Maldita transparencia

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Una y otra vez, el gobierno y sus aliados han acusado a la prensa de ser una fuerza enemiga. Nos han aburrido con la pregunta “¿y dónde estabas cuándo Peña, cuándo Calderón, etcétera?”. Como nunca, el periodismo ha tenido que recordar todas las veces que denunciamos la corrupción y los errores del pasado, para así tener derecho a fiscalizar al gobierno del presente, y ni así les parece bien.

Vigilar y revisar las acciones de cualquier gobierno es el centro del trabajo periodístico, y es también una responsabilidad democrática. Una de nuestras herramientas claves para saber en qué, y cómo, gasta el gobierno el dinero de toda la ciudadanía mexicana, es la transparencia. La construcción de un marco legal que le diera fuerza y sustento al Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información, el INAI, fue una lucha desde la oposición contra la oscuridad de nuestros gobernantes.

Sin embargo, en el gobierno que más pregona combatir la corrupción y más presume de su supuesta honestidad, estamos enfrentando una opacidad insospechada. El presidente López Obrador ha sido muy explícito en su desprecio al INAI y a la transparencia en el ejercicio del poder.

Lo desconcertante de esta administración es que oculta información de todo tipo. No importa si es muy importante o muy menor, una y otra vez nos topamos con la misma pared: nadie sabe qué pasó. 

Hay ejemplos que van de lo absurdo a lo dramático. Cuándo el presidente hizo público que había mandado una carta al gobierno de España exigiendo una disculpa por la conquista de América, pedimos una copia por transparencia. Era un documento público. Pues resulta que nadie en el gobierno tenía copia de la carta.

Lo mismo con la famosa cena en la que se extorsionó a empresarios para comprar “cachitos” de la rifa del no-avión. El gobierno hizo muchas declaraciones en torno al evento, y López Obrador mismo nos contó el menú. Pero preguntamos a través de Transparencia quiénes fueron los asistentes y cuánto le costó al erario. La respuesta fue la misma: ni idea.

Hay casos mucho más graves. Hemos documentado en Cuestione que las toneladas de medicamentos que se trajeron desde China no aparecen. El canciller Marcelo Ebrard celebró públicamente las llegadas del avión que hizo 25 vuelos para traer millones de insumos médicos. 

Pero, sorpresa: nadie en la administración federal tiene idea ni de dónde están ni de cuánto nos costaron. Ni Relaciones Exteriores, ni la secretaría de Salud, ni el Insabi, ni el IMSS, ni la secretaría de la Función Pública. Su destino es un misterio.

Lo mismo con las famosas pipas que iban a combatir el huachicol. Hubo una gran fiesta respecto a su compra, pero hoy no se sabe dónde están. Casi 700 solicitudes de información después, el gobierno dice que su ubicación es desconocida. Son casi mil 700 millones de pesos gastados en algo cuyo rastro se perdió.

¿Es esto corrupción? Quizá, pero también es otra cosa: negligencia e ineptitud. Negligencia, porque este gobierno, siguiendo la línea del presidente, desprecia y ningunea la transparencia. Se supone que como ahora sí son honestos, ¿por qué habrían de rendir cuentas? Es ineptitud, porque muchos de los nuevos funcionarios simplemente no saben que es su obligación legal entregar la información que se les pide. Vale la pena repetirlo: no es opcional, es su obligación legal.

Hay un viejo proverbio ruso que dice “Confía, pero verifica”. Los seguidores de AMLO pueden confiar todo lo que quieran en el presidente, pero no deberían molestarse de que verifiquemos lo que nos dice. En particular, cuando tenemos un gobernante que ha convertido la frase “tengo otros datos” en su mantra.

Podrá irritar todo lo que sea al gobierno, pero que quede claro que seguiremos exigiendo información sobre lo que se hace con el dinero de la ciudadanía. Porque no hacemos lo que hacemos para atacar a un presidente. 

Lo hacemos por una razón mucho más importante: proteger  la democracia de nuestro país.



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