Neolengua a la 4T

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El lenguaje es algo que subestimamos. Pensamos que solo nos sirve para comunicarnos, pero en realidad tiene una utilidad mucho más compleja. Nuestras ideas, sentimientos y relaciones con los demás se moldean a partir de las palabras que usamos.

Y por eso es grave que nuestro presidente no entienda tantas palabras importantes.

Pero estas palabras, al parecer demasiado sofisticadas para el mandatario, pero definitivamente no son neoliberales.

No está de más que nos tomemos un minuto para explicar con claridad al presidente y sus seguidores lo que significan, porque aunque no lo crean, sí son palabras útiles.

Antes de las definiciones, vale la pena recordar la novela de George Orwell, 1984.

El libro, publicado en 1949, imaginaba un futuro en el que un gobierno autoritario intervenía todas las áreas de la vida de las personas, incluyendo el idioma. Para mantener el control social, el gobierno se dedicaba sistemáticamente a reducir el lenguaje a lo más básico.

Esto, porque el régimen tiene un objetivo: evitar que la población cuestione al gobierno. Y saben que para hacerlo, es necesario que el pueblo sea lo menos pensante posible. 

Una sociedad que no entiende conceptos como derechos humanos, transparencia, libertad, justicia, es más fácil de controlar que una que los usa, maneja y entiende.

Para los gobiernos, en particular los populistas, mantener el debate de las ideas en el lugar más elemental es crucial. Entre más básico sea nuestro pensamiento, más sencillo será dominarnos.

Por eso el lenguaje incluyente es tan importante. Todo lo que no se menciona se invisibiliza o estigmatiza. Así, los grupos, sectores o géneros que no son mencionados, que no son hechos presentes en nuestra lengua, van perdiendo relevancia. El uso de micromachismos es una muestra significativa de este fenómeno. 

Los hombres hablamos de cierta forma sobre las mujeres, que aunque no nos demos cuenta, contribuye a convertirlas en objetos y no sujetos de derecho. Quizá no es violencia física, pero es una forma de reducirlas. Y por eso tratamos de utilizar un lenguaje que haga las diferencias explícitas, visibles y tangibles.

Entonces, ¿qué es la empatía, la resiliencia y lo holístico, esas tres palabras que López Obrador considera neoliberales?

La empatía es nuestra capacidad de percibir y entender los sentimientos de otras personas. Su dolor o su desamparo. Es la habilidad de ponernos en su lugar. Es algo que todo gobernante o político, que aspire a mejorar la vida de la gente, debería tener. Y es, como vemos, una capacidad que el gobierno de López Obrador no tiene: ni le importan los niños con cáncer ni empatiza con los damnificados de inundaciones.

La resiliencia es un término muy importante. Habla de la posibilidad de las personas o las comunidades de recuperarse tras una tragedia o situación de dolor. Es resiliente una mujer que se sobrepone a la violencia de su pareja para liberarse y seguir con su vida; es resiliente una comunidad azotada por un terremoto que se apoya y reconstruye su pueblo. Es una destreza fundamental para superar eventos traumáticos.

Y lo holístico. Sé que suena cursi, pero no es una tontería. A lo que se refiere es un sistema que toma en cuenta todos sus componentes. Por ejemplo, si hablamos de educación holística, estamos pensando en una que no solo incluye ciencias y lenguaje, sino nuestra capacidad social, emocional y comunitaria. Una educación que piense en 360 grados, y abarque toda la experiencia humana y no solo la información. Es un término muy utilizado por las Naciones Unidas para promover un desarrollo social que implique todas las dimensiones.

¿Palabras neoliberales? Claramente no. Son palabras que, como muchas otras, nos ayudan a pensar mejor, a entender mejor el mundo, a ser mejores personas.

Pero sobre todo, nos ayudan a ser una sociedad más crítica y contestataria. Al final, más libres

Y eso es exactamente lo que nuestro gobierno no quiere: una sociedad rebelde.




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