Una oposición estridente pero vacía

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El plantón en el Zócalo del Frente Nacional Anti-AMLO, FRENA, y la reciente marcha contra el gobierno han desatado un intenso debate en nuestro país.

Muchas voces se han sumado a este movimiento opositor, y ha atraído la atención tanto de los medios como de muchas personas críticas de la actual administración.

Sin duda México, como toda democracia, necesita una oposición dinámica que haga contrapunto a los gobiernos, en particular cuando estos acumulan mucho poder. Una fuerza que haga ver los problemas para que se resuelvan y que genere alternativas de cambio, siempre es saludable.

Pero, ¿es eso lo que estamos viendo? En realidad, la oposición de este tipo de movimiento está tan vacía como esas casas de campaña que vuelan por el centro de la capital.

FRENA ha hecho su principal demanda la renuncia de un presidente que ganó con el 53% de los votos, y que aún mantiene un importante respaldo ciudadano. Es decir, no están a favor de nada, sino más bien en contra de todo. 

Más aún, al revisar los planteamientos de sus líderes más visibles y de su propuesta política, nos damos cuenta que esta oposición propone una peligrosa regresión conservadora.

El Frente contra López Obrador asegura que existe una especie de conspiración comunista internacional para apoderarse de nuestro país, cosa que no tiene ningún asidero en la realidad. Además, defiende una serie de posiciones de ultraderecha: están contra el aborto, contra una cosa que ellos llaman “el homosexualismo”, contra la diversidad. 

Entre sus planteamientos vemos cosas que van de lo equivocado a lo francamente delirante, como que el gobierno busca “el control completo del internet”.

Hoy aún no ha logrado, como movimiento, un apoyo mayoritario, pero es importante señalar los peligros que estos frentes han generado en otros países.

Lo hemos visto en lugares como Brasil, donde la ultraderecha logró posicionar a un personaje como Jair Bolsonaro en la presidencia. Este líder, profundamente conservador, anti ecologista y sin agenda social, ha llevado a su país a una peligrosa deriva autoritaria.

Lo mismo en muchas otras naciones. Hemos observado cómo, una y otra vez, un gobierno populista deriva en otro peor. Es el caso de Hungría o Polonia, que en medio de sus crisis sociales eligieron a líderes represivos y autoritarios. Europa está viendo en muchos países, con profunda preocupación, el crecimiento de grupos políticos ultranacionalistas y de tendencias que rayan en el fascismo.

Y también lo hemos experimentado en México. Como lo fueron los cristeros o los sinarquistas, estas fuerzas se han manifestado antes con peligrosos resultados.

Por supuesto no se trata de defender al gobierno o de no ver sus errores. El asunto es que la oposición tradicional está tan debilitada y desdibujada que su espacio de poder está siendo rellenado por una estridencia que, al final, no ofrece nada más que eso: gritos, dramas y casas de campaña voladoras.

En México hay muchas voces políticas inteligentes y propositivas, pero están opacadas por este ruido. Sin duda, nos urge una oposición sensata, que pueda construir consensos y fomentar un debate que contribuya a reducir la polarización y volver a ese lugar que hemos abandonado: el de las ideas.

Pero sobre todo, es fundamental que rechacemos la tentación de caer en las trampas de una visión que, lejos de combatir el autoritarismo, quiere crear uno nuevo.

Por esto, esta semana en Cuestione, analizaremos la evolución de las ultraderechas en otros países, analizando las graves consecuencias que puede tener. Y además, revisaremos la importancia de una oposición fuerte pero propositiva.

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