Y dónde estabas cuando…?

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Una frase maravillosa que el presidente López Obrador logró instalar en el imaginario de sus seguidores es esa de “¿Y dónde estabas cuándo…?”. Se volvió una especie de escudo mágico de superioridad moral para rebotar cualquier señalamiento sobre los errores, omisiones o mentiras de este gobierno.

Es buena, porque no te exige desmentir nada y te da el derecho a refutar los hechos negativos porque, dice su lógica, el otro no lo condenó con suficiente fuerza cuando gobernaban los “malos de antes”.

Sirvió especialmente para acallar o ignorar a la prensa crítica, a los intelectuales o científicos que osaban criticar el método de gobernanza. Por supuesto esta descalificación jamás está acompañada de una mínima averiguación sobre dónde, en efecto, estaba una persona cuando pasaban añejos delitos, ni si los criticó o no. Eso sería muchísimo esfuerzo.

Esta semana ha sido rica en casos de cuestionamientos que son descartados más o menos con esos argumentos. Ya sean los injustos ataques a Ceci Flores, la madre buscadora, por encontrar una fosa en la Ciudad de México, inmediatamente señalada como conspiradora tras una micro investigación express; o más recientemente, el ataque a María Amparo Casar por algo que pasó hace 20 años que casualmente “apareció” después de que publicó su libro que documenta la corrupción de este gobierno.

Acá está lo delicado con el argumento del “¿y dónde estabas?”: el futuro, de forma irremediable, te lo cobrará. Porque quienes hoy odian a Ceci Flores o María Amparo Casar, o a los científicos del Conacyt, o a mil más que han sido acosados por el presidente de forma personal, usando recursos públicos y de forma ilegal, marcan un ejemplo. 

Si alguien justifica esto hoy -por la razón que sea- ¿cómo lo criticará en el futuro? El hecho es que gane quien gane esta elección, la 4T no va a durar para siempre, ni se podrán cuidar hasta el final de los tiempos.

¿Qué dirán si en cinco, 10, 20 años se “descubre” un delito de quienes hoy están en el poder y se les difama, se divulgan sus datos personales, se les enjuicia sumariamente sin defensa posible?

¿Cómo protestas los abusos del futuro si no los condenaste en el presente? Ese es el gran dilema de la prepotencia del poder. Se olvida que no es eterno, y que las acciones dejan mucho más rastro del que creemos. 

Es un grave error pensar que la justicia nunca nos alcanzará, y que la injusticia es válida siempre y cuando se aplique contra quienes desprecio y nunca contra nosotros o contra quienes sí nos importan.

En el momento en que aceptamos el abuso de poder contra alguien, así sea “enemigo”, real o percibido, estamos abrazando el autoritarismo. Estamos aceptando que se vale siempre y cuando le convenga a nuestro equipo.

La tragedia de la democracia y la ley es que hay que defenderla incluso cuando no da los resultados que queremos. Porque se vale luchar por lo que creemos, pero no se vale abusar de las posiciones de poder pensando que lo tendremos para siempre. Es un error de principios, pero también de cultura política básica.

Fue un gran error haberlo hecho para muchas personas en el pasado, y sin duda lo será para muchos en el futuro. 

Más del autor: Hipérbole

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