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Las encuestas: el método para que los partidos no pierdan control y ganen legitimidad

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Acabamos de atestiguar los procesos internos de las dos fuerzas políticas más relevantes en México -Morena con sus aliados y el Frente Amplio por México, la oposición- para la selección de los liderazgos (para no decirles candidaturas) que van a representar a ambos grupos en la contienda electoral por la Presidencia en 2024. Ambos coincidieron en un método: el de las encuestas.

Con este método los partidos presentan a la ciudadanía opciones al dedazo -o sea, la decisión desde las cúpulas políticas- para definir quién es la persona adecuada para que compita en las urnas por el poder en el país. Sin embargo no está exenta de cuestionamientos.

Manipulación de los resultados, corruptelas, procesos incompletos y una enorme opacidad es parte de lo que logramos percibir en los procesos internos del partido en Palacio Nacional y de sus opositores. 

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En Morena, los señalamientos de inequidad que expuso el ex canciller Marcelo Ebrard -quien había sido un incondicional del presidente López Obrador- pueden llevar hasta una ruptura dentro del partido, cuyo proceso dio como ganadora a la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en medio de muchas dudas.

Del otro lado, el frente opositor conformado por PAN, PRI y PRD realizó una intentona de metodología democrática basada en encuestas telefónicas y domiciliarias que no pudo concluir en la consulta ciudadana que se iba a realizar el 3 de septiembre de 2023, pues a la mitad del proceso se decidió quién sería la candidata del bloque: la senadora Xóchitl Gálvez. Al final la consulta se canceló, como te contamos en esta nota.

De alguna manera, ambos procesos dejaron una especie de sinsabor en la opinión pública: de ambos bandos ya estaba casi “cantado” que Sheinbaum y Gálvez quedarían como candidatas a la Presidencia, aunque no hubiera iniciado el tiempo electoral oficialmente. Y los resultados no fueron distintos a lo que se proyectaba.

En la teoría, en la selección de candidaturas el método más incluyente es una elección primaria que esté abierta a la ciudadanía, seguida por elecciones primarias “cerradas a los militantes del partido y la convención de delegados”, de acuerdo con un artículo de Jesús Esteban Manteca Melgarejo, politólogo e internacionalista del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) publicado en el acervo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Actualmente en México los partidos políticos no están realizando una elección primaria para elegir sus candidaturas presidenciales, pero hay otras cuatro opciones que siguen vigentes en mayor o menor grado: encuesta representativa de toda la ciudadanía; encuesta representativa de los militantes; el dedazo; y, en el caso de Morena para las y los candidatos a diputados plurinominales: la insaculación, que es un sorteo a ciegas.

Las encuestas, una solución del PRD

Antes de que en 2012 el PRD decidiera que a través de tres encuestas se elegiría como candidato presidencial entre el ex jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, Marcelo Ebrard, y uno de los fundadores del partido, Andrés Manuel López Obrador, tanto el PAN como el PRI habían realizado elecciones internas para seleccionar sus candidaturas -cosa que no hizo el PRD más que en algunas elecciones estatales.

Ésto en un intento del PRI y del PAN para parecer más democráticos luego del incremento de la competencia electoral en 1988 y la fundación del PRD, en 1989. El PAN tuvo que abrir sus puertas a nuevos militantes después de las reformas de 1977, pues los empresarios que le apoyaban con dinero decidieron formar parte de las filas del partido.

Tratando de dejar de ser tan excluyente, el PAN comenzó su tránsito hacia un “partido de masas” permitiendo la participación de la militancia a través de convenciones de delegados. El primer candidato electo de esta manera fue Diego Fernández de Cevallos, quien venció con el 64.7% de los votos a Javier Livas y Adalberto Rosas en 1994. 

El PRI, que gobernó de 1929 hasta 2000, se caracterizó por seleccionar a su candidato presidencial dependiendo de la voluntad del Presidente en turno. Muchas veces era el mismo secretario de Gobernación quien, casi por de facto, sería el próximo presidente de México, como te contamos en esta nota.

