Las historias detrás de la tragedia

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La Ciudad de México se conmocionó el lunes 3 de mayo en la noche con la tragedia de la Línea 12 del Metro. Las personas de la capital vieron con horror los videos del accidente, los lamentos de las víctimas, los esfuerzos de rescate. 

Nos conmovimos ante un accidente terrible y, quizá sobre todo, evitable. Pero de inmediato, y antes que nada, lo que vimos de nuestra clase política fue un intento de deslindarse del costo político o el intento de sacar beneficio de él.

Marcelo Ebrard, Miguel Mancera y Claudia Sheinbaum salieron rápido a asegurar que colaborarán con cualquier investigación. Están a las órdenes de las autoridades, dijeron, mucho antes de lamentar el evento o asumir alguna responsabilidad.  

La oposición, por supuesto, salió a condenar a los tres líderes de los gobiernos capitalinos, buscando convertir este triste evento en un levantamiento de votos. Por su parte, desde los seguidores del gobierno, incluyendo funcionarios públicos, se creó la dudosa teoría de conspiración sobre un atentado terrorista para desprestigiar al gobierno.

Es periodo electoral y era inevitable que se politizara la tragedia, como pasó antes con Ayotzinapa y muchas otras. Pero mientras los políticos hacían una doble maniobra de control de daños y aprovechamiento electoral, la gente estaba atrapada entre los escombros. Al menos 25 muertes y 80 lesionados son el saldo de una constante en nuestro país: negligencia gubernamental, corrupción y abandono.

Está bien documentado que desde su construcción, en el gobierno de Ebrard, existieron desvíos de recursos, pagos excesivos y mal diseño. Está claro también que en los años de Mancera, hubo negligencia en mantenimiento, sobre todo después del sismo de 2017.

Con Sheinbaum, lo que hemos visto ha sido problema tras problema con el Metro. Inundaciones, choques de trenes, incendios que paralizan líneas, miles de personas afectadas. Pero Florencia Serranía, la directora del Sistema Colectivo de Transporte, enfrenta con soltura su desafío.

Así, profesionales de la política empujan sus agendas o tratan de cuidar su futuro electoral, mientras las víctimas sufren.

Cuestione hizo un recorrido por los hospitales donde atienden a las personas afectadas. Hablamos con familiares y heridos. Sus historias nos hablan de tragedias personales, pero también de un profundo problema institucional en nuestro país: nuestros gobernantes simplemente no están conectados con la gente.

Gisela Riojas nos contó que tras saber de su accidente, salió con sus dos hijos a buscar a su marido, Miguel Ángel. No estaba en ningún hospital, no estaba en ninguna lista de víctimas. “No tenemos registro”, le dijeron. El 4 de mayo, tras una noche de pesadilla, lo encontraron en una morgue.

Nancy Ramírez le mandó un mensaje desesperado a su madre: “Estoy atrapada en el metro”. Sobrevivió, pero con una fractura de cadera y lesiones en su columna. Le dijeron que necesitaba cirugía urgente para que vuelva a caminar, pero en el hospital Xoco no tenían los materiales para atenderla.

Mario Salgado supo por redes sociales que su hermano, Santiago, estaba hospitalizado. Pero nadie en el hospital del ISSSTE le dio información. Supo, por Twitter, que tiene heridas múltiples en el cráneo. Nada más. 

Estas son solo algunas de las historias que escuchamos. Son una pincelada de una noche de terror. Y al día siguiente vimos a cientos haciendo fila tratando de ir a sus trabajos para tener su mínimo sustento, en una ciudad que no puede garantizar transporte seguro a su ciudadanía.

Sí, debe haber consecuencias políticas y legales. Debe haber castigos y no debe haber impunidad. Porque lo que vimos tiene un nombre: negligencia criminal.

Pero sobre todo, debemos alzar la voz. Porque nadie en México debería morir por tratar de volver a casa.

Otro tema del autor: Todo de lo que no hablamos

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