México alcanza el “escenario muy catastrófico” por COVID-19

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“Estamos ya en el llamado “escenario muy catastrófico” de la crisis por el coronavirus de López-Gatell, con 60 mil muertos. Sin embargo, el gobierno se niega a hacer una autocrítica, empeñado en su estrategia“.

Fue desde principios de junio que el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, nos habló de los distintos escenarios que el gobierno esperaba ante la pandemia de COVID-19. Hablo de seis mil muertos, 30 mil, o quizá, en lo que él mismo definió como un “escenario muy catastrófico”, de 60 mil.

Y pues hemos llegado a eso. Es fácil suponer que López-Gatell no creía que esto sucedería, ya que si lo hubiera previsto habría tomado medidas diferentes o, en todo caso, no le habría puesto un nombre tan dramático al escenario.

Hoy, se nos dice – otra vez – que estamos aplanando la curva, y los números oficiales parecen confirmarlo. Sin embargo, también estamos haciendo cada vez menos pruebas, lo cual conlleva, por supuesto, menos contagiados.

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Al principio de esta crisis, el subsecretario se convirtió en un héroe público. Articulado, didáctico y presente, nos mostró otra cara del gobierno: uno que informa con claridad sobre temas, en lugar de vivir en las ocurrencias de cada mañana.

Se volvió ritual en las familias mexicanas juntarse a ver la “Telenovela de las 7”, en la que el atractivo subsecretario informaba, explicaba y clarificaba un tema que nos incumbe a todos y que ha sido difícil de entender. Era el rockstar de la llamada Cuarta Transformación.

Pronto cambió. Conforme López-Gatell ganaba relevancia, sus informaciones empezaron a volverse erráticas, contradictorias y excesivamente orientadas a complacer a su jefe, el presidente.

Sin embargo, logró lo que pocos en esta administración: ganarse el respeto y admiración de López Obrador. Mientras que a otros secretarios los desmiente y minimiza en las conferencias de prensa, a López-Gatell le echa hasta porras.

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Y no solo eso: cada vez le da más poder. Apenas la semana pasada se le entregó control de la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios, la Cofepris, que será degradada a nivel de Dirección para reportarle a la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud.

Con esto, ya hay una docena de direcciones bajo el control del subsecretario, que desde hace rato es mucho más visible y poderoso que su jefe directo, el secretario de Salud.

Lo grave del asunto es que pareciera ser un premio al mal desempeño. Si en efecto ya estamos en el llamado escenario “muy catastrófico”, y eso sin contar todos los miles que han muerto sin diagnóstico, darle más poder a alguien que ha cambiado de opinión una decena de veces parece ser una mala idea.

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Ejemplos sobran: ¿recuerdan los Municipios de la Esperanza? Eran esos lugares privilegiados en que no había llegado la enfermedad y se podía vivir libremente. Pues pronto supimos que eran lugares en los que no se habían hecho pruebas, y hoy, en muchos, ya hay casos. 

La solución de López-Gatell fue no volver a hablar de ellos, como hizo también con el “pico de contagios”. Los llamados “semáforos” tampoco han resuelto ningún problema, y el gobierno federal optó más bien por culpar a los gobernadores y a la ciudadanía misma. 

El problema ahora es el federalismo y la obesidad, no la falta de planeación ni de medidas preventivas del gobierno que pudo haber tomado en su momento.

También, hoy sabemos que el Sistema Centinela estuvo mal diseñado siempre, y que realmente no nos da ninguna claridad de cuántos contagios hay. En esencia, estábamos en la oscuridad y el subsecretario nos ha llevado más al fondo.

Y es terrible, porque hemos deshumanizado a los muertos. 

Hablamos de cifras gigantes, de miles de cadáveres, y hemos dejado de pensar en estas personas como seres humanos. Como nos ha pasado con los homicidios desde hace muchos años, ya solo vemos números y no las tragedias humanas que hay detrás. 

López-Gatell y el presidente insisten en que estamos dando un ejemplo al mundo, pero nos negamos a ver los ejemplos de otros países. Incluso los descalificamos y nos declaramos incomparables, hasta que a López Obrador se le ocurre compararse con ese país que tanto detesta, España.

Vemos el ejemplo de un país como Japón, que siempre usó mascarillas, evitó el contacto social y, con una población similar a la nuestra, apenas tiene un millar de muertos. Y es importante decir, ellos tampoco recurrieron a una cuarentena militarizada.

Quizá sean culturalmente distintos a nosotros, pero definitivamente le vendría muy bien a este gobierno ver los métodos de otros países y considerarlos.

En lugar de eso, vivimos en un país donde la arrogancia gobierna. López-Gatell se burla de naciones que lo han hecho mejor; el presidente alega que nos imitan. Y mientras tanto, en la ceguera de nuestra administración, los muertos se siguen apilando.

Y cada día, parece importarles menos.

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