A Fondo
Foto: Isaac Esquivel/Cuartoscuro
Los Avispones de Chilpancingo: la noche olvidada
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Los Avispones de Chilpancingo: la noche olvidada
A cinco años, siguen pidiendo justicia
26 Sep | 2019
Por: Redacción
Muy Cierto
Los Avispones de Chilpancingo: la noche olvidada
A cinco años, siguen pidiendo justicia
Sep 26, 2019
por: Redacción
Muy Cierto
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Por: Alberto Roman / @AlbertoRomanGar

*Este texto se publicó primero en el sitio apuntesderabona.com el 25 de septiembre de 2019

Los Avispones de Chilpancingo realizaron una misa aquel 26 de septiembre de 2014, con la intención de bendecir el torneo que comenzaba ese mismo día, y en el que enfrentarían al Iguala FC más tarde. Entre los jugadores que viajaron a la capital de Guerrero aquella jornada, se encontraba David Josué García Evangelista, un joven de catorce años cuyo amor por el futbol comenzó a los siete años, y que desde entonces no se despegó de la pelota.

3-1 favor Avispones

Aunque aquel día ya se sabía que David no iba a jugar debido a que tenía una lesión en su mano, fue invitado por el entrenador del conjunto a que acompañara a la escuadra, para que se fuera acoplando. Su madre le dijo que esperara a su debut en Chilpancingo, pero él decidió seguir a sus compañeros. Roberta Evangelista, madre del “Zurdito”, como le apodaban, no lo acompañó en aquella ocasión, aunque generalmente solía hacerlo. La última vez que lo vio, fue cuando se despidieron frente a la iglesia.

Otro de los integrantes de que aquel equipo era Miguel Ríos Ney, defensa central que aquella noche cumplió un sueño: debutó al entrar de cambio los últimos veinte minutos del encuentro. Sus padres lo acompañaron al partido. Hasta el final del partido todo parecía indicar que la misa había dado resultado: el club de Chilpancingo logró sacar el resultado con un marcador final de 3-1. El juego concluyó cerca de las diez de la noche.

El comienzo

Mientras los futbolistas disputaban el encuentro, las redes sociales comenzaron hacer eco de lo que terminaría por convertirse en una de las noches más oscuras del México moderno: había balaceras en Iguala, la cacería de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa se estaba llevando a cabo.

Ante el clima de inseguridad que se percibía, el plan de ir a cenar tacos para festejar el triunfo se canceló. Lo mejor era ir directo de regreso. Los jóvenes futbolistas y el equipo técnico abordaron el autobús Volvo que los llevaría de vuelta a casa. Desgraciadamente no todos lograron llegar. Y ninguno volvió a ser el mismo luego de aquella noche.

El Zurdito

Cerca de las 23:30 el “Zurdito” se comunicó por última vez con su madre: en una llamada telefónica le comentó que llegarían tarde debido a que se encontraron con una serie de retenes. Estaba contento porque, a pesar del retardo, lograron sacar los tres primeros puntos del torneo. 

A partir de este momento, la tragedia comienza a hilarse de manera ominosa. Aproximadamente a 15 kilómetros de Iguala, en el llamado cruce de Santa Teresa, el autobús en el que viajaban los futbolistas se recargó a un costado de la carretera de manera violenta: más de doscientos disparos impactaron contra la unidad que se salió de control. En su interior, el chofer del camión, varios miembros del cuerpo técnico y futbolistas, resultaron heridos.

De los 26 pasajeros, doce sufrieron distintas lesiones. El “Zurdito” recibió un total de cinco balas, pero la que terminó por arrebatarle la vida, según el dictamen pericial, fue la que impactó en su pecho, cerca del corazón. Su madre no sabría hasta varias horas después la situación de David Josué. Roberta Evangelista comenzó a inquietarse conforme el tiempo avanzaba y no tenía noticias de su hijo. Alrededor de la una de la mañana se enteró, gracias a las redes sociales, que el autobús en el que viajaban los Avispones había sido balaceado. 

¿Dónde está?

De inmediato intentó trasladarse al lugar de los hechos, pero le fue imposible: los caminos estaban llenos de bloqueos. Sin embargo, logró comunicarse con uno de los compañeros de equipo de su hijo, quien le informó que David había recibido una bala en el estómago. Más tarde consiguió comunicarse con alguien en una ambulancia: le hicieron saber que los heridos estaban siendo trasladados al Hospital General, pero no sabían nada de la situación de su hijo. 

Ante la perspectiva de que llegar con su hijo iba a tomar demasiado tiempo, Roberta Evangelista pidió a su hermano, que en aquel momento vivía mucho más cerca del hospital, que la ayudara a buscar a David. Luego de un par de veces en las que les dijeron que no sabían nada de él, les informaron que al “Zurdito” lo encontrarían en la Semefo (Servicios Médicos Forenses). Su hermano no le comentó nada hasta corroborar esta información varias horas después.

