El dilema de vacunar a niños y niñas

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Esta historia es una comedia de errores. Pero son errores con consecuencias mortales. Estamos hablando de Hugo López-Gatell y su errática relación con la vacunación a niños y niñas.

Es importante hoy el tema porque apenas el lunes pasado el subsecretario de Salud anunció con entusiasmo que se vacunará a los menores de edad que, por su situación de salud, necesitan ser protegidos.

El anuncio habrá sido muy bienvenido por las familias de menores que tienen diabetes, obesidad u otras condiciones que los hacen vulnerables

Además, este mismo subsecretario, hace meses, había celebrado en redes sociales que se hubiera aprobado la vacuna Pfizer en niñas y niños de 12 años en adelante, lo que consideró entonces como un gran avance para proteger al “pueblo de México”.

Pero después llegó la tercera ola, cuando ya muchos adultos mayores y gente con más de 18 años habían sido vacunadas. Y ahí empezó el problema. Los menores de edad superaron los contagios de la primera y la segunda ola juntas, y desde que empezó la pandemia habían fallecido casi 800 niños, niñas y adolescentes por la COVID-19.

Entonces, padres y madres de personas que tenían alto riesgo recurrieron a amparos ante la justicia para exigir que sus hijos e hijas fueran vacunadas. Muchos los obtuvieron con éxito, como fue el sonado caso de Zulma, la menor veracruzana que logró un amparo. Sin embargo, el gobierno de Cuitláhuac García se negó a aplicarle la vacuna.

Y así, el tema llegó a la conferencia mañanera del presidente. A esas alturas ya había unos 250 amparos logrados por padres y madres de menores, y el tema fue tratado como los niños con cáncer: es una conspiración neoliberal.

López Obrador fue claro en que las farmacéuticas estaban detrás de esta estrategia legal porque están tratando de hacer negocios, e incluso pidió que se investigara a quienes están solicitando los amparos.

El subsecretario, obsecuente como siempre es con el presidente, dio un giro de 180 grados. Descartó la posibilidad de vacunación para este sector, ya que no eran prioridad. Y explicó con su habitual y rebuscada retórica que cada vacuna para un niño o niña dejaba a alguien con más riesgo expuesto.

Las redes explotaron. Las oficinas del gobierno se incendiaron con reclamos y quejas. Y ahí empezó el cambio. Zulma y su familia respondieron negando ser parte de una conspiración. Al final la vacunaron, pero solo porque ejerció presión legal y social

Muchos trascendidos nos llegaron diciendo que López-Gatell había presentado su renuncia, que había perdido la confianza del presidente y que tenía un pie afuera del gobierno.

Pero no. Porque sacarlo ahora sería reconocer que no lo hizo bien en la pandemia. Sería admitir que su estrategia, o falta de ella, falló. Y eso simplemente no sucede en la llamada cuarta transformación. Porque en este gobierno nada es peor que reconocer un error.

López-Gatell, bajo intensa presión, cambió. Ahora dice que se aplicarán un millón de vacunas a menores, pero como siempre, lo hace desde la opacidad: no está clara ni la estrategia, ni el criterio, ni la prioridad. 

Lo que está claro es que en el Palacio Nacional saben que su papel como vocero está absolutamente consumido por su actuar errático, ineficiente y pobre ante la mayor crisis de salud de los últimos cien años.

Pero no lo sacan ni cambian la estrategia; no se hacen ajustes ni mejora la transparencia. Porque hoy no importan las contradicciones cotidianas que vemos en el gobierno. No importan los giros radicales

Lo único que importa es que aunque un día se diga una cosa y al día siguiente otra, el gobierno nunca se equivoca.

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