¿Un México de percepciones o realidades?

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“Hay cosas conocidas y hay cosas desconocidas, y en medio están las puertas de la percepción”. 

ALDOUS HUXLEY

Podemos pensar que criticar los mensajes de López Obrador es quedarse en la forma, lo interesante es distinguir que en el manejo de sus formas esconde el fondo. Escuchar los silencios, no perderse en sus acentos y leer entre líneas. Si entendemos esto, veremos que en su forma también está el fondo.

Sus discursos podrán gustarnos o no, pero gracias a ellos llega a su base. Logra, de forma excepcional, hacerse presente y cercano. Ser su voz, su defensor. Y que lo sientan de su lado. Fueron décadas de haber sido olvidados, de resistir proyectos que los mantuvieron al margen, de haber sido explotados y de que la esperanza de escalar socialmente fuera un sueño perdido. 

No nos podemos cerrar a esa verdad. De ahí parte su éxito, su actual popularidad y el bono de paciencia que goza del pueblo.

Para lograrlo hay que crear villanos, voceros silenciosos. Si los gobiernos anteriores fallaron, hay que justificar el aumento en adjudicaciones directas en lugar de cambiar hacia la transparencia por la que fueron votados. Si los contrapesos le incomodan, a todos se les califica de corruptos y se desaparecen de tajo para mantener el control-premio o castigo. Conservadores, neoliberales, productores de comida chatarra, pasquines.

López Obrador avala la polarización social en el discurso y nos orilla como sociedad, a escoger entre dos bandos: el bien y el mal.

No importa que la pandemia no esté controlada, mientras en el discurso venda sus acciones como de éxito total. No importa que Pemex y Dos Bocas sean un lastre para el futuro económico del país, mientras su base crea que se trata del rescate de la soberanía y la reconquista heroica de la energía, mares, aire y rayos solares.

Se trata del astuto y peligroso manejo de la percepción por encima de la realidad. Porque en un entorno como el que vivimos, existe el riesgo que cuando la mentira llegue al desierto, un espejismo de esperanza mantenga caminando al viajero y, en esa idea, acelere el paso y así, su muerte.

Porque no se podrán esconder los miles de muertos por el mal manejo de la pandemia, la cerrazón al cambio de estrategia, la reducción en el gasto en salud y la absurda pelea de politizar el cubrebocas. No habrá forma de esconder los miles de negocios que cierran cada día por falta de apoyos, ni los 10 millones de nuevos pobres. No existirá fuerza pública capaz de callar las voces de millones de mujeres violentadas. No habrá poder humano que cambie un acta de defunción por un medicamento contra el cáncer que llegó tarde. Ni existirá guardia nacional que cambie los balazos por abrazos.

Por otro lado, sería injusto no mencionar hechos que superan la percepción, que han logrado colocar temas sobre la mesa de asuntos olvidados o ignorados. Que el aumento en el salario mínimo era urgente. Que a pesar de criticar la forma en su implementación, era necesario enfrentar la subcontratación descontrolada, las empresas “factureras”, la evasión fiscal y el aumento en programas sociales, que aunque se trate de control-premio-voto, no es asunto exclusivo de este gobierno.

El presidente sabe que sin los datos duros hará del manejo de la percepción su mejor activo. En un México donde la oposición está ausente y atemorizada, sin mensajes ni manejo de percepciones o de realidades.

Al final, lo deseado en el 2021 es que el voto sea por realidades y se le cierren las puertas a la percepción.

@JoseiRasso

Otro texto del autor: Lloro porque en México todos los días, son días de muertos

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