El debut de Miguel Ríos Ney

Aquella noche varios padres de familia habían acompañado a los muchachos al encuentro contra el Iguala FC en sus propios autos. Entre estos se encontraba Miguel Ríos Romero, padre de Miguel Ríos Ney, joven defensa que ese mismo día había debutado. En el camino, a la altura de Ciudad Judicial, los automóviles fueron desviados hacia un sendero de terracería, mientras que el autobús con los jóvenes futbolistas continuó su camino por la carretera federal. 

Cuando Ríos Romero estaba a punto de llegar a Zumpango, su teléfono comenzó a sonar: al otro lado se encontraba su hijo, diciéndole que los habían atacado, que él se encontraba herido.

En menos de media hora llegó a Santa Teresa. Ahí, el camión de los Avispones se encontraba fuera del camino, tapizado de marcas de balas. Para ese momento, Víctor Manuel Lugo Ortiz, mejor conocido como el “Barcel”, conductor del camión, ya había fallecido, mientras que David Josué estaba agonizando. El  hijo de Ríos Romero se encontraba entre la maleza, había recibido cinco balas y se estaba desangrando. Se lo llevó de ahí en su camioneta, luego de discutir con los policías federales. "Para qué te lo llevas si de todos modos se va a morir”, le espetaron los agentes de la ley.

La odisea

Antes de partir a toda velocidad intentando salvar la vida de su hijo, volvió al autobús y subido sobre una de las llantas preguntó si se llevaba al “Zurdito”, a lo que le respondieron que no, que ya no había nada que hacer por él. Lo que siguió fue una odisea en la que tuvo que sortear carreteras llenas de retenes en una noche particularmente convulsa: policía, sicarios y militares tenían sitiada la ciudad.

En tres hospitales no logró el ingreso de su hijo, siendo la clínica Reforma, la que terminó por atenderlo. Ahí, le confirmaron que el joven futbolista requería operaciones de emergencia, para las cuáles no contaban con médicos competentes, por lo que tuvo que mandarlos traer hasta Chilpancingo, a donde trasladó a su hijo al día siguiente.

Aunque tuvo a Miguel en casa de sus suegros debido al temor que lo invadía de que los sicarios fueran al hospital a terminar lo que habían comenzado, terminó por llevarlo a una clínica luego de que comenzó a tener convulsiones. Tuvo que someterse a tres operaciones más.

Jorge León, el negociador

La intervención de Jorge aquel día pudo ser decisiva y salvar la vida de varios de sus muchachos. Esto se debe a que algunas semanas antes de la tragedia tuvo una conversación con un conocido que era oficial de la Policía Federal. Éste le dijo que en caso de que se viese envuelto en un asalto, lo mejor era intentar negociar para ganar un poco de tiempo.

Aquel 26 de septiembre, luego de que el camión casi se volcara y con varios de sus chicos heridos, Jorge León Sáenz fue quien dialogó con los sicarios que atacaron el camión de los Avispones de Chilpancingo.

Aquella noche fungió como auxiliar técnico en el 3-1 contra Iguala. Fue uno de los primeros que reaccionó luego de que el camión se salió de control y se fue hacia uno de los costados del camino. Ahí, se acercó a la puerta, donde encontró a un hombre armado que a punta de culatazos estaba rompiendo el cristal de la puerta del autobús. Para ese momento Sáenz, que entonces contaba con 39 años, se encontraba herido debido a que recibió una bala en el brazo izquierdo, además de un roce en el ojo derecho, que terminó por afectar su vista. 

“Dime un número"

El pistolero exigió que abriera la puerta, a lo que el auxiliar técnico respondió que sí abriría la puerta, pero que adentro solamente encontrarían niños de un equipo de futbol: “Dime un número y te paso los uniformes para que veas que no miento” le dijo al hombre armado. Ante las amenazas de que abriera, intentó hacerlo, mientras le suplicaba que no disparara, alegando que la unidad se encontraba repleta de menores. Acto seguido se dirigió hacia la palanca para abrir la puerta, tal y como le indicó el “Barcel” (que más tarde perdería la vida), sin embargo, ésta estaba destruida por los disparos. 

León Sáenz declaró que, dado las amenazas que había recibido ordenándole que abriera o que de lo contrario lo matarían, pensó que al no poder abrir, le dispararían. Sin embargo, esto no fue así: “Ya la cagamos, no son estos”, fue el grito que probablemente le salvó la vida.

