pero sirve para las narrativas que hoy nos dominan de heroísmo y soberanía.

Quizá eso no describe realmente lo que está pasando en Cuba, ni es verosímil que el pueblo cubano prefiera suicidarse a cambiar el sistema. Lo que sabemos de esa sociedad es que varias veces han intentado rebelarse al gobierno que muchas personas consideran opresor, y han terminado como presos políticos o exiliados.

Así que el pueblo cubano sí es un pueblo rebelde, solo que ahora se ha querido confrontar contra un gobierno que no ha cumplido con la promesa de justicia y libertad que lo llevó al poder, creando una gran mitología sobre la Revolución Cubana.

La supuesta Numancia a la que se refiere el Presidente tiene que ver con el embargo comercial y económico, que comenzó poco antes de la Crisis de los Misiles de 1963, cuando la Unión Soviética trató de colocar armas nucleares en la isla. Tras eso se profundizó.

El embargo ha persistido todos estos años como un símbolo de condena de Estados Unidos y un supuesto esfuerzo por acabar con el régimen. No hace falta decir que no ha funcionado. Seguro ha contribuido a empobrecer al país, a hacerle la vida más dura a la gente, pero la élite política cubana no ha sufrido las consecuencias.

Peor aún, ha sido un pretexto perfecto para mantener la cerrazón política. El embargo es el mejor argumento para mantener una sociedad cerrada y autoritaria, ya que están bajo la eterna amenaza imperialista. Quitar el bloqueo probablemente aceleraría la democratización de la isla, pero eso ya es especulación.

El otro tema es la Orden del Águila Azteca

Ha habido profunda indignación por entregarla a quien es considerado un dictador.

No debería escandalizar tanto eso. Muchísimas personas la han recibido de muy diversas historias.

La recibió gente como Nelson Mandela, Inácio Lula da Silva, Michelle Bachelet; pero también Fidel Castro, Mauricio Macri, Sebastián Piñera y hasta Jared Krushner, el yerno de Donald Trump, en el gobierno anterior. Es decir, personas de todas las líneas ideológicas y políticas.

A veces ha sido escandaloso, a veces nos ha dado igual. Pero tristemente esta gran presea mexicana depende no de méritos, sino de oportunidades políticas, filiaciones o consideraciones diplomáticas.

Al final, lo verdaderamente importante no es ni la analogía ni los halagos ni la presea. Lo importante son los derechos humanos. Y sí, Estados Unidos debería parar un bloqueo que solo afecta a la ciudadanía de Cuba.

Pero sobre todo, si vamos a hablar de derechos humanos, Díaz-Canel tendría que respetarlos para su propio pueblo y deberíamos ser los primeros en empujarlo, dada nuestra cercanía política. México puede hacer mucho por Cuba, por su libertad. Por su gente.

El camino que hemos escogido, sin embargo, es el opuesto.

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