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Las mamis y el salón

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Puedes escuchar este texto narrado por L’amargeitor dándole click aquí:

El día que cada uno de mis hijos entró a secundaria, me salí del chat de su generación.

Mi filosofía fue, y sigue siendo, que una persona de (más menos) 12 años era perfectamente capaz de informarme de las eventualidades necesarias de la vida escolar, siendo además que la información oficial de la escuela solo se comunica por correo electrónico (punto para la escuela). 

¡Qué dicha absoluta fue liberarme de los dos

Entre más crecen, menos involucrada estoy (y eso que nunca estuve muy involucrada) en su vida escolar. Mi otra filosofía es que es SU escuela, no la mía, y que mi responsabilidad ante ella, además de llevarlos y pagar, no va mucho más allá de estar enterada de lo indispensable, que no es, ni de lejos, qué están viendo en el temario de español, si lleva todos los cuadernos necesarios, qué tan bien hizo (o no hizo) la tarea, o cualquiera de esas cotidianidades. Insisto, no. es. mi. problema. Es de ellos.

Sin embargo, por más que pasen los años y yo me haya liberado, nunca me acabarán de sorprender las cosas que uno se va enterando, estés o no, en uno de esos chats.

Miren, la dinámica es más o menos la siguiente: los profesores y maestras se pasan varias sesiones calibrando, nivelando, planeando los salones; me imagino que sabiendo más que bien qué grupitos son una bomba atómica y letal para las dinámicas escolares y urge separar, quiénes se hacen bien juntos y quiénes pueden poner en donde sea y  siempre van a sumar (lograr un balance social y de género debe de ser la misión más retadora y, me imagino también, un infierno) y ya cuando por fin lo logran y anuncian qué salón le toca a quién… llegan las mamis y lo destruyen todo. 

Insisto, el infierno.

En mis casi 19 años de mamá, una sola vez en mi vida fui a solicitar un cambio de salón

En mi defensa puedo contextualizar que era el último año de primaria de la criatura y que, en su escuela, eso implicaba un viaje a Francia de dos semanas con su grupo. 

En esta escuela, además, desde el día uno el sistema es shuffulear al alumnado cada ciclo escolar. Es decir, para evitar bolitas y empujarlos a abrir sus horizontes, cada año los cambian de salón, por lo que están totalmente acostumbrados al estrés de ese primer día en donde sabrán con quién les toca o no. No hay cambios. Es lo que hay. Los niños lo saben y la verdad es que, justo por eso, no hay mayores dramas. 

El año del viaje, sin embargo, representaba un estrés particular porque pues… eso: viaje

Me acuerdo de llegar esa mañana con mi niña de 10 a checar las listas en la pared y de cómo esta personita normalmente tan adaptable y contenida, se descomponía completamente al descubrir que en un salón estaban toooodas sus amigas (menos ella y una más) 8 de 10. No mamen. 

Evidentemente tuvo que haber un chanchullo previo para que eso sucediera porque casualmente, además, ese era el salón de LA maestra más codiciada para ir a ese viaje. Muchas, muchas mamis pre-vacación, se acercaban a ella para pedir que si podía “elegir” a sus criaturitas en su salón. Cero pedagógico y cero congruente con la filosofía de la escuela, pero otra cosa que uno aprende es que en todos lados se cuecen habas.

La cosa es que mi niña, descolocada, me pidió: “por favooor mamáaaa veleeees a decir” y yo, queriéndole ahorrar ese malestar y furiosa ante la “injusticia”, acepté la misión. Siendo que jamás he sido la mamá metida en la escuela y por lo tanto nadie sabe quién soy y tengo ceeero palanca de ningún tipo, la señora directora con todo y todos mis argumentos me mandó, olímpicamente, a la chingada. Es lo que hay señora. 

El drama duró uno o dos meses. Afortunadamente la otra amiga sí le tocó en su salón, el tiempo fue curando la cosa y el viaje ha sido una de las mejores experiencias de su vida

Para acabar con el chisme, la experiencia del otro salón con todas las amigas, terminó siendo un absoluto desastre en el que todas se acabaron peleando con todas, porque como siempre sucede: la confianza puede llegar a apestar y 15 días juntas resultaron muchos días juntas. 