Las consecuencias

Roberta Evangelista, madre del “Zurdito”, en entrevista con Apuntes de Rabona, asevera que de “de inicio se acercaron de parte de la comisión de reparación del estado de Guerrero” para ofrecerles apoyo. Sin embargo conforme fue pasando el tiempo, la ayuda fue menguando. Por ejemplo: les ofrecieron viviendas, de las cuales no cuentan con escrituras. 

“A cinco años nos sentimos con coraje, con tristeza. Todavía traemos el coraje aquí adentro, porque realmente sabemos que no ha habido justicia (...), nos preguntamos ¿dónde están los asesinos?”. Y es que si se repasa lo que sucedió más allá de la efervescencia de los días que siguieron a la tragedia, los afectados fueron abandonados luego de algún tiempo, a su suerte.

La noche que se extendió

Uno de los ejemplos más claros es el de Miguel Ríos Ney. En un primer momento se le prometieron una serie de apoyos para la reparación de daños: 600 mil pesos, su inscripción en el Seguro Popular para que llevara a cabo su rehabilitación, la entrega de un departamento, una beca para que en la Universidad del Futbol, de Pachuca, la entrega de un departamento y la inclusión de su madre en el programa Prospera. 

Al inicio las cosas parecieron ir viento en popa, pero conforme el tiempo comenzó a avanzar, las promesas se convirtieron en espejismos: para comenzar, la beca sólo la recibió durante año y medio, por lo que la familia de Miguel tuvo que absorber los 22 mil pesos al mes que suponía estar en la institución.

En el Seguro Popular no los atendieron, argumentando que ahí no llevan a cabo procesos de rehabilitación. Por último, el departamento que les dieron fue reclamado por el Infonavit debido a que nunca se llevó a cabo el pago por parte de la Sedatu. 

Por si lo anterior fuera poco, los 600 mil pesos que recibieron fueron insuficientes para cubrir las cinco cirugías y el proceso de rehabilitación que Miguel llevó a cabo. Según sus padres, los costos superan el millón y medio de pesos. Y a esto se suman los adeudos que contrajeron por el pago de la Universidad del Futbol. 

Facundo Serrano

Facundo Serrano, que en aquel momento fungía como director deportivo del club, sobrevivió al ataque, a pesar de que fue alcanzado por balas tanto en el hombro como en la espalda. Desgraciadamente, el horror no terminó aquel 26 de septiembre. El 25 febrero de 2016 una comisión de diputados visitó el Congreso de Guerrero, donde en conferencia de prensa aseguraron que los Avispones habían sido indemnizados con 8 millones 700 mil pesos, divididos entre casi dos decenas de víctimas.

Apenas unos días después de este anuncio, Serrano fue extorsionado por hombres armados que llegaron directamente a su casa para decirle que debía entregar 300 mil pesos en un par de días “Sabemos que te dieron. Queremos (el dinero) en dos días, si no voy a venir a balacear tu casa, a tus hijos y a tu esposa embarazada”.

Debido a las amenazas salieron del estado durante poco menos de un mes, pero cuando el apoyo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas se terminó, tuvieron que volver a a Guerrero. Tras varios meses de amenazas, el 21 de mayo de 2017, su hijo Axel fue baleado. Para pagar las cirugías que ha  requerido tuvieron que vender todo lo que tenían.

El olvido

Roberta Evangelista comenta que el caso de los Avispones de Chilpancingo queda marginado en estas fechas. Los focos suelen centrarse en los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. “Nos da coraje que el tema Avispones siempre lo hacen a un lado, siempre hablan de los 43. Yo entiendo y respeto mucho mucho su manera de manifestarse, entiendo que fue el mismo caso. Pero a mi niño yo ya lo enterré”.

Por ejemplo, cuando el ex presidente Enrique Peña Nieto se reunió con los padres de los estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos, los Avispones no estuvieron presentes. Lo peor de todo es que el acercamiento continúa sin llevarse a cabo. “La Suprema Corte de Justicia dio indicaciones de que Avispones estuviera presente en la Comisión de la Verdad y eso no se ha dado. Sí nos sentimos aislados”, asevera Evangelista.

Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder, las cosas no han cambiado. A pesar de que ya tuvo acercamientos abiertos con los padres de los 43, la madre del “Zurdito” asegura que con ellos el olvido sigue siendo el mismo, sin importar el espectro político del nuevo presidente. “Nunca hemos tenido un acercamiento con López Obrador, jamás nos ha buscado. No ha habido absolutamente ningún acercamiento”.

Aquella noche de septiembre de 2014, los sueños de David Josué fueron fulminados: él añoraba llegar a jugar en Chivas de Guadalajara, y su figura a seguir era Cristiano Ronaldo. Nunca sabremos hasta dónde habría llegado si la inseguridad en nuestro país no le hubiera arrebatado la vida. A cambio su madre sólo pide respuestas “Yo lo que exijo es justicia, que sepamos la verdad, que sepamos qué pasó”.



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