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Esto le funcionó hasta 1994 cuando el ex presidente Ernesto Zedillo intentó iniciar un proceso democratizador a raiz del asesinato del candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio a quien Zedillo reemplazó en un acuerdo del partido.

Para legitimar el proceso interno del PRI en la selección de su candidato para las votaciones de 2000, se convocó a una elección primaria abierta a toda la ciudadanía, en los trescientos distritos uninominales del país.

“El PRI instaló 64,500 casillas a lo largo del país. Más de 258,000 representantes del partido y sus candidatos estuvieron presentes en los centros de votación”. Se registraron cuatro candidatos: Humberto Roque Villanueva, ex diputado federal; Manuel Bartlett Díaz, ex gobernador de Puebla; Roberto Madrazo Pintado, ex gobernador de Tabasco; y Francisco Labastida, ex secretario de Gobernación -quién ganó la interna-, explica en su artículo el politólogo Manteca Melgarejo.

Esa vez fue la primera en la que el Revolucionario Institucional perdió las elecciones presidenciales: ese año ganó el candidato del PAN, Vicente Fox Quezada.

El método intermedio para no perder el control

El politólogo y catedrático de la UNAM, Jorge Márquez, nos explicó que los procesos internos de los dos bloques que ya iniciaron la carrera hacia el 2024 parecen ser un método intermedio donde los partidos no pierden control y les da legitimidad.

“Fueron de extremo a extremo. Los partidos mexicanos no se caracterizaban por tener una vida interna democrática. La selección de candidatos era totalmente cupular y no tenía nada que ver con la militancia ni con la ciudadanía, el famoso dedazo (…) de ese método antidemocrático se quiso pasar a un método muy democrático en donde había una especie de elecciones primarias”, nos dijo Márquez.

El punto es que también las encuestas son tramposas. Y lo que estamos viendo es que en el caso del Frente Amplio el método funcionó mejor porque hubo más disciplina partidista, hubo un apoyo cupular mejor armado, estuvo mejor trabajado el reparto de candidaturas, incluso la forma en la que va a ser la campaña se ve que está mejor pactada que en Morena”, nos dijo el catedrático.

El experto consideró que el proceso interno de Morena fue complicado: cinco encuestas, diferentes encuestadoras, las controversias sobre la ponderación de las mismas como trató de explicar la senadora Citlali Hernández. En fin, un método muy complejo.

Del lado de la oposición también quedan muchas incongruencias. Guadalupe Costa Naranjo, coordinador del Frente Cívico Nacional, informó que 70,000 simpatizantes de Morena se metieron a la base de datos del Frente Amplio por México y otras 4,500,000 personas intentaron “reventar” la plataforma de internet para inscribir a simpatizantes, justificando la razón por la que se canceló la encuesta ciudadana de la alianza.

Sin embargo, Marco Antonio Baños, representante del Comité Organizador del Frente Amplio, aseguró que no recibieron amenazas de sabotaje, pero estaban preparados ante cualquier emergencia.

De cualquier manera, de haber habido 70,000 infiltrados en la plataforma del Frente Amplio no sería un número demasiado representativo en contraste con los casi 3,000,000 de personas registradas para participar en la consulta ciudadana que se pretendía hacer. 

“El punto aquí es que son métodos super barrocos -que nadie acaba entendiendo- para que en un momento de cierta duda puedan incluso suspender el proceso”, el tema ahora es la disciplina partidista o la falta de ella para saber a quién beneficia y a quién no beneficia este método adoptado por las dos fuerzas políticas, detalló el politólogo Jorge Márquez.

El gran riesgo que corremos con el método de las encuestas es que los procesos internos se puedan convertir en un eterno concurso de popularidad en el que los partidos van a construir muy buenos candidatos y candidatas, pero malos gobernantes que se pasen de puesto en puesto haciendo campaña para ganar la simpatía de la gente, concluyó el especialista.

Como ciudadanía no nos queda más que confiar en los procesos y asegurarnos de que no estemos enfrente de una simulación de democracia en la que no nos tomen en cuenta. Tenemos que estar más atentos a estos métodos. 

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