Columnas
Política exterior de la 4T
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Política exterior de la 4T
La nueva relación México EU
21 Jun | 2020
Por: Ricardo Pascoe Pierce
Política exterior de la 4T
La nueva relación México EU
Ricardo Pascoe Pierce por: Ricardo Pascoe Pierce
Jun 21, 2020
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La política exterior del gobierno de López Obrador se está enturbiando rápidamente. Sus mensajes contradictorios abundan y no parece tener claridad sobre su eje central ni sus objetivos principales. Además, la política exterior del gobierno es reflejo fiel de las contradicciones internas de la 4T.

Coquetea tanto a Venezuela y Cuba como a Estados Unidos. Así de “4T” es su política. México votaba a favor de Venezuela y la Bolivia de Evo Morales en organismos internacionales, el mismo mes en que se confirmaba el T-MEC con Washington y Ottawa. Piensan que pueden aplicar las dos políticas y ser igualmente amigos con dos visiones antagónicas. ¿Por qué no, se preguntan con soberbia ingenuidad, si así es dentro de la 4T?

En su inicio lo más vistoso de la política exterior fue el establecimiento de una “relación especial de amistad” entre los presidentes de México y Estados Unidos. Se reportaron varias conversaciones telefónicas presumiblemente de gran acercamiento y entendimiento, a pesar de las políticas económicas mexicanas contrarias al libre mercado (NAIM, cierre del sector petrolero y de electricidad a inversión privada, Constellation Brands, como muestra). 

Después vino la amenaza de aranceles si México no frenaba la migración hacia Estados Unidos, desde su frontera sur. Como le encanta decir a Trump: “México sí está pagando el muro… con 26 mil soldados en sus fronteras…”. Logró lo que quería, especialmente porque el año pasado el 80% eran migrantes centroamericanos. Sin embargo, este año el 80% de los migrantes son mexicanos, ante el desempleo desbordante en México. Las fuerzas federales mexicanas ahora sí son una Border Patrol para controlar a la población nacional.

El presidente mexicano quería viajar a Washington el 1 de julio para celebrar la entrada en vigor del T-MEC. El estadounidense se resistía. Pero con las encuestas en su contra, ahora Trump necesita a López Obrador en Washington, como parte de su campaña. Y el mexicano se dio cuenta de que le iba a ser contraproducente su presencia habida cuenta la creciente probabilidad de que los demócratas ganen la elección. 

Ahora no encuentra cómo escabullirse del compromiso. La pandemia no es pretexto suficiente, considerando que ambos presidentes salen permanentemente en giras electorales.

Entonces México empieza a buscar cómo irritar a Washington con amenazas creíbles, pero de poca monta, para no dañar la relación con el norte.

Primero, el mexicano se quejó de que el estadounidense no cumplió su compromiso de invertir en el sureste mexicano. En realidad, Trump se había comprometido a apoyar con exenciones fiscales a inversionistas americanos que quisieran invertir en esa región de México, no a invertir dinero de su gobierno.

Después México invitó a médicos cubanos -por tiempo limitado, se aclaró- pagándole al gobierno de ese país más de seis millones de dólares por sus servicios poco claros y, al parece, poco necesarios. En fin, no deja de ser una cierta escenificación teatral lo de los “médicos cubanos”. Pero apoyar a una dictadura es siempre un factor irritante, bilateralmente. 

Más recientemente, y más peligrosamente, el presidente mexicano ofreció venderle gasolina a Venezuela, ante la incapacidad de esa otrora potencia petrolera de refinar su propio crudo. Lo peligroso es que México corre el riesgo de enfrentarse en altamar a Washington por el bloqueo estadounidense sobre Venezuela. Metería en crisis la relación bilateral.

Estos tres “enfrentamientos” quieren ser el pretexto para cancelar el viaje a Washington y, así, evitar verse involucrado en la campaña de Trump. Pero pudiera ser demasiado tarde, pues el canadiense Trudeau está contemplando ir a Washington. Ese fue el tema central de la conversación reciente entre el canadiense y el mexicano. 

Las provocaciones infantiles de México hacia Estados Unidos serían una broma estudiantil si lo que estuviera en juego fuera menos serio: la recuperación económica de México depende de su relación con Estados Unidos. Y aún le debemos a Trump el haberle “salvado” a México del rompimiento con la OPEP y esos varios cientos de miles de barriles de petróleo. Trump se dispone a cobrar la factura.


La única opción que tiene México para salir de su crisis económica –que viene con furia– es atándose aún más a la economía estadounidense. Es, simultáneamente, una oportunidad y nuestra perdición. El gobierno no puede jugar a la “izquierda infantil” de Morena cuando se apuesta el futuro del país y su gente.

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