Todo de lo que no hablamos

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Las conferencias de prensa de cada mañana que da el presidente están mostrando grietas. Según una encuesta de El Financiero, en un mes la llamada mañanera perdió 12 puntos de aprobación ciudadana, quedando ya en tan solo un 37 por ciento de opiniones favorables. 

Al mismo tiempo, son muchas las personas las creen que el presidente no habla con la verdad, las usa para hacer proselitismo o para atacar a sus adversarios.

Vimos una muestra de esto hace unos días, cuando utilizó su micrófono para criticar al Tribunal Electoral que, en uso de sus facultades y apego a la ley, retiró las candidaturas de Félix Salgado y Raúl Morón.

Solo un par de días antes ya se había lanzado a la carga contra lo que considera los intelectuales conservadores y hacer la triste confesión de que se ha quedado sin el apoyo de ese sector.

Sin embargo, y a pesar de la pérdida de confianza en las palabras del mandatario, sigue logrando dominar la conversación. Esto es un problema. Lo es porque en lugar de estar discutiendo, como sociedad, los grandes problemas que nos aquejan, terminamos hablando de las ocurrencias del gobernante.

Hoy, México está viviendo un promedio de 11 homicidios dolosos contra mujeres al día, muchos de ellos feminicidios. Una violencia letal que está creciendo. Además, como hemos documentado en Cuestione, a pesar de haber paridad en las candidaturas entre hombres y mujeres, los temas de género están casi ausentes en esta campaña. 

Nos detenemos en un tocamiento de un candidato o en el historial de otro, pero no estamos hablando de políticas para proteger a las mujeres. Ni siquiera las propias candidatas mujeres. 

La violencia criminal también persiste y en algunos lugares crece, pero en lugar de discutir cómo atenderla, nos concentramos en los dichos del presidente o su equipo. Nos quedamos en lo irrelevante.

Sube la inflación alimentaria, aquella que más afecta a las familias más pobres. La tortilla, los huevos, la gasolina y el gas ya han subido su valor en este sexenio.

La gente con menos recursos no solo enfrenta las dificultades de trabajar en pandemia, sino que también el precio de sus alimentos. Pero el diálogo público se atrapa en lo que dijo hoy López Obrador en la mañanera sobre lo corruptos que son los y las magistradas de la Suprema Corte.

Este es un gran triunfo para el presidente: instala cada mañana el debate público, así sea aplaudido o fustigado. Pero es una gran pérdida para el país, que ve cómo la economía sufre, la gente padece la pandemia y la violencia persiste. 

Porque en la medida de que hablemos de lo que nuestro gobernante quiere, dejaremos de discutir todo lo que realmente es importante para buscar caminos que nos permitan hacer de México un país mejor.

Esto debe ser un llamado de atención a toda la ciudadanía. Enfrentamos grandes desafíos en muchos temas, y nuestra capacidad de acallar el ruido mediático y concentrarnos en lo relevante es crucial. 

Hoy, los y las candidatas nos están pidiendo nuestro voto y haciendo sus promesas. Es la oportunidad de exigirles respuestas claras a problemas concretos, y distinguir a quienes simplemente no entienden los temas.

Y después, si ganan, es nuestra responsabilidad demandarles que cumplan

Esto no es fácil. Nos pide esfuerzo. Nos desafía. Pero es el único camino para que nuestra nación responda a las grandes necesidades ciudadanas.

La responsabilidad es nuestra.

Más del autor: La justicia contra la Ley


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