Ese fue el principio del fin de la bolita y en cambio, hoy, mi chamaca y la amiga con la que le tocó, siguen siendo grandes amigas y sigue también siendo amiga de todas las de esa bolita de manera separada. No ser parte del drama le permitió poderla pasar bomba en su viaje y… no ser parte del drama.

Las dos aprendimos algo muy importante con esa experiencia: la vida te pone siempre donde tienes que estar y aunque en un principio te incomodé, te caiga gordo, o te saque totalmente de tu zona de confort, tienes que aprender a confiar que ese es el lugar que en ese momento te corresponde. 

El sistema de revolverlos tiene un lado brutal y demoledor si no te sale como quieres. Pero es absolutamente formativo para la vida. Y es que la cosa más importante por la que mandamos a los hijos a la escuela (y pagamos las fortunas de colegiatura que pagamos) es para aprender DE la vida. Y la vida, no sé si ya se dieron cuenta, no siempre es justa, ni fácil, ni cómoda, ni sale como queremos, ni nos cae bien todo el tiempo. 

Por eso mamás, cuando tomamos la decisión de intervenir en las decisiones y procesos escolares, en la manera de enseñar de un profesor. en si nos parece bien, o no, que les hayan puesto un límite. no solo estamos metiéndonos donde no nos importa (¡por el amor de Dios busquen otra cosa que hacer, estoy seguuuura que hay algo mejor que puedes hacer que estar micro administrando la vida de tus hijos mana, ¡ocúpate!) sino que, al hacerlo, estamos balaceándoles los pies a nuestros hijos. 

Lejos de ayudar, les estás haciendo un daño irreversible para el resto de su vida. Le quitas la posibilidad de aprender a adaptarse. A asumir. A buscar nuevos caminos. Nuevos amigos. Y soluciones. Les permites creer que pueden tener todo bajo control, manipular las situaciones, e incluso, hacer trampas. Y muy especialmente, les mandas el mensaje de que estar incómodo no es aceptable y se hace lo que sea por salir de ese momento difícil…y  por lo que sea me refiero ¡a lo que sea! porque estas mamis están fuera de control ¡oigan no manchen las cosas que hacen para aplanarle el camino a sus criaturas!

Aprender a manejar la adversidad y adaptarse a ella, es uno de los ingredientes más importantes para formar adultos resilientes.

Un espantoso tache para las mamás que se tiran a matar (en una piñata o en cualquier parte) con tal de que a los hijos les acomode la vida. Sí. Pero y también a las escuelas. 

Porque les voy a decir una cosa escuelas: ustedes tienen la capacidad y el derecho de poner sus reglas y no dejarse manipular. Las escuelas se quejan mucho de las mamás ¡y en muchísimos casos tienen razón! Peeeroooo también son parte del círculo tóxico  y codependiente al tratar de complacer a todo el mundo y olvidar que su chamba es formar a los chavos, no caerle bien a los papás.

La escuela de mis hijos es así. Si te gusta, que bueno. Si no… ahí está la puerta y hazle como quieras mana. Una sola vez hace un par de años, cuando esta misma niña entró a prepa, una nueva directora tuvo la brillante idea de intentar cambiar la regla y dejarlos cambiarse de salón… fue un desastre monumental que jamás se volvió a intentar. 

En la vida hay muchas cosas que sí son blanco o negro y qué mejor manera de aprenderlo (todos) que permitiendo que las escuelas hagan su chamba y nosotros asumamos y confiemos en ellas.

Eso, solito, es un enorme aprendizaje para nuestros hijos: confía en la vida, en las instituciones que eliges, respeta la autoridad de estas y, si te tocó el “peor salón del mundo” el año que entra chance te toque mejor. 

Es lo que hay, m´hijo, vas a sobrevivir, aunque no te guste. A esto. Y a todo lo demás. 

Adáptate.

Al final, lo que yo he aprendido con mis hijos en estos viacrucis de principio de año, es que siempre, s.i.e.m.p.r.e hay ganancias en las pérdidas, aunque te tardes mucho en poderlas ver.

Les propongo que este ciclo escolar, mamás y papás, nos apliquemos diariamente en practicar el dicho aquel de que: “nuestra misión no es preparar el camino para nuestros hijos, es preparar a nuestros hijos para el camino.” 

Se los dejo de tarea.

Otro título de la autora: Las cosas que no nos dijeron

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