Morir dos veces

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En México, los desaparecidos mueren dos veces: primero en manos de criminales y después en manos del Estado. Son muertes que arrastran a sus familias y a quienes les buscan, quienes nunca logran tener la certeza de qué pasó con sus seres queridos.

Esta es la historia de terror que vive nuestro país desde hace más de una década, y que sigue sin resolverse. Pasaron gobiernos panistas, priistas y el actual de Morena, pero las respuestas aún no existen.

Estamos hablando de unas 85 mil personas que, según los registros oficiales, están desaparecidas. Miles de hombres, mujeres y menores que no volvieron y nunca se supo qué les sucedió.

Pero esta es la paradoja. En unas seis mil fosas comunes hay cerca de 40 mil cuerpos. Y nadie se está tomando la molestia de averiguar si entre esos cadáveres están los restos de las personas que sus familias han buscado desesperadamente durante años.

Unos cuerpos están en cajas de madera y otros envueltos en bolsas de plástico negras con números de carpetas de investigación, que terminarán por romperse con el paso del tiempo, permitiendo que los huesos se mezclen. Porque nadie les está cuidando.

Fueron depositados en las fosas de los panteones, como uno echa el polvo debajo de la alfombra. No les tomaron muestras de ADN, ni cuidaron hacerles autopsias forenses. Muchas veces, ni siquiera están en las fosas que dicen los registros.

Son huesos perdidos, huesos de alguien que una vez fue víctima de la delincuencia y su cuerpo ha sido tratado como basura.

Dos veces desaparecidos. Y no, no es culpa de esta administración. Al menos, no exclusivamente. Esto empezó hace muchos años, y en muchos años el gobierno no ha encontrado la forma de resolverlo. 

Los servicios forenses, en un país que tuvo 28 mil homicidios dolosos solo en 2020, están rebasados. Les es imposible hacer las autopsias y registros necesarios, así que simplemente los califican con un triste título: No Nombre. Los conocemos entonces como los miles de NN.

Una investigación realizada por el equipo de Cuestione pidió, por Transparencia, los registros de cuerpos sin identidad en los 32 estados del país. Solo 12 respondieron con información desde el año 2006, y muchos de ellos con cifras poco confiables.

Lo que sí pudimos constatar es que entre ese año y 2019, las cifras de cadáveres sin identificar se han disparado en un 700 por ciento en al menos 11 estados de nuestro país. 

Nuestra investigación documentó los tres principales problemas que enfrenta México para resolver este problema.

Primero, nadie sabe realmente cuántos cuerpos hay en las fosas. La información de la mayor parte de los estados es incompleta o simplemente no existe. Según descubrimos, en algunas fosas había registrados veinte cadáveres, pero en realidad había 50. Un desastre de gestión, pero también de derechos humanos.

Segundo, no hacen autopsias. Están tan saturados los servicios forenses que los casi 80 homicidios diarios en México no les permiten hacer su trabajo. Urge darles apoyo. No hay suficientes médicos para esta labor.

Tercero, error tras error en la clasificación de los cuerpos. Una niña de 14 fue clasificada como mujer de 25, haciendo imposible encontrarla. Casos como ese, en que no se hacen las pericias necesarias, ayudan a enterrar a los muertos más profundamente.

La aprobación de la Ley de Desaparición Forzada no cambió nada. No hay protocolos unificados, no hay recursos, no hay voluntad política. Solo discursos y buenas intenciones.

Hablo de números y hablo de problemas, pero en realidad estoy hablando de personas. 

Hablo de Bianca, de Daniel, de Erika. De miles que aún son buscados y el Estado les ha fallado

Hablo de familias que aún necesitan respuestas. 

Esta es una historia de terror.

Otro título del autor: En campaña

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