La justicia contra la ley

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Este es un debate interesante. ¿Qué va primero, la justicia o la ley? ¿Qué es más importante? Para poder entenderlo bien, necesitamos dejar algo claro: no es un problema filosófico ni demagógico, es un problema real que nos afecta como ciudadanía.

Podemos discutir largamente qué es la justicia y la ley, pero la verdad es que es un debate inútil. El problema es qué es más importante para el orden social. Como naciones, hemos construido leyes que aspiran a dar un sentido de justicia a lo que nos afecta, si bien durante décadas la ley nos ha fallado.

En efecto, durante muchos gobiernos la ley no se ha cumplido o se ha manipulado a favor de algunos, evadiendo su función de hacer justicia. En nuestro país, ha gobernado y gobierna aún la cultura de la impunidad. Es por esto que el discurso de que la justicia debe estar por arriba de la ley es tan convincente para tantas personas.

La justicia está por encima de todo, la justicia. Si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, decidan en favor de la justicia

Pero este discurso es sumamente peligroso. Y lo es por una razón muy simple: lo que es justicia para uno, no necesariamente es justicia para el resto. ¿Es justicia cortarle un brazo a un ladrón, como se hace en algunos países? ¿O es justicia mandarlo a la cárcel? Habrá quienes piensen que es justicia matar a un asesino, y habrá quienes consideren que eso es venganza y que debe pagar su pena en prisión.

Habrá quien piense que es justicia enviar a una mujer que abortó a la cárcel, y habemos quienes pensamos que eso es un error. Y este es el problema: la justicia es subjetiva. Responde a nuestros valores y nuestra concepción de lo que es correcto y de lo que es el castigo proporcional. Y como nunca vamos a ponernos de acuerdo al respecto, inventamos la ley.

La ley es objetiva y, suponemos, debe aplicarse para toda la gente. No responde a tus creencias ni convicciones, sino al pacto que hemos hecho para funcionar como sociedad. Sin la ley, cada quién haría justicia según su propia convicción. Por eso es tan peligroso que nuestro presidente, de forma sistemática, diga que lo que él entiende por justicia está por encima de la ley.

Ejemplos sobran. Estas semanas ha resonado el escándalo por el intento de extensión del periodo del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, en su puesto. La nueva ley judicial, aprobada por senadores y senadoras de todos los partidos, es claramente inconstitucional. Pero el presidente tiene otra opinión.

No es el único caso. La orden del Instituto Nacional Electoral de que no se puede hacer propaganda de gobierno durante un periodo electoral ha levantado toda la irritación de nuestro gobernante. Le ha molestado tanto, que incluso acusa de una especie de golpe de Estado.

No podrían hacerlo porque es mi derecho de manifestación, es mi libertad, y eso está por encima de cualquier otra disposición o de cualquier reglamento. No, imagínense, sería un golpe de Estado técnico.

Lo mismo vimos con la apasionada defensa a Félix Salgado Macedonio o de cada uno de los temas en que el poder del presidente se enfrenta a un límite. Porque para López Obrador la justicia la decide él. No es un tema de leyes ni de instituciones, sino de su muy pura intuición siempre conectada con lo que llama “el pueblo bueno”.

Y sí, hemos vivido, y seguimos viviendo, una profunda falta de Estado de Derecho. La impunidad es rampante y la ley no se está poniendo en práctica, lo cual nos pone en riesgo a todas las personas. Es un problema añejo que no empieza en este gobierno, pero sin duda no se está atendiendo hoy.

Lo que estamos viviendo es un momento en que la justicia como la imagina el presidente es más importante que las leyes que nos rigen a todas las personas. Estamos en tiempos en que la retórica es más importante que la verdad y la ley está sujeta a los caprichos de quienes nos gobiernan. 

Así, regreso a Orwell y una frase que dijo hace décadas, y hoy aplica como nunca: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario.”

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